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lunes, 28 de noviembre de 2022

La leche, la miel, el sol, las flores… el universo de Rupi Kaur

En sus dos primeros libros: milk and honey (Andrews McMeel, 2015) y the sun and her flowers (Andrews McMeel, 2017) la autora canadiense Rupi Kaur hace una creativa presentación del cuerpo y el sentir. 

El amor, el deseo, la vida, la naturaleza, la pasión, el cuerpo -especialmente el cuerpo- son leitmotivs de su escritura. 

 

Combinados con dibujos de su autoría, las líneas se convierten en otras palabras, fieles compañeras de las letras. Con el uso predominante de minúsculas y prácticamente sin signos de puntuación, los versos libres expresan libremente el sentir de Kaur. 

 

Y esta voz, a veces melosa, a veces crítica, tomará el cuerpo de la mujer como uno de sus personajes, el deseo, la pasión, la entrega, a la vez que representa el miedo, el temor, la pérdida, la inocencia… pero siempre una recuperación honesta, simple, natural. 

 

El respeto a la madre o al padre se convierten en otras temáticas, tales como la naturaleza, el sol, el cielo, la luna, las flores… 

 

Una poesía franca, de lenguaje simple y espacios comunes, una sinceridad como hace mucho no leíamos. 

 

La antología milk and honey se compone de 4 partes: the hurting, the loving, the breaking, the healing. En este viaje por el dolor, el amor y la sanación, la autora expresa sus primeros miedos: you were so afriad / of my voice / i decided to be / afraid of it too (17) y el papel predominante que, cultural o generacionalmente, ha visto repetida una y otra vez en la mujer: when my mother opens her mouth / to have a conversation at dinner / my father shoves the word hush /  between her lips and tells her to / never speak with her mouth full / this is how the women in my family / learned to live with their mouths closed (35)

 

En el mismo volumen expresa el amor y la búsqueda de esa confianza ciega, esa plenitud que se puede lograr con la pareja ideal: nothing is safer / than the sound of you / reading out loud to me (53) y el descubrimiento de uno mismo/a: i am learning / how to love him / by loving myself (55)

 

Destacan cortar, cargadas de imágenes: i am a museum full of art / but you had your eyes shut (100) y más adelante: i am water / soft enough / to offer life / tough enough / to drown it away (137)

 

La pérdida, una de las constantes en esta antología, es a la vez oportunidad: losing you / was the becoming / of myself (174)

 

Por su parte, the sun and her flowers de Kaur presenta 5 fragmentos relacionados con el ciclo de la vida: wilting, falling, rooting, rosing, blooming; una analogía sobre la fortaleza y el cuerpo propios. 

 

A diferencia de la primera antología, hay poemas largos enmarcados, que tocan temas diversos como los libros, las preguntas, el hogar, el crecimiento, entre otros.

 

Destaca la pérdida, el enfrentamiento, la valoración propia y, en consecuencia, el crecimiento: to heal / you have to / get to the roof / of the wound / and Kiss it all the way up (235) … we need more love / not from men / but from ourselves / and each other (228)… yes / it is possible / to hate and love someone / at the same time / i do it myself / every day (101)

 

También la entereza ante lo prefabricado, los estándares que la sociedad quiere imponer: their concept of beauty / is manufactured / i am not (225) y reconocer aquellas oportunidades que otras generaciones no tuvieron por esa misma razón: [my mother] when it came to choosing / she asked to be thankful / for the choices i had that / she never had the privilege of making (122)

 

En esta jornada de descubrimiento y evolución, Kaur establece cuál sería su legado: i stand / on the sacrifices / of a million women before me / thinking / what can i do / to make the mountain taller / so the women after me / can see farther (213)

 

Una interesante visión de la poesía contemporánea y el sentir femenino, sobre todo, la sensibilidad sin métricas ni rimas forzadas, solo la expresión sincera.

viernes, 16 de septiembre de 2022

La luna invisible me desviste: la poesía desde el alma

Lucía Monserrat Carrión González presenta una antología poética que se construye desde el alma para buscar la expresión de lo más profundo del ser. La luna invisible me desviste (2022, Editorial Font)

Divida en dos partes (Introspección y La luna invisible me desviste) presenta un lenguaje claro,
desprovisto de grandes figuras literarias o palabras rebuscadas, lo sencillo se convierte simplemente en la expresión de un sentir, un vivir transparente.

Un leitmotiv en esta antología es el proceso de escritura. Creación o liberación, es una expresión que busca sentido… “Si cada día escribiera un poema / que recorriera tu cabeza para caer en tu pecho… / ¿cuántas hojas entregarías a tu alma?” (Carrión, 17)

La palabra -como sustantivo o como sus partes, fonema, gramema- se convierten en otra presencia constante en los poemas: “Si tuviera que leerte, / este mundo interior donde paso horas, (…) que entra como un viento que resopla fonemas / y brotan estas palabras que navegan / entre agua y nubes a plena luz del día.” (Carrión, 20) Más adelante dice “No busco en las palabras un sueño, / uso la palabra para sanarme las heridas” (Carrión, 55)

La combinación de la palabra y las imágenes que crea se configuran entre las líneas: “(…) el rostro se tiñe de carmesí, / los ojos brillas, / los labios se humectan, / la piel rejuvenece, / para ti la luz / y la palabra encendida.” (Carrión, 72)

El fuego, el aire, la respiración, elementos que se van repitiendo para construir imágenes vivas de un sentir cotidiano: “como una mano extendida que no tiene rostro, / como una palabra anónima / que me abraza hasta quedarme dormida.” (Carrión, 25) De nuevo dice “(…) Paso mis dedos / entre imágenes ficticias, / voz sin eco, / poses y fisonomías. / Catálogo de utopías / que comparto hoy, para expresar mi vida.” (Carrión 36)

“Hay un momento en la noche, / donde te espero. / Te espero como si fuese una tarea titánica verte (…) El mundo se detiene, / en pocas palabras, / necesito sentirme.” (Carrión, 31) Otra cuestión interesante en la poesía de Carrión es esa delgada línea entre el otro y el propio, el renacimiento de una necesidad de amar o de abrazar, pero a la vez, de recuperarse a sí mismo, de saber el valor propio.

La mujer es otra imagen que aparece constante entre los versos. Como objeto, como deseo, como admiración, una visión única y admirable. “Mujer meditabunda, / terca de arrojo y sosiego, / abriguémonos en el silencio, / conscientes de la brevedad y lo eterno.” (Carrión 56) Más adelante “Algunas veces me encantaría enamorarme / y no darme cuenta, / será como una gran amiga / a la que cuentas tu historia” (Carrión, 77)

El espacio, el vacío, el arte, la presencia, la ausencia, otros temas que a un ritmo único se van hilando entre los versos. “Te amo hasta el infinito, / con un amor tan vasto / que deja un vacío / parecido al universo.” (Carrión, 80)

El juego de palabras se convierte en un juego de sentimientos: “Aparece con una coma, / luego con un punto y coma, / después con la indiferencia / y al final con la separación.” (Carrión, 75)

Y la escritura, como proceso liberador, se desvanece en las palabras: “Mi cuerpo se agita / al escribir algo que aún no veo / está grabado en la memoria (…)” (Carrión, 95)

El cuerpo, otro leitmotiv de la antología, se materializa en una parte, casi imperceptible del deseo. “Desee sentirte / y conocer la forma / en que tocan tus manos.” (Carrión, 83)

Una antología honesta que permite conocer la expresión del alma, la vivencia del amor, el deseo y el infinito. Conocer una autora contemporánea y ver cómo “La luna invisible me desviste, / me besa lento, / intenso, / como si quisiera abrazar mi alma, / un beso curativo… / pero el cuerpo no alcanza, / vibro, / me estremezco.” (Carrión, 82)

lunes, 25 de noviembre de 2019

Otra de poesía, Una antología personal de Piedad Bonnett



Y al toparme Feria del Libro Monterrey en el Fondo de Cultura Económica la versión de sus poemas en “Los privilegios del olvido: antología personal" (Tierra Firme, 2008), descubrí su vasta obra poética. El lenguaje lírico de su narrativa adquiere aquí una nueva dimensión en la poesía: los momentos cotidianos son ahora postales poéticas.

La antología recopila poemas destacados de 6 publicaciones anteriores: Tretas del débil (2004), Todos los amantes son guerreros (1998), Ese animal Triste (1996), El hilo de los días (1995), Nadie en casa (1994) y De círculo y cenizas (1989), así como el prólogo La poesía de Piedad Bonnett: Un lugar para lo genuino de José Watanabe.

Entre los más de 100 poemas aquí compilados, un número de ellos carece de título, pero no sentimientos. Pareciera que todo es un pretexto para la poesía: los cometas, los árboles, la naturaleza, los gatos, las palabras, el paisaje, la luna, la noche, el poema, las reliquias.

Desde las primeras hojas destaca el poema 3 (23)
“Comprobaste
con asombro dolido
que no era bella tu muñeca reciente.
La vida incompasiva no había puesto en mis ojos
el verde musgo que alumbraba los tuyos.
y sí una fea mancha carmesí
sobre el labio infantil. Pero, puesto que la belleza era tu credo,
ibas a batallar contra la injusta
naturaleza. (…)”

El duro arte de crecer y el asombro de quienes nos toca atestiguarlo.

El enfrentamiento, casi miedo al primer amor y, de nuevo, el crecimiento, domina en el poema 5 (25)
“Tenía miedo de tu miedo
y miedo de mi miedo. (…)
Yo pensaba que el mundo era cosa de hombres,
mientras mis senos
crecían en abierta rebeldía.”

La muerte es otro tema en su obra. En el poema 12, asombra la muerte de un niño, y precisamente una menor de edad pregunta “¿No era la muerte sólo de los viejos?” (28) Mas que dolor, produce asombro.

En el poema 18 (33), que aquí pongo íntegro, la muerte, las ausencias y lo cotidiano se hacen presentes:
“Desde la ventanilla del viejo bus
veo el mundo correr,

los árboles correr,
correr el viento,

el niño que dice adiós correr,
el postigo, la alambrada, el camino.

¿Son ellos
los que se van
son ellos los que huyen?

Mi hermana y yo llevábamos abrigos:
ella rojo y yo azul,

mi hermano duerme.

No lloren,
madre,
padre,

el llanto de un adulto es una piedra
en la espalda de un niño silencioso.”

Y el crecer, siempre despierta temor, recuperar o dejar ir la niñez:

21 (36)

“Allá abajo
la ciudad nueva, la inventada por ti,

Que ahora te retocas los labios,
te embelleces para ella.

Qué bonita
familia,

Como para un retrato.

Abran, niños, los ojos
y sonrían.”

Las personas dejan de ser entes para ser los viajeros, el hijo pródigo, los estudiantes, los forasteros, el vigilante, un hombre con miedo.

Destaca El hijo pródigo, que reinventa la fábula evangélica para decir:

“Ya no teníamos pasos, ni pies, sólo la furia
de tener que vivir y en la memoria
el rescoldo aún tibio de nuestros pobres miedos (…)

Decidí regresar
porque la muerte allí es más mía que esta muerte.” (44-45)

Quienes estudiantes – Los estudiantes (47)- también brotan de lo cotidiano para convertirse en poesía:

“Los saludables, los briosos estudiantes de espléndidas sonrisas
y mejillas felposas, los que encienden un sueño en otro sueño
y respiran su aire como recién nacidos,
los que buscan rincones para mejor amarse
y dulcemente eternos juegan ruleta rusa,
los estudiantes ávidos y locos y fervientes,
los de los tiernos cuellos listos frente a la espada,
las muchachas que exhiben sus muslos soleados
sus pechos, sus ombligos
perfectos e inocentes como oscuras corolas,
qué se hacen
mañana qué se hicieron
qué agujero
ayer se los tragó
bajo qué piel
callosa, triste, mustia
sobreviven.”

La muerte se presenta de nuevo en Regreso, To be or not to be y Oración (55)
“Para mis días pido,
Señor de los naufragios,
no agua para la sed, sino la sed,
no sueños
sino ganas de soñar.
Para las noches,
toda la oscuridad que sea necesaria
para ahogar mi propia oscuridad.”

Certeza nos regala un poderoso final, paradójicamente, sobre lo que es ésta:
“No tenerte
es esperar
confiada
que no llegues.” (61)

Nos pone a pensar en el deseo y el sexo con Los hombres tristes no bailan en pareja, Voyerismo, y Porque es sola la noche.

Y las cuestiones comunes también: las siestas, la certeza, el caleidoscopio, las señales, los espejos, las tareas domésticas, las noticias, las caricias. Eso queda plasmado en Rito, La venadita, [Por la ventana contemplo], Revelación (112):
“De niña me fue dado mirar por un instante
los ojos implacables de la bestia.
El resto de la vida se me ha ido
tratando inútilmente de olvidarlos.”

Las cosas que pasan desapercibidas como el baile, la sonrisa, el adiós, el llamado, el proceso digestivo, los sueños, la fiesta, el nombre.

Ahí destacan Cuestión de estadísticas, Biografía de un hombre con miedo, Sólo tu nombre (139):
“Pienso en la dulzura de poseer sólo tu nombre
e ignorar todo e inventarlo todo, salvo tus ojos, su infinita
oscura soledad y la furiosa
presencia de la sangre en tus arterias, el palpitante
arrullo de tu pecho que no he oído, yo que debo callar
mientras te alejas, mientras te acercas pálido, invencible
a mi noche en que el tiempo no te toca, sin ayer, sin mañana,
desnudo como un ángel que no puede
remontar las fronteras de mi sueño.”

Más adelante destaca Soledad de dos, Ocurre, Mapa, Soledades.

La escritura, se ha dicho muchas veces, es la invocación o la recuperación de la memoria, pero también de lo cotidiano que se convierte en extraordinario. Lo anterior queda plasmado en Precisamente (88-89):
“Mientras escribo este verso
millones y millones de seres respiran todavía en mi viejo planeta.
Prueba aquél una amenaza y descubre un gusano entre su pulpa.
Una mujer escribe una carta y solloza.
Abre la tierra este otro con sus manos, y transpira y no piensa.
Y en una esquina una muchacha espera a un hombre que no llega.
Miles de hombres y mujeres abren sus ojos y recuerdan su cuerpo y sus tareas.
Cientos de esófagos, de glándulas, de hígados, hacen su inocente trabajo
y el amor resucita caricias a un millón por segundo
y alguien se juzga feliz
y un hombre compra una cuerda y la cuelga
del árbol que en su patio florece.
Tosen, cantan, defecan, multiplican, parten su pan, aceitan su paciencia,
bufan, escupen, besan, timan a su vecino,
mienten, mienten y ríen, mienten sinceramente y apuñalan
o leen un poema,
y éste se hace un bistec y aquél cae de bruces y ya no se levanta,
y Rosa estrena su vestido verde,
y Allan le ha pegado a su joven mujer y se emborracha
y Gore cría peces en su bidet y apesta
y Lina se masturba
y Pedro se masturba
y Amarilis se pinta las uñas y camina desnuda por su cuarto en penumbra.
Millones de hombres y mujeres respiran mientras que yo te busco en la memoria
y te maldigo a ti
imposible y único
precisamente a ti
precisamente.”

Una extraordinaria antología para capturar lo efímero, lo cotidiano, el amor, el deseo, y mucho, mucho que el olvido nos permite privilegiar y, en contra parte, recordar a cada momento.

martes, 2 de octubre de 2018

Siete poetas norteamericanas, siete miradas de lo femenino

“El poema es una parte de la realidad con la potencia de transformar la realidad misma.” (Miller, 5) poderosa frase sobre uno de los géneros literarios que más ha permanecido en el gusto de los lectores.

Y es que la poesía puede ser hermosa, llena de significados, o bien plagada de denuncias y amores contrariados. También puede ser rigurosa en su forma e idealista sobre su contenido. Lo cierto es que la poesía puede retratar una época, o disolverla en la historia.

En esta ocasión, el texto que comentamos es una antología de siete autoras norteamericanas, denominada precisamente Siete poetas norteamericanas, Poesía moderna (2010), y forma parte de la colección Material de Lectura, editado por la Universidad Nacional Autónoma de México.


De acuerdo con la reseñadora y traductora Beth Miller, las siete poetas “han contribuido a la evolución de la conciencia del movimiento feminista contemporáneo.” (3) Lo cierto es que cada una maneja recursos poéticos diferentes, capaces de reflexionar sobre los mandamientos de la mujer, su alegría, su pertenencia.

La antología de 21 poemas retrata lo femenino o el feminismo… según la lectura, para encarar una dualidad entre el cuerpo propio y el ajeno, la felicidad de ella o del otro, la patria o la creencia religiosa.

Por un lado, las autoras exploran el deseo y el amor desde la visión femenina, por otro, retoman la expresión feminista de una época para denunciar la pertenencia o exaltación del pene, las reglas para ser alegres o bondadosas, o bien los sueños y la propia historia que enfrentan.

Desde la introducción, Miller hace una clara reseña de las autoras, que se convierte en una invitación a conocerlas, a disfrutarlas. En verso libre, poemas cortos o largos, lenguaje sencillo y con recursos, todo se conjuga para explorar las diferentes visiones retratadas por sus creadoras.

Las autoras antologadas son: Erica Jong, Denise Levetov, Marge Piercy, Sylvia Plath, Adrienne Rich, Anne Sexton, y Diane Wakoski.

Jong, con su poema Los mandamientos, reflexiona sobre lo que debe y lo que no debe hacer una mujer si quiere ser poeta: “Si una mujer quiere ser poeta, / debe dormir cerca de la luna a cara abierta; / debe caminar a través de sí misma estudiando el paisaje; / no debe escribir sus poemas con sangre mensual. (…) no debe escribir odas a sus abortos; no debe hacer caldos de vieja carne de unicornio.” (7) Y en Envidia del pene, comparando la labor creativa del hombre y la mujer, dice: “Envidio a los hombres que pueden anhelar / con infinita vaciedad / el cuerpo de una mujer (…) Pero ya que soy mujer, / debo no sólo inspirar el poema / sino también escribirlo a máquina, / no sólo concebir al niño / sino también darlo a luz (…)".

Con Denise Leveton, entre la hora de dormir y el dolor del matrimonio, destaca Nuestros cuerpos, donde hombre y mujer se funden entre el amanecer y la puesta de sol.

Para Piercy “La más clara alegría / es el cese de un gran sufrimiento. (…) Respirar es bailar. / Muda y enteramente / como la albahaca en la ventana / levanto la nariz al solo.” (16)

En Plath “La bondad se desliza por mi casa.” (18) para enfrentarla al hombre de conquistar, mientras clava, anestesiada, como mariposa desesperada.

Para Adrianne Rich, su denuncia es “Soy una mujer en la plenitud de la vida con ciertos poderes, / y esos poderes severamente limitados / por autoridades cuyas caras raramente veo.” (21) Y también plantea que “yo soy la mente viva que no pueden describir / en su idioma muerto / el sustantivo perdido, el verbo que sobrevive / sólo en infinitivo / las letras de mi nombre están escritas entre los párpados / del recién nacido” (23)

Diane Wakoski representará el vacío que puede vivir una mujer ante una sociedad dominantemente masculina: “Un hombre me preguntó / la historia de mi vida. / Dije / que yo no tenía / historia. / Que todas mis historias eran vidas, / como hongos, / aparentemente sin raíces (…)” (37)

Esta antología es una excelente oportunidad para conocer una visión, desde sus autoras, del mundo que les rodea. Y claro, conocer autoras que pocas veces leemos en México.

La colección Material de Lectura de la UNAM incluye más de un 130 títulos, dónde éste se convierte en un testimonio mudo de la calidad poética de una época, de un país, que a pesar de los grandes avances democráticos y sociales, aún conlleva una viaje lucha de género, que hoy más que nunca, se vive en las calles, en el discurso, en el sentir.

lunes, 17 de octubre de 2016

Cuerdas para el lince, una antología



Zoé Valdés es una escritora cubana radicada en Francia. De su obra hemos explorado la novela, casi experimental Una novelista en el Museo del Louvre (entre la erudición y la aventura http://literaturaexperienciaviva.blogspot.mx/2017/06/una-novelista-en-el-museo-del-louvre.html) y una de sus novelas más importantes: Te di la vida entera (Cuba: El idilio amoroso y el cambio social http://literaturaexperienciaviva.blogspot.mx/2010/07/cuba-el-idilio-amoroso-y-el-cambio.html)

Ahora toca comentar Cuerdas para el lince (1999), una antología poética divida en 4 secciones: Predilección de lince, Cinco poemas a “Beltraín”, La últims medalla y Cuerdas para el lince.

Poemas libres, matizados por epígrafes de Lezama Lima, Pessoa, San Agustín, Horta, Yourcenar, entre otros, cada uno va explorando con métricas y rimas, recursos y visiones diferentes, diferentes percepciones sobre la vida, el amor, lo cotidiano. 

Un lenguaje denso, figuras rebuscadas, pero siempre cargados de una emotividad entre lo animal y lo socialmente aceptable. 

Algunos en primera persona, otros en plural, con un yo lírico, en todos se refleja erudición, conocimiento de lo humano, y la búsqueda de lo “normal” como estar en la cama, tomar un cigarro, Mozart, moda, y más.

De una u otra forma –ya por el cuerpo, ya por el deseo- se explora en especial el tema de la mujer. En “Yo, la peor” dedicado a Sor Juana y otras autoras, se va inmiscuyendo en “No soy este ser que soy (...) No quiero hablar de futuro no aceptar regalitos tibios” para ir construyendo un enfrentamiento a la visión tradicional de la mujer. Que concluye con una revelación “Yo     la peor de lo peor / cuando termina el día y dejo de parecer hombre / también como un hombre necesito que me acaricien la cabeza.” (69-70)

Una lectura densa, una antología de 34 poemas, un uso magnífico del lenguaje y una excelente introducción a una autora básica de nuestro tiempo, para entender nuestra narrativa, y por qué no, a nuestras mujeres.

martes, 29 de marzo de 2016

Otra de lluvia… ahora un vendaval de Neuman



Andrés Neuman es un autor argentino –novelista, cuentista, poeta y ensayista- que con un tono irreverente y una narrativa ágil se ha convertido en una de las voces de referencia de su generación.

En este espacio, hemos comentado su cuento sobre Navidad (en  Cerrando ciclos: El último árbol (cuentos de Navidad) http://literaturaexperienciaviva.blogspot.mx/2015/01/cerrando-ciclos-el-ultimo-arbol-cuentos.html) y su participación en Bogotá39: un acercamiento literario http://literaturaexperienciaviva.blogspot.mx/2014/08/bogota39-un-acercamiento-literario.html Más adelante ahondaremos en ese texto)

Ahora comentamos una antología poética que presenta combinando texto y dibujos, una excelente edición donde la imagen complementa a la palabra. “Vendaval de bolsillo” (2014). Los poemas han aparecido en diferentes títulos, revistas o participaciones especiales, pero ahora se reúnen para darnos más que pequeñas gotas esporádicas, un torrente total de sentimientos y visiones.

Destacan, en mi lectura:
  • Palabras a una hija que no tengo, una revisión de qué hará un padre ante una hija que aún no ha nacido.  
  • El columpio, otra visualización hacia un hijo que ha nacido y que seguramente crecerá hasta enfrentarse al mundo de los adultos.  
  • El carrusel, que resulta ser una analogía de los ciclos de la vida y de cómo la magia poco a poco se desvanece en cada vuelta.  
  • La memoria del sauce, la relación de un abuelo y su nieto, y qué se necesita en la vida para crecer.  
  • No sé por qué cuando viajo, un poema breve sobre las vivencias y lecciones de cada viaje.  
  • Buenos Aires al vuelo, la recuperación del pasado y de las experiencias que nos marcan.  
  • Mujer leyendo, un homenaje a la mujer y a la lectura. 
  • Acopio nuevo, la importancia de la antología de vidas.
  • El banquete, un encuentro amoroso en abundancia.

Además de poemas libres, el autor también presenta haikus y un sinfín de posibilidades que lo urbano, la memoria, el amor la lectura, la diversión diaria, la familia, los rincones, el paisaje, en fin, todo es oportunidad para presentar un sentimiento, un poema, unas palabras.

Una excelente antología para conocer al autor y dejarnos mojar un poco de sus ideas, de su visión del mundo, y de poemas que nos enseñarán a empaparnos.