Silvia Molina es una escritora mexicana que ha viajado por
la novela, el cuento, el ensayo, el teatro, el relato, y mucho más. Con una textura
relacionada con la mujer, sus novelas se abocan a una aproximación sobre ellas
o sobre el papel que tienen en las familias.
En este espacio hemos comentado la pieza teatral Circuito
cerrado (Una mirada familiar en circuito cerrado http://literaturaexperienciaviva.blogspot.mx/2012/03/una-mirada-familiar-en-circuito-cerrado.html)
En cada historia, Silvia Molina nos invita a adentrarnos en
ese mundo que, por el contexto social, la historia, el pasado y la costumbre,
encierra a la mujer de una o varias épocas.
En la novela En silencio, la lluvia (Alfaguara, 2008) la protagonista
vivirá en forma vicaria y de su relación con una mujer del presente y otra del
pasado. Nacida en la clase media, busca estudiar literatura y arte, a lo cual
sus padres se oponen, y más cuando decide ir a vivir con su pareja. Aquí comienza
el choque de mundos: entre la libertad de vivir una vida plena y estudiar lo
que gusta, y el respetar las normas sociales dictadas por el contexto.
Romper con él se convertirá en el detonante: buscar una beca
para estudiar la influencia de los artistas flamencos en el arte novohispano. Eso
lo lleva lejos de su familia y de su hombre –con toda la carga emocional que va
desglosando la novela- y la enfrenta a la Bélgica de los pintores y de las
beguinas, mujeres que entre el Renacimiento y el siglo XVII buscan evadir los
matrimonios obligados o la viudez solitaria para vivir en comunidades, sin ser
monjas ni vivir en pobreza y obediencia.
Al vivir en una de esas comunidades adaptadas a la
modernidad, encuentra a Chatharina de Lovaina. Una de estas beguinas que a
través de cartas habla de su amor frustrado, de la ilusión de estar en paz con
Dios, de los conflictos familiares, de su vivencia diaria.
De entrada las 2 historias van a resultar vasos comunicantes
de emociones, sentimientos, y la revisión de los contextos sociales y
culturales que se van formulando en uno u otro lado del océano.
Completa el trío de historias –y de intertextos- Irene y su
pareja, quienes hacen un inventario a la manera de un departamento de vivienda,
para realizar un balance de su vida y qué tanto conocen del otro, con
sorpresivas revelaciones.
Los intertextos de las cartas de Catharina y el inventario
de Irene, se vinculan a la tesis, a las explicaciones de un buen inventario, y
a las profundas reflexiones sobre qué significa ser mujer, amar, enfrentar a
los miedos, vivir o no con pareja, que realiza Mónica.
Divido en tres partes, capítulos cortos que algunas veces
asemejan a viñetas –como notas de un inventario- se presentan en tres partes y
un intermedio, que a un ritmo lento y un lenguaje estudiado y preciso, los
personajes bien delimitados van entretejiendo la vida entre México, América Latina,
Bélgica, Europa y más.
Los choques culturales se complementan con profundas
reflexiones en primera persona y enriquecidos diálogos.
La historia invita a un inventario propio, a ver la vida
desde diferentes perspectivas y, en sí, a mirar la lluvia en silencio.
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