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lunes, 5 de mayo de 2025

Todo lo que no sabemos: la recuperación de la memoria y la turbulencia histórica

Todo lo que no sabemos (Hachette Literatura, 2024) es la quinta novela María de Alva, un texto con historias paralelas y una profunda revisión de la familia, la memoria, lo humano. En palabras de la propia novela: “Esta historia tiene balas y armas de fuego, policías y guerrilleros, un detective con un portafolios negro, jóvenes desaparecidos, algunas notas periodísticas, un venado cola blanca entre los matorrales, un avión secuestrado y muñecas sobre una repisa, un coche rojo robado, una ciudad que se muerde de calor o de frío, un cáncer que es metáfora pero también tiene muy verdadero”. (13)

 

La historia se desarrolla en Monterrey, México, entre la década de 1970 -época marcada por la violencia política y social- y la actualidad. Y se centra en el asesinato de Antonio Vélez, un ingeniero y padre de familia, ocurrido en 1974, y su impacto en su hija Cristina, quien, años después, enfrenta un diagnóstico de cáncer terminal. “Presintió que así sería ahora la vida. Una serie de imágenes cotidianas, alegres, aburridas, casuales, intercaladas con periodos en los que la alimaña se haría presente, algo se los recordaría y todo se pondría en tono gris de nuevo.” (21)

 

A partir de diversas voces narrativas, incluyendo la de Cristina, su madre Emilia, la narradora (quien es sobrina de Antonio) y el detective Samuel Rodríguez, encargado de investigar el asesinato, las historias paralelas se conjugan: (1) la narradora-testigo (2) Cristina, prima-hija enferma de cáncer (3) El asesinato del empresario Antonio.

 

Como en los otros textos de María de Alva, el trasfondo histórico cobra relevancia: cuando el hegemónico partido del poder haría cualquier cosa para mantenerse en él y cumplir la afamada paz social y la ilusión del progreso que siempre parece haber rondado a México. En medio de ello, las situaciones familiares que, de tan comunes, parecen pasar desapercibidos. “Tal vez la vida nuestra no es nada, se dijo Cristina. Millones y millones de años, la vida humana apenas una nada en medio, un punto en el mar del tiempo del universo, pero como quiera deseaba permanecer en ella.” (23)

 

Lo anterior enmarca la narrativa personal y la situación de la enfermedad, ese monstruo que es el cáncer y que merma la salud a medida que inspira grandes hazañas. “En las enfermedades de restas algo le falta al cuerpo: hay un agujero, un hueco, una sustracción; un vacío en el cuerpo que no logra completarse para estar entero de nuevo.” (39)

 

Aquí la Historia de México se combina con la historia familiar: sabemos el marco histórico, las muertes y los desparecidos, lo oficial y lo vergonzoso, el miedo y el terror, no sabemos el porqué de las acciones, de la enfermedad, del dolor. “Hay momentos que se quedan con nosotros siempre, aunque no haya fotografías. Se levanta frente a nosotros una imagen y la vemos una y otra vez. Es un retrato sin contornos, sin esquinas. No vemos lo que está más allá, qué pasó antes o qué sucedió después. Y así pase el tiempo, los años, queda intacto en un archivo de nuestra cabeza, que de tanto en tanto sacamos y le pulimos el vidrio para verlo de nuevo.” (34)

 

En la novela, abunda la narración en primera persona desde la visión de cada personaje: quien narra, quien padece, quien investiga. Los saltos temporales se entretejen, siendo el hilo conductor las preguntas y las vivencias diarias. “El amor es un lugar extraño, un espacio desconocido. No se puede explicar por qué se ama. Una camina a tientas en ese páramo. A veces se llega al puerto de quien espera, del que abre los brazos, hay un alivio en el ser amado, un descanso.” (45)

 

Con los intertextos se enriquece la narrativa: el informe de la investigación, las grabaciones que el protagonista hace, las noticias arrancadas de la realidad. La investigación del detective Rodríguez, aunque aparentemente desvinculada de la familia, se entrelaza con la trama principal, revelando conexiones inesperadas y profundizando en la complejidad de los hechos.

 

La enfermedad de Cristina sirve como un catalizador para revivir el pasado y confrontar los secretos familiares. La figura del padre asesinado se mantiene presente en la vida de los personajes, quienes buscan respuestas y significado en medio del sufrimiento. “La enfermedad muestra esa cárcel que uno carga a cuestas, esa tiranía material del anclaje a la carne que contiene el soplo de la vida.” (90) Y más adelante: “En medicina aprendí que las células del cuerpo se modifican, ya no tenemos las mismas con las que nacemos. Se nos fueron acaban las partículas de papá, cada átomo, cada huella.” (266)

 

El amor filial se enfrenta a los pequeños secretos familiares -dónde quedaron los discos o la guitarra del padre; quién pudo haber salvado o condenado a Antonio; la economía y la forzada migración-, el desconocimiento de los hechos a las investigaciones fallidas, el aliento por recuperar el pasado a una enfermedad que se oculta y que destruye. “Yo también aprendí a callar.” (208) dice con profunda voz la protagonista.

 

Mientras se narra, se reflexiona sobre el escribir… también se aborda la necesidad, el dolor y la esperanza de la mudanza, el cambio, la lucha de la clase media por subsistir. “En inglés, no había papá.” (267)

 

Como letimotivs, la novela explora: la enfermedad, la patria, el dolor, la ausencia. Y claro, la Historia, la política y sus adeudos con la sociedad. “Esas palabras susurradas a medias que una pesca al vuelo tras un escritorio, en el dintel de una puerta, por una ventana. Un diálogo vedado que pondría en movimiento toda una serie de pequeños disimulos que se han cuidado por mucho tiempo para que no salgan a la vista de todos.” (274-275)

 

Lo familiar trasciende para una provocación universal: el dolor ante una pérdida irreparable, tal vez sin sentido. “Soy una especie en extinción buscando huellas materiales de la familia que hemos sido en los archivos que nos quedaron en cajones y repisas. Una arqueóloga doméstica de nuestra vida.” (309) Y poco después: “Somos una civilización perdida. Hubo algo, alguien una vez. Una casa. Una familia. Una mañana de sol, mientras da vueltas un disco.” (309)

 

Los personajes son multidimensionales, y un ritmo intenso va entretejiendo la historia que nos rodea. “Veme, carajo. No me voy. Me tendrás que ver. Mírame, yo también existo, no me he muerto, no he desaparecido todavía... Esta es mi voz viva, desnuda. Aquí, delante de ti.” (313)

 

En Todo lo que no sabemos "Hay una memoria que se intuye, que se lleva dentro, que dicta lo que hay que hacer.” (210) La recuperación se convierte entonces en ese catalizador del dolor, los recuerdos que deben seguir vivos, las fotografías que parecen evitar que todo se desvanezca. “A veces me pregunto cuántas fotografías acaban por amansar el dolor, por contenerlo, dentro de ese falso manto de alegría a la que la ejecución de la misma foto nos obliga.” (88)

 

La novela, en otras palabras, invita a cuestionar las versiones oficiales de la historia y a reconocer las voces de las víctimas que han sido silenciadas por el tiempo y condenadas al olvido, mientras reflexionamos sobre la enfermedad y la solidaridad, el amor filial y la necesidad de construir un espacio seguro para la familia.

 

Un excelente texto para conocer esos fragmentos que la historia parece “olvidar”, y profundizar entre lo que nos hace humanos, que nos fortalece, que nos permite seguir adelante. Aunque no sepamos cómo, lo importante es seguir adelante.

lunes, 3 de abril de 2023

El exilio, la poesía, el desierto, la soledad, la historia: Un corazón extraviado

 

Estamos ante una novela que en lo personal disfruté y me motivó a seguir leyendo: una historia directa, honesta y llena de emotividades propias del corazón.

 

Con esto no me refiero a que estamos ante un bestseller de fácil lectura. Por el contrario, nos lleva a ejercer nuestro oficio de lectores, nos motiva a investigar, a preguntarnos ¿dónde está lo histórico? ¿dónde la ficción? ¿cómo estos personajes multidimensionales nos invitan a conocer más de política, de poesía, de compromiso, de solidaridad, de amor? Y en ello, como uno de sus personajes, buscar respuestas a la vuelta de la página.

 

En el ahora lejano 2010 escribí, durante mis estudios de la Maestría en Estudios Humanísticos, un texto que llamé “Voces del cabrito: a la búsqueda de una nueva novela”.

 

En aquel texto arranco diciendo que “Monterrey ha sido conocida nacionalmente como un foco de desarrollo industrial. El clima y las condiciones geográficas han hecho de esta tierra un reto para quienes aman el trabajo y el esfuerzo diario. En los últimos años, la tierra del cabrito y la carne asada ha sido sede de eventos culturales, como el Fórum de las Culturas 2007. Esta efervescencia invita a reflexionar: ¿qué producción literaria existe en el [Monterrey de las Montañas, tú que estás a par del río] citando al universal Alfonso Reyes? Definitivamente, se debe releer a este autor, pero es tiempo de olvidarnos de las antologías y las reediciones para adentrarnos en la nueva narrativa.”

 

Y creo que no estamos lejos de esa anécdota. Ahora tenemos la anunciada inversión de la industria automovilística en TESLA, las diversas tecnológicas en un área cercana al aeropuerto, edificios de oficinas y viviendas que florecen como girasoles en verano.

 

Retomando mi texto de hace una docena de años, hablo de autores conocidos como Ricardo Elizondo Elizondo, David Toscana, Hugo Valdés, Patricia Laurent, entre otros… y paralelo a esto, complemento: “hay un esfuerzo por el Fondo de Cultura Económica del Estado de Nuevo León o bien de editoriales independientes por hacer de este desierto un oasis literario.”

 

Continuo la cita: “Pero ¿qué va caracterizando a la literatura de esta región? Hay novelas, cuentos, ensayos, poesía e incluso teatro. Es decir, hay proliferación de autores, pero la difusión –o la mercadotécnica deberíamos señalar– no ha sido suficientemente efectiva para lograr el reconocimiento de los mismos. Menos hoy, donde el libro es un producto dirigido a un mercado determinado, y debe lograr el mejor desempeño de ventas y desplazarse a otras ediciones e inclusive vendiendo sus derechos para adaptación al cine y otros medios audiovisuales.”

 

A todo esto, casi no podemos creer que ha pasado un docena años de este momento… y es que en ese entonces María de Alva publicó “A través de la ventana” (https://literaturaexperienciaviva.blogspot.com/2010/12/voces-del-cabrito-la-busqueda-de-una.htm) que retrata una odisea familiar (de su ascendencia materna) y su contacto con la gran literatura que la lleva por un camino opuesto a la narrativa actual netamente comercial.

 

Su estilo, que me atrevo a decir queda marcado en esa novela, está inspirado en lo latinoamericano –polifonía narrativa, saltos temporales, estructura circular-dinámica –. Cierro la anécdota de mi texto indicando que “A través de la ventana” es realmente una ventana a una nueva voz narrativa en la tierra del cabrito: propone releer a los nuevos clásicos latinoamericanos, para catapultarlos con una inquietud narrativa, casi familiar, casi propia, y proponerlos a los lectores un esfuerzo, el involucramiento total entre narrador-texto-lector. En otras palabras, el libro es la casa y nosotros vemos a través de sus ventanas.

 

Siendo su cuarta novela,  “Un corazón extraviado” de María de Alva (Harper Collins, 2022) construye, como vasos comunicantes, la historia del poeta español Pedro Garfias quien vive en la España de la guerra civil y se exilia en México, mientras se presenta un hilo narrativo denominado “Corazones”, la historia de un personaje femenino con dextrocardia, afección en la cual el corazón está apuntando hacia el lado derecho del tórax, cuando normalmente apunta hacia el lado izquierdo. 

 

En medio de estas grandes narraciones leemos los segmentos denominados “Observaciones que a nadie le importan”, “Fantasmas” y “El mar”. Las primeras pueden pasar por divertidas, pero en realidad son un ejercicio narrativo donde se busca un diálogo con el lector para hacernos información, preguntas, inquietudes y reflexiones entre la historia y la ficción.

 

“Fantasmas” nos permite leer esa meticulosa investigación de la narradora hace para reconstruir la figura histórica de Pedro Garfias. Mientras que “El mar…” para qué les explico, mejor les comparto: “En las noches escucharás el mar acodado en la balaustrada. ¿Qué te dirá, Pedro? ¿Dónde te llevará? Un susurro se levantará desde las olas, respirarás su aire salado. (…) Acaso será el mar tuyo en ese viaje sin final que no reconocerás como propio. Un viaje sin retorno a Ítaca. No volverás más. Morirás en tierra extranjera.” (De Alva, 69)

 

“El mar” entonces es el acercamiento a una prosa lírica, que deja entrever esa carga poética que ha dado motor a la novela.

 

¿Qué temas encontramos en “un corazón extraviado”? El exilio, la búsqueda del ser, el amor, la poesía, la política. Incluso la pasión, el matrimonio, el compromiso, la solidaridad, los benefactores, los mecenas, incluso, la piedad y la pena.

 

Tomando el tema más obvio, el exilio, nos dice Phillipp Ollé-Laprune en la presentación del libro “Figuras del exilio”, que el exilio y la literatura “guardan una relación estrecha, como si el momento creativo en que el escritor debe aislarse del mundo para entrar en un paréntesis íntimo, resonara con la misma intensidad que las impresiones que habitan en el exiliado”.

 

El exilio es una fuente casi inagotable para la literatura. Contrarrestar el sentir del autor y la visión que puede representar su patria “perdida”, realizar una introspección en la creatividad para denunciar la situación política que obliga a sus propios ciudadanos a salir de sus fronteras, o bien reconstruir el pasado casi idílico de una nación, son variantes comunes a este tema. En la actualidad, se puede señalar, se consideran diversos exilios tales como el económico, el cultural y el político.

 

De esta manera, en la novela conocemos a Pedro Garfias y varios de los poetas de la Generación del 27: el apasionamiento y el activismo político llevó al asesinato de varias de sus figuras -como se reseña la más famosa, la de Federico García Lorca- y la salida por todos los medios posibles de autores que marcarán la historia literaria española.

 

Nos narra De Alva en uno de los segmentos de “Fantasmas”: “Eran jóvenes, no había guerra, el mundo les pertenecía. Después sino el derrumbe y todo se dispersó. Unos aquí, otros allá. Entonces fue el silencio, la nada, una existencia anodina.”(De Alva, 114-115)

 

Quiero citar ahora a Sergio Ramírez, quien escribió en el 2004 un texto denominado “El viejo arte de mentir”, como parte de la Cátedra Alfonso Reyes del Tecnológico de Monterrey. Ramírez dice: “La novela representa una larga travesía hacia un puerto impreciso.”

 

Así nuestro héroe -o tal vez antihéroe- nos presenta un viaje intercontinental, para perderse a sí mismo lejos de lo que ha llamado hogar. Mientras tanto conocemos sus defectos: el alcohol, la pobreza, la falta de personalidad, amores frustrados.

 

Ramírez dice en el texto: “Existe una tendencia contemporánea de agregar fotografías a las novelas (…) en los que no es posible distinguir entre el relato autobiográfico, la historia real, la información periodística y la ficción; y las imágenes, que nunca son gratuitas, pasan a ser parte del todo narrativo.”

 

“Un corazón extraviado” es un buen ejemplo de lo anterior. Calles, edificios, momentos clave, España o México, no importa, lo cierto es que una fotografía de la Generación del 27 podría ser igual de valiosa que el barco del exilio, la Librería Cosmos, o el Himno de la sexta división. Los invito a ver este testimonio fotográfico que nos llevará -citando a Ricardo Elizondo- a ver el polvo de aquellos lodos.

 

María fue periodista, y entre las líneas podemos notar su estilo. Ramírez menciona “El papel del novelista, que elige aquí narrar en primera persona, es similar al del periodista que acumula datos, fruto de la observación directa.” Y más adelante señala: “el escritor puede decidir la forma de un discurso imparcial, en el que no compromete su punto de vista, y nos ofrecerá toda la información disponible, certificando como verdadera aquella sobre la cual hay constancias suficientes, y desechando otras, porque están respaldadas muy débilmente.”

 

Los ingredientes de “El mar” y “Las observaciones que a nadie le importan” complementan estas narraciones, mientras “Fantasmas” -donde las figuras del pasado dan forma a esa investigación que permite reconstruir la figura de Pedro Garfias- nos brindan ese soporte de investigación que permite unir la narradora-personaje con el producto de su investigación. Y es que eso hacemos, leer no solo la investigación sino los informes médicos. Ambos aderezados con fotografías y dibujos.

 

Ramírez nos dice que “El escritor necesita ofrecer pruebas de lo que cuenta, para que le crean, y el más viejo de los recursos para lograrlo es demostrando que “estuvo allí”, donde ocurrieron los hechos.”

 

Así tenemos en “Un corazón extraviado” una narradora-personaje que busca al autor en las calles, los espacios, los rincones regiomontanos que proyecten la presencia del poeta español. Y qué mayor testigo que esa investigación que leemos, mientras conocer su corazón a la derecha y aferrarse a vivir.

 

Sin temor a equivocarme, María es “fan” de Mario Vargas Llosa. Por lo que veo en sus lecturas, por sus recursos literarios. En el ensayo “Literatura y política: las coordinadas de la escritura de Mario Vargas Llosa” de Raymond L. Williams (también en el marco de la Cátedra Alfonso Reyes del Tecnológico de Monterrey), éste último menciona “porque en la novela, la cantidad, el número es un ingrediente de la calidad. Y es así porque la novela es historia, es tiempo discurriendo”. Esto sucede en “Un corazón extraviado”, donde se reconstruye el surgimiento, el exilio y la opaca vida de Pedro Garfias, mientras conocemos esta historia de una narradora personaje que reconstruye su condición cardìaca mientras se enfrenta a una operación que podría significar todo en ella.

 

Williams comenta en otro fragmento “Ninguna novela podría contar todo lo que ocurre dentro de una historia; siempre hay saltos, intervalos que son eliminados en la narración por obvios, por innecesarios, o que son sustituidos para crear una expectativa, una ambigüedad respecto de aquello que se está contando; eso es tratamiento del tiempo o, mejor dicho, creación del tiempo”.

 

Esto busca hacer la novela. Recrearnos el tiempo de Pedro Garfias, el tiempo de la narradora-personaje (que me atrevo a decir no tiene nombre en el texto), y la atemporalidad del mar. Poco a poco va cerrando los ciclos: qué fue de la familia, de la esposa, de los amigos escritores, de los mecenas y, sobre todo, de los exiliados dispersos por Iberoamérica.

 

El poeta, a fin de cuentas, es el pretexto para narrar la historia entre España y México, no solo una humanización de la Generación del 27 -con sus anécdotas sobre fiestas, alcohol, amoríos- sino la vida entre Garfias y su esposa, siempre con una visión objetiva que provoca una posición del lector; aunque quien narra no lo proponga.

 

Nos enfrentamos entonces a la Historia con H mayúscula que es la España de la Guerra Civil e inicio del Franquismo, así como la recepción en México de millares de españoles que migraron a tierras aztecas. Mientras María de Alva nos presenta la historia, con minúscula los temas privados de los poetas de la generación del 27 y, claro, un enfoque en Pedro Garfias; mientras narra la historia personal de la condición cardiaca, algo tan íntimo como el primero amor o el sentir durante el embarazo. Es el juego de la historia pública y las historias privadas.

 

Escribe De Alva: “Mar, mar, ¿cómo fue que perdimos la patria? ¿Cómo es que perdimos las Españas? (…) En este camino de aguas no hay gloria. Será el camino de la pérdida. (…) Dicen que no hay sacrifico posible, que no hay consuelo, que en el destierro solo se encuentran los que perdieron.” (De Alva, 69-70) El exilio no solo físico sino sentimental.

 

Luego de esta revisión más realista, quiero hablar lo incierto, de las reflexiones, de preguntas que podrían quedarse sin contestar.

 

La narradora-personaje quiere saber el por qué de su enfermedad, de sus reflexiones y las conjeturas que van surgiendo durante su investigación en el ático de la Librería Cosmos.

 

De Alva escribe en uno de los segmentos de “Fantasmas”: “De las posibilidades de la ausencia de Garfias en la foto del Homenaje a Góngora: 1. Asistió al evento pero no estuvo presente durante la sesión fotográfica por estar haciendo algún pendiente o quedarse dormido o porque estaba borracho. 2. Pedro Garfias estaba en el baño con una indisposición porque le cayó mal la comida. 3. Sí estaba en la sesión fotográfica, pero se hizo a un lado modestamente, o bien ayudó al fotógrafo a tomar la imagen (…)” (De Alva, 115) Este recurso de lo impreciso obliga a ese ejercicio lector: por qué lo deja abierto… mejor que sea concretada; pero no es la intensión.

 

Ramírez en su ensayo nos dice: “Hay tema y obsesiones particulares que asumen posiciones permanentes, aunque diversas, entro de los materiales que informan el corpus narrativo del escritor: recuerdos de la infancia y juventud, experiencias personales, visiones, convicciones, rechazos.” María de Alva así lo recuerda: las historias familiares, su participación en la narrativa, la búsqueda de una novela total. Su historia privada, para presenta la Historia.

 

En otro fragmento de “Fantasmas”, De Alva escribe: “Es posible que si en España han escuchado sobre Pedro Garfias haya sido gracias a Víctor Manuel. La anécdota es cómo este supo de Garfias y decidido musicalizar su poema Asturias se debe a una feliz coincidencia atada a todo eso que pasó durante el exilio entre españoles y mexicanos, porque cuando supo del poema aún se vivían en España los estertores finales del franquismo.” (De Alva, 151)

 

Más adelante, señala en uno de los fragmentos de “Observaciones que a nadie le importan” lo siguiente: “El diario Sur de Málaga publica en 2001 un artículo titulado: “Pedro Garfias: un olvidado de la generación del 27”. En 2017 El País publica otro más que dice en la cabeza: “Garfias, un olvidado del 27.” El ABC de Sevilla en 2017 titula otro texto: “una exposición recuerda a Pedro Garfias, ‘el poeta olvidado de la generación del 27´”. ¿Si se repite el olvido se acaba por recordar?”. (De Alva, 259)

 

Lo que parece concreto queda abierto, y eso es otro ejercicio que como lectores debemos hacer.

 

Una tercera aproximación a la novela es a través de los recursos literarios: vasos comunicantes, lenguaje. En el citado texto sobre Mario Vargas Llosa, el autor peruano define: “¿Qué son los vasos comunicantes? Una técnica que consiste en narrar creando una unidad con episodios que ocurren en tiempo o espacios diferentes, pero que tienen algún tipo de denominador común que no hace írrita o incompatible esta fusión.”

 

Pedro Garfias y la narradora-personaje se fusionan con el corazón. Uno es como un vaso roto, tiene el corazón roto, exiliado; el otro vaso, la narradora con una condición especial de salud. Estas son las dos grandes ideas que dialogan a lo largo de la novela.

 

Y esta condición, es un ejemplo pleno de narración hacia lo personal. De Alva escribe en un fragmento de “Corazones” una especie de leitmotiv: “Durante mi embarazo tuve temor de que mi hija naciera con dextrocardia. Le pedí al doctor poner atención a eso, que por favor me dijera. (…) No necesité más. Me llevé a casa la imagen del corazón perfecto de mi bebé. Tendría una hija con un corazón normal.” (De Alva, 223)

 

Mario Vargas Llosa: “Un novelista tiene una solidaridad íntima con los personajes que ha creado, a los que ha fabricado poco a poco, pieza por pieza.”. Este texto recrea, a mi parecer, esta solidaridad. ¿Qué tanto acercamiento hay hacia un personaje escurridizo de la historia? Intrínsecamente vinculado a una sociedad, a un territorio, que lo deja en el olvido y luego lo rescata.

 

Y no solo la solidaridad, sino esa especie de leitmotiv que presenta De Alva en “Corazones”: “Lo que transcurre durante el embarazo en una mujer es de una soledad absoluta; no se puede compartir. Cambia, crece, se expande, a veces duele o cansa. El asilamiento permanece.” (De Alva, 223)

 

Por otra parte, Williams en su texto sobre Vargas Llosa dice “Sólo la buena literatura enseña a dominar el lenguaje”. Y qué mejor que los segmentos de “El mar” para una prosa poética donde se demuestra el dominio de éste.

 

Cito dos ejemplos:

1- “La pérdida es como una baraja de naipes en forma de torre que cae de pronto. Pero la verdadera pérdida, la que cuenta, la que te deja indefenso al borde del abismo, se parece a esas cuerdas de henequén de las haciendas del sureste de México: poco a poco van perdiendo sus hilos en el desgaste diario.” (De Alva, 11)

 

2. “Este mar sin final es solo huida. Lágrimas saladas sobre este océano que nos persigue. Vivir, sobrevivir.” (De Alva, 69)

 

Quiero cerrar con dos últimas ideas.

 

Retomando a Mario Vargas Llosa, en el citado ensayo dice: “Una novela total es una aspiración más que una realidad, porque nadie podrá jamás escribir una novela que totalice la experiencia humana. Pero las que más se acercan a ese ideal imposible de la totalidad son las grandes novelas.”

 

La recreación histórica, las evidencias médicas, las fotografías, las canciones -cómo olvidar Asturias, si yo pudiera…” todo esto se conjuga para que “Un corazón extraviado” busque ser una novela total. Por ello, leerla es un reto, no solo porque nos obliga a conocer esa Historia (con H mayúscula) para entender las múltiples historias privadas (así con minúscula) mientras vamos del exilio a la búsqueda, del compromiso a la supervivencia, de la reflexión a la lección.

 

Y otra idea, que estamos ante una autora que, si bien busca una literatura que nos obliga a ser buenos lectores, con una visión de lo humano que quedará plasmada en la esta cita del fragmento “Corazones”: “Escribo porque quiero dejar de tener miedo del latido de mi corazón, navegando solitario en ese mar del cuerpo, perdido a la derecha del pecho. Escribo porque reconozco la sensación del extravío, ese ahogo entre la noche que no te deja dormir mientras escuchas un tren pasar. Escribo por la ansiedad de sabernos solos.” (De Alva, 224)

 

Pero no estamos solos, somos muchos lectores -y los que faltan- que ayudarán a encontrar este corazón extraviado.

 

Pd. Mientras se lee, María de Alva nos invita a escuchar el playlist en Spotify (https://open.spotify.com/playlist/6rztFhXIuPZmyFa6qKVcEy?si=cv3TMi7ZRrClyJIVC3_6QQ&pi=qtkHZ5j4TK2gy)

domingo, 10 de julio de 2016

Lo que guarda el río: Monterrey parece una ciudad de papel



Cuando leí a Gonzalo Celorio en su ensayo México, Ciudad de papel, me gustó la metáfora de que esta megalópolis ha cobrado vida propia y se ha convertido en una persona, a veces, de ficción.
María de Alva, en cierta manera, retoma esta metáfora, ahora en Monterrey, donde la ciudad cobra una dimensión propia y se convierte en una persona de Lo que guarda el río (2016) 

3 líneas narrativas simultáneas y una voz narrativa que camina las iglesias tradicionales de Monterrey van hilando los vasos comunicantes, las clases sociales y las historias de los personajes. 

Monterrey geográficamente está dividida por un río, y a la vez por clases sociales. El norte, el centro, el sur, cada uno tiene su propia vida, también su propia visión de la ciudad. Y a un lado, los municipios aledaños también le dan una vida diferente. 

El chico de preparatoria privada se enfrenta las cuestiones de adolescentes, de escuela, de la aceptación social, de la vida familiar, de su propio pensar diarios... 

El albañil que migra de una zona rural para un mejor futuro, casado, con niños, que busca un mejor trabajo y hacer lo correcto para su familia...

La reporte que busca la mejor nota posible, con el balance familiar que una mujer trabajadora debe tener, y a la vez respetar la ética profesional...

Y una serie de voces que frente al altar buscan la redención, la tranquilidad, la fuerza, la visión espiritual y, por supuesto, a los perdidos. 

En ese río que divide la ciudad convergerán los tiempos de las 3 historias, envueltos en la casualidad de un momento, de una mirada, de una breve plática, tan ínfimos como los segundos que toman nuestras decisiones. 

Monterrey va cobrando vida: hay algo oculto en el carro, en la calle, en la casa, en el río... 

Comiendo tacos, disfrutando las postales que nos regala el Cerro de la Silla, las actividades diarias de la escuela o del trabajo, todo es un elemento en esta ciudad de papel, que va tejiendo las casualidades de la vida y un contexto social que marcó época: la tradicional laboral y la modernidad violenta, insegura, llena de sorpresas... 

Esta tercera novela de María de Alva nos regala unos personajes claros, multidimensionales, comunes que se enfrentan a situaciones extremas, diálogos precisos, y en especial, conviviendo en una ciudad que pasa del asfalto al papel. 

Una amplia recomendación para conocer una forma de mirar nuestra realidad y esta ciudad que oculta más de un secreto...