Me declaré hace algunos años fan de Haruki Murakami. Lo conocí con el afamado Tokio Blues y he seguido con algunos de sus libros, cuentos y el ejercicio documental sobre los ataques con gas en el metro de Tokio en Underground. Claro, me falta mucho por leer, pero hice espacio para leer el ensayo… o libro de recuerdos (memorias como clasifican los norteamericanos)… What I talk when I talk about running (Vintage Books, 2009)
Aquí correr no es solo ejercicio, es un acto de búsqueda a uno mismo, a darle sentido al tiempo y, claro, a la escritura. A fin de cuentas, estamos ante un escritor consciente que debe ir más allá de su escritorio (aquí vale la redundancia)Dividido en fechas a manera de diario, Murakami nos traza un entrenamiento para un afamado maratón, mientras cuenta por qué comenzó a correr, cuánto tiempo le llevó ir de correr 30 minutos a correr al menos 1 maratón al año, e incluso la prueba casi sobrehumana del ultramaratón en Japón. Posteriormente, nos cuenta su aproximación al triatlón a una forma diferente de hacer ejercicio, donde incluso tiene que aprender nuevamente a respirar para tener un control personal y, claro, de rendimiento deportivo.
El texto presenta ese estilo lento, reflexivo, evocativo en algunas partes, que caracteriza al escritor japonés. Ahonda poco en sus otras obras, limitándose a indicarlas en algunos momentos de su crecimiento como deportista y las circunstancias que llevan a su publicación, esto especialmente con sus primeros textos, cuando descubre con asombro que tiene algo que decir y, en especial, hay personas a la expectativa de su siguiente libro.
Específicamente, el diario arranca contando cómo el narrador -para no decir el propio Murakami- decidió dejar atrás su vida bulliciosa (cuando era dueño de un bar de jazz, que inspirará sus novelas iniciales y otro importante libro de recuerdos) para dedicarse por completo a la escritura, y cómo el hecho de entrenar para correr surgió como una práctica para mantenerse físicamente activo y mentalmente claro.
Los paralelismos entre hacer ejercicio y escribir se hacen evidentes: ambos requieren entrenamiento, disciplina, incluso dolores físicos como mentales. Todo se convierte en una prueba por superar, en una forma de exigirse a sí mismo.
De esta forma, Murakami no solo habla del running como ejercicio físico, sino como metáfora de la escritura y de la vida: sostiene que correr día tras día le ha enseñado perseverancia, asumir el sufrimiento, mantener un ritmo propio, adaptarse al envejecimiento, y entender que muchas batallas importantes —con uno mismo— se ganan paso a paso, no por saltos espectaculares.
A fin de cuentas, estos tipos de ejercicios son solitarios, como el propio proceso de escritura. Implicando enfrentar fracasos y éxitos, altibajos y retos diarios. Pero a la vez, alimentando la creatividad, la contemplación y la búsqueda de sí mismo a cada kilómetro, a cada página.
Un texto breve (esta versión tiene 180 hojas, incluyendo prólogo y una singular fotografía del autor en un espacio olímpico) que encierra una profunda reflexión, muy propia del escritor japonés y que vale le pena aproximarse. Tanto si nos gusta el acto de correr o hacer deporte, como el acto de escribir. Ambos humanos, ambos necesarios.

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