sábado, 15 de noviembre de 2025

Todos los fines del mundo: vasos comunicantes de personas y realidades

Toda novela nos engaña. Nos manipula para dar por sentada una historia. Nosotros participamos en ese juego y aceptamos todos los futuros, las posibilidades, los escenarios.

Andrea Chapela construye una ficción en Todos los fines del mundo (Random House, 2025) que nos manipula, nos hace creer en este mundo postapocalíptico y, de pronto, da un giro de 180 grados. Hemos caído en ese juego de lo incierto, de los vasos comunicantes que entrelazan los personajes y las realidades. 

Dividida en tres partes, las dos primeras son una novela contenida en sí misma, una especie de intertexto que cae en nuestras manos y nos adentra en ese mundo que no está lejos de la realidad. El juego de real y lo ficticio, muy a la usanza de Don Quijote, nos indica que lo cierto es en realidad incierto, para abrir paso a la tercera y reveladora parte.

El amor se convierte en uno de los leitmotivs del texto: “Así como en el inglés, donde el verbo to love tiene que contener todos los matices entre te quiero y te amo, así podía haber existido en algún tiempo, en algún lugar del mundo, un idioma en el que el amor y la amistad fueran el mismo concepto. Donde no hubiera que buscarle límites al cariño.” (41)

Los límites, precisamente, se convierten en el juego de un triángulo amoroso, en realidad el ejercicio de una amistad que trasciende fronteras, pero que a la vez parece desvanecer las líneas entre lo real y lo deseado (por no decir fantástico) De esta forma jugará a la ficción dentro de la ficción.

La misma narradora participa de una u otra forma en el juego, cuando su reflexión dice “El triángulo se había deformado siguiendo la trayectoria de ese viaje a la playa: las aristas se alejaron y ellos dejaron de ser esquinar para verse, en la lejanía, como el mismo punto.” (47)

Y es el que amor está ahí presente, y es donde la novela se consume así misma. Los personajes parecen evolucionar entre las partes, aunque es la narradora-protagonista quien realmente lograr trasladarse de un sentir a otro, llena de dudas, de incógnitas, de indecisiones. “Eres alguien y después del amor eres alguien más.” (222)

Todos los fines del mundo se centra en Angélica, una joven que vive en un mundo afectado por catástrofes climáticas extremas: estaciones severas, días de encierro, impactos del cambio climático que se sienten ya imposibles de ignorar. Ella nos quiere contar la historia, pero en su juego reconoce “A veces quiero contártelo todo, me dijo, pero nunca sé dónde empezar.” (175) y más adelante declara “Nunca hay que confiar en la narradora.” (216)

Originaria de México, con un intercambio en puerta y una oportunidad para estudiar teatro en Madrid, Angélica, la protagonista conoce y convive con Manu y Susana, vecinos/amigos/amores posibles, con quienes experimenta momentos de calma y normalidad: ver películas, estar juntos en el parque, compartir el bar de Susana.

Esa convivencia plantea para ella una pregunta cada vez más urgente: ¿con quién pasaría el fin del mundo? Y de pronto, debe regresar a su país y enfrentar a su familia y al mundo que sobreviene. Se enfrenta entonces a sus relaciones, así en plural, donde no tiene cabida una sola imagen o un solo amor, sin embargo “hay relaciones que no tienen nombre, algunas no lo necesitan y otras solo sobreviven si son nombradas.” (263)

De las mencionadas tres partes, la primera transcurre en Madrid, donde Angélica explora esos vínculos ambiguos entre amistad y amor, en medio de la creciente crisis; la segunda parte la lleva de regreso a México, donde enfrenta su pasado, sus deudas emocionales, los lazos que dejó atrás, y las transformaciones que su país y su entorno también han sufrido. Mas “… no es el pasado el que nos va a enloquecer, es la falta de futuro, es este aislamiento.” (184)

Esta dura reflexión nos lleva a los años de la pandemia, y en otras circunstancias a la soledad que nos rodea ante otros.

La parte final es una reflexión sobre la reconstrucción de relaciones, la pertenencia, y la reafirmación de la esperanza: a pesar del colapso, la novela sugiere que aún es posible encontrar sentido, afecto y comunidad.

Y reconoce que, en ello, el amor es pieza clave. “El amor juega un papel fundamental en la sociedad. Se ha vuelto la piedra angular de los sentimientos, la emoción determinante para formar una pareja, el más importante de los vínculos a que podemos aspirar, pero me gusta pensar que la peculiaridad del amor reside en la creación de una experiencia común.” (84)

La narrativa se desarrolla entre lo ambigüedad y lo humano, pone en cuestión las fronteras entre amor y amistad, entre lo que hemos dejado atrás y lo que esperamos, entre lo que se termina y lo que puede renacer.

Esta novela impacta en sus dos primeras partes, para adoptar un ritmo lento pero lleno de reflexiones. Personajes que se trazan y permite una evolución frente al juego de lo incierto. Interesante para conocer una visión narrativa contemporánea y enfrentarnos a esas preguntas que en el pasado o en el futuro seguirán invitando a ver los fines del mundo.

sábado, 1 de noviembre de 2025

La boda del poeta: la ficción, la migración, la venganza…

 

Antonio Skármeta saltó a la fama con una novela corta pero significativa: Ardiente paciencia, luego renombrada El cartero de Neruda. En ella, con un lenguaje ágil, personajes redondos y una temática “conocida”, retoma los últimos días de Pablo Neruda y el joven Mario Jiménez, quien funge como el cartero del autor en Isla Negra. Ahí nos regaló una historia fresca, un Chile rodeado de lo idílico y el trasfondo político asfixiante marcado desde sus inicios por la dictadura.

Después de la recepción de esta novela -lleva al cine con gran éxito- Skármeta ofrece La boda del poeta (Plaza Janés, 1999) que se sitúa en una pequeña isla ficticia del Adriático llamada Costas de Malicia, en los años previos a la Primera Guerra Mundial. Se repiten los elementos de nostalgia y de tensión política, y en un giro de hecho, vamos a un Chile que enfrenta lo paradisíaco con lo desértico.



En la novela, en esta isla situada entre Italia y los Balcanes, en posesión y abandono del Imperio Austrohúngaro. Allí vive una comunidad de emigrantes y locales, con tensiones políticas marcadas por la dominación austríaca y los deseos de insurrección. Lleno de pescadores y de tradicionales casi marginales, lo destacado se convierte en una campana físicamente imposible en la capilla, y un almacén donde se encuentra cualquier contrabando que el mar puede hacer llegar.

El argumento gira en torno a un triángulo amoroso que involucra a Jerónimo Frank, un banquero austríaco bohemio que ha dejado su vida anterior para instalarse en la isla y reabrir un gran almacén llamado El Europeo; Alia Emar, una joven virginal y bella con quien Jerónimo va a contraer matrimonio por conveniencia; y Esteban Coppeta, descendiente de un héroe mítico de la isla, quien está enamorado de Alia. Este héroe fue a las oficinas del Imperio Austrohúngaro para confirmar una nación independiente -siendo él su presidente temporal-, pero termina asesinado a traición, sin papeles que avalen la independencia.

Estos personajes aprovechan los estereotipos de la época, para hablar sobre el deber, la nación, el deseo, la familia, la nobleza y las clases sociales que todo imperio “busca” tener para diferenciar a los afortunados de los demás.

Como idea secundaria, la creación de las imágenes en movimiento, el cine, que arrancaría sustos y emociones, tanto por lo asombroso como la posibilidad de entretenerse sin límites y olvidar la realidad que les agobia: “Llenar la cabeza de la gente con imágenes que les sirvieran olvidar sus rudimentarias vidas. Todos sin excepción quieren olvidar algo, por eso contar historias en la pantalla resultaba tan lucrativo”. (138)

Con un estilo narrativo interesante, un lenguaje rico, diálogos precisos y los cambios narrativos de cada personaje, se centra la futura boda, que se espera ostentosa y provoca un punto de encuentro: leyendas antiguas, intrigas políticas, resentimientos locales y el pasado de emigrantes se mezclan, haciendo que el evento desencadene un acontecimiento que sobrepasa lo romántico para caer en lo político y lo trágico. La historia se acompaña de algunos poemas y la reflexión sobre el arte lírico: “… lo único que tengo es dolor y este cuaderno donde acumulo poesía hecha de nada, para la nada, palabras.” (296)

Entre la memoria y el deber, la pasión y la entrega, los personajes enfrentarán sus miedos y sus deberes, con una resolución que cambiará la historia, tanto para esta isla como para ellos mismos. “Una historia que no se escribe, no existe. Es una suma de recuerdos privados, ¿me entiende?” (160)

Con una migración obligatoria -claro, a esa enigmática región del mundo que es Chile en esa época- la novela nos permite conocer una época donde lo romántico convivía con lo patriótico -recordar incluso una de las vetas del romanticismo es el morir por la patria- y lo inhóspito se convertía en la vivencia de todo aquel que busca nuevos horizontes. “Es la hora de escapar de este horizonte y esta historia. Nada nos ata ahora. Respeten nuestra libertad.” (227)

Un texto contado en capítulos cortos, ritmo ágil y la habilidad narrativa del autor chileno.