Mostrando entradas con la etiqueta literatura francesa. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta literatura francesa. Mostrar todas las entradas

viernes, 4 de marzo de 2016

La ocupación y la visión de los que se quedaron



La segunda guerra mundial ha sido un hecho histórico que marcó a una generación completa, le dio a Europa la oportunidad de renacer de las ruinas, y a quienes lo vivieron, la oportunidad de reflexionar sobre su propia existencia.

Para unos, fue la derrota de un Eje, para otros, la invasión de tu territorio, para los más, el enfrentarse a las carencias, a la deshumanización, a la incertidumbre de la vida misma.

Uno de los países donde más huella dejó la guerra, tanto por la invasión como el contexto social y religioso que implicó que Francia. Particularmente París, cuna de un gran número de judíos y miembros de otros grupos sociales, se vio tapizada de banderas rojas con la cruz esvástica y una forma de vivir que transformó sus callejones.


Patrick Modiano –francés que ganó el Nobel de Literatura en 2014- retoma este hecho histórico para convertirlo en una rica ficción que ha nutrido diversas obras, encabezando la denominada Triología de la ocupación (2012) (que incluye las novelas cortas El lugar de la estrella, La ronda nocturna y Los paseos de circunvalación)

Estas 3 novelas –las primeras del autor- fueron publicadas originalmente en 1968, 1969 y 1972 respectivamente, y ahora forman parte de un tríptico que representa principalmente la vida judía durante la ocupación: un joven que oculta su apellido para sobrevivir, un grupo de jóvenes que se divierte a pesar de las circunstancias, y otro joven que acompañado de su padre aprovechan la situación para vender “valiosos objetos” para coleccionistas. 

En la trilogía domina el narrador-personaje, protagonizadas por jóvenes judíos que abierta o secretamente indican su procedencia, y que conocen el rechazo social, el hambre, los rincones de la ciudad y poco a poco, la forma de sobrevivir: desde la trata de blancas hasta la venta de objetos de cuestionable antigüedad. 

El ritmo de los textos es lento, con abundancia de diálogos y múltiples referencias literarias y culturales de la época, que le van dando un contexto rico al conocimiento de una ciudad y de un país que ve su propia historia en conflicto. 

Los textos se van convirtiendo en una forma de aproximarse a la juventud y con ello, ver un continente que se enfrenta a grandes cambios, a decisiones duras y, en especial, a enfrentar con cierta vitalidad y humor la desgracia que ante el hambre y la pérdida de la seguridad provocan denunciar al otro, explorar al inocente, burlarse del que pretende y desconoce. 

Una lectura en momentos densa, en otros divertidos, lo cierto es que Modiano presenta un ritmo diferente, la aproximación a un pasado que se niega a morir, y que en cada momento nos permite aprender de nuevo. 

Recomendada para iniciarse en este Nobel de Literatura y aprender un poco más sobre esta época histórica.

lunes, 29 de febrero de 2016

Una aproximación diferente a la depresión: La gente feliz lee y toma café.



El título de la novela de Agnès Martin-Lugand me atrapó desde que vi el libro. Coincido: leer y tomar café te hace feliz. La gente feliz lee y toma café (2014) es un texto de una novel escritora francesa, que cansada de ir con las editoriales se autopublica en un portal electrónico y se convierte en un éxito de ventas. Esto lleva a que las editoriales “establecidas” finalmente se decidan a publicarla. Y el éxito fue mayor. 

La novela es un texto sencillo, con pocos pero personajes significativos. Su anécdota es aparentemente sencilla: una mujer de mediana edad pierde a su pareja e hija en un accidente, y esto lleva a que Diane se enfrente a una profunda depresión. Su mejor amigo, y ahora administrador del café que da nombre a la novela, trata de despabilarla y le propone abandonar París y salir a la vida.
 Diane un día, sin mayor reflexión, decide irse a Irlanda. Y ahí comienza la aventura.

Lo interesante del texto es cómo la protagonista se enfrenta el duelo, a la negación y, finalmente, a la decisión de enfrentar sus medios.

Los diálogos abundan, las reflexiones sobre aquello que nos hace felices o que le damos la debida importancia, se presentan en una forma común. No hay técnicas narrativas experimentales ni de difícil comprensión, lo que sí hay es una historia humana, que se deja leer en un par de días.

Tal vez cae en algunos clichés como el antagonista masculino y una vecina animosa, e incluso algunas situaciones poco verosímiles, pero dentro de la ficción son válidas para invitarnos realmente a pensar: la depresión está en cualquier y bajo diferentes circunstancias, también afectando en forma diferente a quienes la padecen.

Un texto interesante que ya tiene “secuela”…

Mientras tanto, a leer y a tomar café, que nos puede hacer muy feliz.

domingo, 8 de agosto de 2010

El hambre en todos sus sentidos

Tradicionalmente las novelas sobre guerra plantean las carencias materiales y los límites inhumanos que se viven entre balas y detonaciones. Por otra parte, las de música plantean las grandes pasiones que suelen despertarse cuando se armonizan las notas. Ahora Le Clézio reúne estos dos tópicos para dar un nuevo giro a la guerra y a la música.

En La música del hambre (2009) el autor Jean-Marie Gustave Le Clézio presenta el París de la década de 1930 hasta el fin de la Segunda Guerra Mundial. Entre sus jardínes y calles, los personajes de la novela ven cómo poco a poco su mundo se metamorfea hasta desparecer. Esta analogía se vive en el proyecto de la Casa de Malva, una estructura soñada por un viejo burgués, que da paso a un edificio de departamentos, para después desvanecerse como lo hace la sociedad parisina ante la ocupación nazi.

El texto se centra en la familia Brun, donde los padres Alenxandre y Justine, con el viejo tío-abuelo Samuel viven acomodadamente después de migrar de Mauricio, antigua colonia francesa de África Oriental. Entre ellos el vínculo es Ethel, una niña que vivirá rodeada de lujos, tertulias de nobles que discuten de todos los temas populares y la esperanza de encontrar una amiga.

Mientras escucha sobre inversiones, fantásticos tesoros, fiestas vespertinas y planes irrealizables, Ethel conocerá a otra exiliada: Xenia. Ella salió de Rusia ante la entrada de los Rojos, y su vida cambió por completo, pasó de vivir de banquetes y paseos por los jardines del Zar, a coser ropa ajena y tener solo lo necesario para vivir.

Como un predecesor de sus desgracias, la amistad con Xenia le hará descubrir el verdadero valor de la amistad y del amor, para después desparecerse entre las calles de París, tal como la fortuna de su padre y la herencia del viejo Samuel. Éste es el preludio de lo que sucederá en La ciudad luz y en el resto de Europa.

Durante el texto, además de los rincones urbamos de la capital francesa, exploramos las playas y las relaciones con Inglaterra, para después ver el despertar de una niña a una verdadera mujer de negocios dispuesta a recuperar lo poco que su familia podrá llevar a su propio exhilio a Niza.

Pero, he y aquí la diferencia con otras novelas, la guerra se vuelve como un telón de fondo en tonos oscuros: no se viven los bombamos ingleses o alemanes, tampoco escuchamos la ráfaga de la metralla, pero siempre está presente: en los salones del té de París, en las carreteras, incluso en la vieja playa de la primera pasión, en la ausencia de mercancia en los mercados, en la miseria que rodea a la gente que ha decidido no pactar con el invasor o desconoce cómo trabajar en un mundo cambiante.

En todo el texto, también, la música forma parte de una especie de letimotiv que proyecta la alegría, la tristeza, la miseria, o la esperanza de quienes ejecutan una pieza. Ya sea con una orquesta o con un piano con teclas de marfil, los instrumentos reflejan a su manera cómo la vida se modifica y cómo aquello que brinda satisfacción puede a la vez proyectar frustación.

Así, Ethel va conociendo lo mejor del ser humano, y la presencia del hambre que atacará físicamente a su cuerpo, y mentalmente a ella y a toda su familia. Tendrá hambre de la tranquilidad de su viejo París, de su amante, de su amiga Xenia, y también de un pedazo de pan o de una fruta fresca. Todo se ha desvenido, material y espiritualmente todo se ha vaciado, como su casa, muda testiga de los errores de su padre. ¿Queda esperanza? Ante la destrucción y la desesperanza, sí.