martes, 7 de diciembre de 2010

Colón y el juego de la historia

Introducción: La ironía como juego históricoEn Los pasos de López (1987) Jorge Ibargüengoita reconstruye uno de los episodios clave de nuestra historia: el inicio de la lucha de independencia, una visión humana del cura Hidalgo quien, acompañado de sus cuatro sobrinas, vive rodeado de gente con buenas intensiones, pero cero creatividad; a menos, claro, que esté la mandona, esa mujer que obliga al marido a realizar sus caprichos, entre ellos apoyar este proyecto de locura. De la misma forma, Rosa Beltrán en La corte de los ilusos (1995), plantea la vida del primer emperador mexicano, Agustín de Iturbide, como un caprichoso general capaz de cambiar la ruta del Ejército Trigarante en su entrada triunfal a la Ciudad de México con tal de pasar bajo el balcón de su amante. Ya con estas ideas, ambos textos toman los hechos históricos y plantean a través de la ironía cómo personajes casi míticos tienen una dimensión real y humana, y vale la pena decir, a veces demasiado humana.

Es precisamente el recurso de la ironía frente a lo histórico una de las herramientas que Alejo Carpentier utiliza en El arpa y la sombra (1978) una narración en forma de biombo tríptico con personajes brotados de la realidad y otros ficcionales, recuperando uno de los hechos históricos clave para nuestro continente: el encuentro de dos mundos, Europa y América. Pero este texto no es únicamente una revisión más de este encuentro o descubrimiento –nombre que, durante lustros, se le asignó a la hazaña de Colón-. La ironía reside no en hablar del genovés, sino en ponerlo como un viejo al borde de la locura o la muerte –que inclusive para él pide a su querida “Columba” quien no es otra que la reina católica- lo ayude a conquistar su tierra.

¿Por qué canonizar a un personaje que, supuestamente fue judío, tuvo hijos fuera de matrimonio y prácticamente engañó a propios y extraños para lanzarse a ese viaje hacia los confines de los mares? La razón: Latinoamérica necesitaba un santo. ¿No sería irónica la canonización por índole política o en aras de ampliar la Fe en el verdadero Dios, como solían decir los Reyes Católicos Españoles de esa época?

Es por ello que estamos ante un texto dinámico, que juega en sí mismo con su contenido, y hacia fuera con los lectores. Tomando reflexiones casi verdades, casi mentiras, diálogos que parecen robados de libros de historia, el elemento irónico se posiciona de la narración para dimensionar en forma diferente a esa navegante que, buscando la “vinlandia” se lanza prácticamente al vacío de la vida: idolatrado, rechazado, apoyado, negado, reconocido, repudiado, tuvo al mundo a sus pies, pero murió triste y abandonado en una viaja habitación. ¿Ironía o justicia divina?


Los símbolos y sus representacionesEn el texto de Alejo Carpentier, cubano universal de gran erudición y literatura histórica, presenta cuestiones como el poder, la Fe, el oro, la trascendencia ultramarina, las posesiones de tierra extraterritoriales, la Corte, los juicios y las promociones canónicas; cuestiones que de una u otra forma simbolizan, por una parte, el contexto socio-histórico en el cual está inmerso El arpa y la sombra: el apetito por descubrir aquello en mapas heredados pero desconocido para muchos; la construcción de una Fe en territorio virgen y, finalmente, la discusión atemporal de la bondad o maldad de hechos sucedidos doscientos años atrás. Parecieran símbolos de la grandeza humana, pero a la vez de su perdición.
El oro, representación tradicional del materialismo y la codicia humana, aparece en este texto continuamente en el capítulo 2, la narración en primera persona de Colón. “… oro en diminutas placas –no tanto oro, en realidad, como yo hubiese deseado-; oro que me parecía poco oro, de pronto muy poco oro, junto a los adornos, blasones y recamados que me rodeaban, junto a los paños dorados, a las mazas de los maceros, a los áureos bordados del dosel –poco oro, al fin.” (Carpentier 320) Si bien esta Corte Española prefiere el oro a otros metales preciosos, se convierte realmente en una forma de mantener las diferentes guerras que España tiene en los frentes de Flandes, Francia, Inglaterra y, de vez en cuando, con su vecina Portugal. Todo eso hace que España codicie el oro, situación aprovechada por Colón para proyectar esa necesidad de materialismo y opulencia que tiene el hombre. El oro se convierte entonces en un motivo; la cita presenta la pobre presentación ante los Reyes Católicos; y también va a representar esa necesidad del navegante por demostrar que sí existe oro en esta tierra; su búsqueda y el poco encuentro que tiene del metal, hace que se cuestione realmente la trascendencia de sus viajes; como él mismo dice, termina exiliado por no traer el oro, aquel que ayuda a sostener lo bélico.
Las islas descubiertas por Colón van a representar la esperanza por nuevas riquezas, el despertar por la codicia. Curiosamente, en las islas prácticamente no había oro, todo era verde, cultivable, lleno de especias y yerbas desconocidas para los españoles. Esta cuestión puede representar el aislamiento del resto del mundo frente a los habitantes de éstos lugares poco desarrollados. La misma descripción del territorio se convierte en un reto: “Fui sincero cuando escribí que aquella tierra me pareció la más hermosa que ojos humanos hubiesen visto. Era recia, alta, diversa, sólida, como tallada en profundidad, más rica en verdes-verdes, más extensa, de palmeras más arriba, de arroyos más caudalosos, de altos más altos y hondonadas más hondas, que lo visto hasta ahora, en islas que eran para mí, lo confieso, como islas locas, ambulantes, sonámbulas, ajenas a los mapas y nociones que me habían nutrido.” (Carpentier 305) y más adelante dice “Había que describir esa tierra nueva. Pero, al tratar de hacerlo, me hallé ante la perplejidad de quien tiene que nombrar cosas totalmente distintas de todas las conocidas –cosas que deben tener nombres, pues nada que no tenga nombre puede ser imaginado, mas esos nombres me era ignorados y no era yo un nuevo Adán, escogido por su creador, para poner nombres a las cosas. Podía inventar palabras, ciertamente; pero la palabra sola no muestra la cosa, si la cosa no es de antes conocida.” (Carpentier 305) Entre ambas citas detectamos, precisamente, cómo esta tierra puede representar la esperanza de un mejor mañana, pero a la vez, la expansión territorial y económica de un país belicoso.
Un símbolo interesante para denotar una crítica son los mismos indígenas, originarios de estas “nuevas tierras”. Al no encontrar oro, Colón confiesa que piensa salvar su empresa a través de la venta de esclavos. Los reyes, a pesar de su codicia, recuerdan la cuestión cristiana y frenen este negocio. “… después de haberse hecho en Sevilla una muy provechosa venta de una partida de mis indios capturados en la Española, había llegado, severa, fulminante, una real orden prohibiendo el floreciente negocio que yo hubiese aconsejado e instaurado. Parece que Sus Altezas, remordidas de escrúpulos, habían reunido una comisión de teólogos y canonistas para saber si era lícito el tal comercio, y los que siempre hubieses sido mis enemigos de habían pronunciado, como siempre, en deterioro de mis intereses.” (Carpentier 335) La crítica es certera: a falta de oro se puede vender otra cosa, en esta ocasión, otra vida humana.
Para esta sección, nos gustaría incluir tres símbolos generales, presentes en el título del texto (excepto el segundo) y en las denominaciones de los capítulos. Primero, el arpa: viene a simbolizar lo celestial, lo divino; la crítica nace de lo que ahí pasa: ese Papa que por razones políticas y/o personales debe decidir apoyar o no esta casusa. Los seiscientos obispos, la presión de las personas en Chile que el mismo Papa conoce en un viaje juvenil, y en sí, la esperanza de que crezca y se mantenga la Fe católica en el continente naciente, hacen que este capítulo retome la idea de divinidad y humanidad: estar bien aquí para también estarlo arriba.
El capítulo dos, donde Colón toma la narración a través de su diario o de sus delirios seniles, se llama “La mano”: a fin de cuentas, la mano puede representar el trabajo diario, lo imperfecto, lo humano, cómo un ser puede manipular las cosas a su alrededor. Y qué mejor que Colón hablando para simbolizar el crecimiento y ocaso de este navegante: la humanización del personaje nos permite simbolizar lo frágil de la naturaleza humana, la codicia, la avaricia, la mentira, la lujuria, en fin, pareciera que la mano representa todo aquello negativo que el hombre hace, el acto indebido.
Finalmente, breve pero igual de valioso, está el segmento “La sombra”. Aquí, ante una presencia espiritual de Colón que a veces quiere gritarles durante ese “juicio” para demostrar su inocencia, surge el debate ante lo trascendente: qué es importante, lo que logras o lo que dejaste de hacer, tu pasado o tu presente. A fin de cuentas, el juicio simbolizaría las posturas que frente a toda acción humana pueden haber: a favor o en contra.

Entre la historia-real y el estilo narrativo de CarpentierEl ensayo de Roberto González Echeverría presenta una introducción al marco de la novela histórica, donde el narrados que nos ocupa tiene gran parte de su obra. Se plantea, en pocas palabras, que la historia es una fuente y prácticamente un personaje en los textos del autor cubano. Pero no únicamente presentar una serie de datos históricos, sino comentarlos en un marco humano, la búsqueda del origen de un pueblo que cancela una historia para imponerse otra, y que después quiere regresar a la primera. Según González “[sus últimos trabajos] … la mayoría de estas interrogantes eran variaciones sobre la cuestión de la identidad latinoamericana. Las respuestas más convencionales flotaban a mi alrededor: lo universal en lo local, el continente mestizo, al encrucijada de las culturas y las razas del mundo, la presencia fáustica, de indios y africanos.” (26) Aquí precisamente quedan los capítulos “El arpa” y “La mano”: la búsqueda de un santo que impulse la Fe y la reflexión personal que nos permita conocer y juzgar mejor al navegante.
Especialmente en “La sombra”, el debate en torno a la biografía, vida y obra del genovés pareciera nutrirse ávidamente de una fiel documentación histórica. “La historia es el tema principal de la ficción de Carpentier y la historia de la que se ocupa –la del Caribe- es una de principios y de fundaciones.” (González 33) Si bien el personaje en cuestión es europeo, su vida afectó definitivamente a este continente. Paradójicamente, muere sin saber que ha estado en una tierra completamente nueva, para Colón, llega a la India y estuvo cerca de los lugares de leyenda descritos por Marco Polo.
Retomando una cita del texto “Había que describir esa tierra nueva. Pero, al tratar de hacerlo, me hallé ante la perplejidad de quien tiene que nombrar cosas totalmente distintas de todas las conocidas –cosas que deben tener nombres, pues nada que no tenga nombre puede ser imaginado, mas esos nombres me era ignorados y no era yo un nuevo Adán, escogido por su creador, para poner nombres a las cosas. Podía inventar palabras, ciertamente; pero la palabra sola no muestra la cosa, si la cosa no es de antes conocida.” (Carpentier 305) Colón quiere describir con su lenguaje algo que es completamente desconocido, y ahí la paradoja de este hecho; si bien ve y quiere describir lo observado, el Gran Almirante se enfrenta a dos cuestiones; por un lado, hay cosas cuyos nombres desconoce, y por otro, la necesidad de describir la abundancia del oro, cuestión que se indicó previamente, era inexistente. González dice que “En la escritura latinoamericana, el Nuevo Mundo ocupa entonces un espacio doblemente ficticio: el provisto por la tradición europea y el reelaborado por los escritores latinoamericanos. Al escribir desde dentro de una tradición occidental y en una lengua europea, los escritores latinoamericanos sienten que escriben en el interior de una ficción de la que ellos forman parte, y para poder escapar de ese cero literario deben luchar para constantemente reinventarse y para reinventar a Latinoamérica.” (37) Una idea expuesta por diversos autores ¿podemos describir lo que vemos y sabemos con una lengua que no es nuestra? ¿cómo describir en “castellano” aquello que los “indígenas americanos” viven en su propia lengua?
La historia personal de Colón, del Papa y de los enjuiciadores / defensores son finalmente elementos que van definiendo el contexto de la novela. “La empresa literaria entera de Carpentier emana del anhelo de captar ese momento de inicio en el cual la historia colectiva y la historia del ser arrancan simultáneamente; un momento en que comenzarían el lenguaje y la historia, y que sería, por consecuencia, el fundamento de un código simbólico desprovisto de fisuras temporales o espaciales”. (González 41) La fisura del tiempo la logra el capítulo “La sombra”, donde finalmente diversos elementos históricos –incluyendo al espiritual Gran Almirante- se conjugan en diversas visiones de la historia: charlatán, conocedor, manipulados, impulsador, embustero, gran convencedor; aparte de realizar en una época totalmente diferente a la propia.
Pogolotti ahonda en el estilo del autor cubano, especialmente en este texto, diciendo que “para Alejo Carpentier la razón de ser se expresa en términos de conciencia histórica. Esa lucidez necesaria no surge de la revelación concedida en estado de gracia, ni se deriva de un proceso meramente intelectual. Tan difícil conquista es obra de pensamiento y acción. De ahí que el escritor utilice con tanta frecuencia la historia como elemento indispensable en el tramado de sus obras.” (21) Y qué mejor que el mismo Colón –capítulo 2- para defenderse, decir que todo lo que hizo tuvo una razón concreta para realizar. Lo mismo sucede en los fragmentos 1 y 3: el Papa está consciente que su firma o la vía extraordinaria son una forma de manejar el poder e impulsar la fe; mientras la investigación documental y el rebate histórico permite revalorar o de plano hundir la figura de Cristóbal Colón.
Según Moreno Cortina en su ensayo sobre El arpa y la sombra el “propósito no es el de reconstruirnos una época y unas costumbres (cosa que sabía hacer Carpentier cuando quería), sino el de introducirnos en el alma de un ser humano.” (http://www.archivodenessus.com/rese/0324/index.html) Y es específicamente en el alma de Colón donde residimos: viudo, padre, vividor, embustero, pero navegante, negociador, conocedor de las tramas de la Corte, pero ávido de riqueza y de reconocimiento popular, de hacer hasta lo improbable con tal de tener financiamiento para el primer viaje a esa “tierra de vinos”. “La mano”, ese monólogo personal que vislumbra una persona senil, hace a fin de cuentas la presencia humana del descubridor de América –nombrada así por quien prueba que estaban ante un nuevo continente- no por su descubridor.
Un elemento valioso en el estilo de Carpentier en este texto, es la parodia que hace de varios personajes clave: el mismo Colón al ser un vivaracho, la reina Isabel al ignorar a su marido con tal de satisfacer su vida personal, y los diferentes defensores / acusadores de su pureza / impureza de acción. La grandeza y la pérdida de la credibilidad, que más paradoja para la ambición humana y la vulnerabilidad de quienes tienen el poder o están sedientos de riqueza.
Como personajes históricos clave: el Papa Pío IX, pieza clave en autorizar o no el proceso de canonización “por medios extraordinarios”; “Y, junto a la respetuosa solicitud, había, en foja separada, un breve mensaje dirigido a la Sacra Congregación de Ritos que, al recibir el aval de la firma pontifica, echaría a andar, de inmediato, el intrincado proceso de la beatificación del Gran Almirante de Fernando e Isabel. Su Santidad tomó la pluma, pero la mano empezó a sobrevolar la página, como dubitativa, desmenuzando una vez más las implicaciones de cada palabra.” (Carpentier 225) ¿Humano al dudar? Sí, pues nos permite conocer un lado reflexivo, lleno de dudas, de quien ejerce un poder particular.
El mismo Cristóbal Colón, judío converso, navegador y charlatán y quien durante el texto recibe diversas denominaciones como Christophoro, el Invisible, entre otros. “Carpentier hace de Colón un judío converso hijo de tabernero, mentiroso, pendenciero, mujeriego, visionario y por si todo eso fuera poco, marinero. Desde luego, la historia de cómo llegó a convencer a Isabel la Católica (a la que llama cariñosamente Columba) después de vagabundear por las cortes europeas” (Moreno Cortina http://www.archivodenessus.com/rese/0324/index.html) Más adelante, el mismo autor señala del personaje que “Un Colón que engaña para conseguir sus propósitos, que no son otros que la gloria personal, que deslumbra con visiones de oro y conquistas a los nobles castellanos y que no duda en vender esclavos en Sevilla (ante el espanto de los reyes españoles) para rentabilizar sus viajes. Y que sin embargo, no se nos presenta con tintes sombríos, sino con toda su entera humanidad al descubierto.” (Moreno Cortina http://www.archivodenessus.com/rese/0324/index.html) Nótese como esta reflexión complementa nuestra reflexión sobre el personaje, una entidad ya humanizada, que raya en lo carnavalesco: entregar incluso su cuerpo para conseguir el beneficio indicado.
No se puede pasar por alto a quien abrió las puertas de la gloria al navegante, y también según Carpentier, la de su propio cuarto: Isabel la Católica, mujer feria y aferrada a los favores personales. “No tuvieron indicios de que allí hubiese oro… detrás de mi quedaban dos islas por mí bautizadas, por mi inscritas en la geografía del mundo … el augusto nombre de Santa María de la Concepción, y el otro nombre, grato, gratísimo para mí, de Isabela.” (Carpentier 308-309) La devoción de Colón hacia la reina deja un entredicho histórico: ¿qué pudo hacer para convencerla? Una persona que en un matrimonio político, que recién unificaba un territorio, expulsaba a los Moros del mismo, y después a los judíos, comenzando su enfrentamiento a la Europa Renacentista, confiara ciegamente en una empresa llena de dudas, de imposibilidades. En fin, más allá de la descripción histórica –la cual realmente es escasa- este personaje se humaniza para mostrar un lado del chantaje personal, de la idolatría y, como en toda Corte, de la volubilidad monacal.
En resumen, El arpa y la sombra se nutre de hechos y personajes históricos, pero utiliza recursos poéticos o licencias literarias para crear una obra única, descriptiva e irónica: nada es como parece, y los grandes acontecimientos son productos de un capricho personal, no de una planeación estratégica global.

Fuentes sobre “El arpa” y “La sombra”Estos dos capítulos presentan el antes y después de la firma papal para iniciar el proceso de canonización, uno de los máximos reconocimientos que el alma cristiana puede recibir. Castañón presenta una breve nota sobre el libro de Léon Bloy titulado El Revelador del Globo; mientras que Villar Serrano con Cristóbal Colón: el secreto mejor guardado, plantean el apasionado proceso de beatificación de Colón, por un lado, y por otro, la declaración que la Iglesia Católica niega dicho proceso al estar frente a un converso judío, apoyado por ellos en una misión de reconocimiento.
También hay diversos ensayos que van abundando en circunstancias históricas y personales que rodean a los personajes y este proceso polémico: Castañón [1], Mackenbach [2], Mora [3], Palmero [4], Souviron [5], entre otros.
La novela histórica y El arpa y la sombraPara Platas la novela “con un tono y un estilo menos elevados [respecto al romance] se centra en lo cotidiano y verosímil, suele ser reflejo del mundo circundante, y muestra personajes que se inspiran en personas corrientes, dotados de caracteres entreverados (ni totalmente positivos ni negativos del todo), cuya psicología trata de ser presentada a lo largo del relato … es un género narrativo en prosa, de extensión variable y de imprecisa definición, aunque hay que partir del convencimiento de que, como toda obra narrativa, es una construcción verbal y no un trozo de realidad.” (2006: 540) También coincide con Bajtin (1991), quien marca precisamente la diferencia entre épica y novela: la primera exalta las grandes historias de los delineados héroes, mientras la segunda abre posibilidades de personajes e elimina ese determinismo antiguo. Estamos, definitivamente, ante una novela: el mundo circundante es el de Colón e Isabel, un mundo que ya no cabe en Europa y que requiere conocer nuevas fronteras. Además, toma estos personajes históricos y les da un toque de cotidianeidad: altaneros, embusteros, mentirosos, cariñosos, caprichosos, en fin, da un volumen propio de una persona “normal”, no precisamente literaria. Pero raya en lo épico, partiendo que Colón se lanza en tres naves hacia un viaje que, probablemente, no tenga fin.
Como punto clave, este texto combina narración e historia. Platas señala que la “historia” puede definirse como “Género científico-didáctico que tiene como finalidad principal la relación de hechos verdaderamente sucedidos. Participa de lo literario en cuanto que muchos de sus cultivadores han sido extraordinarios prosistas.” (2006: 376) La misma autora complementa esta definición con la distinción de “histografía”: “disciplina que se ocupa del estudio bibliográfico y crítico de los estudios sobre la Historia, sobre el arte de escribirla, sus fuentes, los autores que le han tratado y las diversas perspectivas desde las que lo han hecho, según los influjos que hayan podido recibir.” (2006: 377) Como se ve en las citas anteriores, la historia plantea los hechos “reales” y la histografía “cómo y por qué se cuentan así esos hechos”. Esta diferencia, como plantea White (1978) hacen reflexionar: si lo escrito depende del ámbito del historiador. El ámbito de Carpentier, al menos lo revisado para este trabajo, plantea una cuestión rica en documentación, con el afán de dar un ámbito complejo y certero, capaz de construir un ambiente real y verosímil. En este sentido, presenta tres momentos históricos: la propuesta de la canonización, el relato del navegante y el juicio de éste para dicho proceso, presentados en forma ficcional: narrador omnisciente en los segmentos 1 y 3, y un narrador-personaje en el 2. De esta forma, logra construir una narrativa interesante, descriptiva e intimista. Una versión posmoderna de una hecho histórico reconocido, pero ahora inyectado de humanismo, una combinación perfecta de historia y ficción, narración y recursos literarios.
Por su parte, la posmodernidad plantea un juego entre pasado y presente, de tal forma que necesito saber cuáles son mis recursos para dar el mejor resultado posible. La metaficción está entonces en debate: verificación versus veracidad. En historia, lo primero es posible, no de ser ciencia o estudio de algo determinado. La literatura, en contraparte, por su misma concepción de ficción, no reflexiona sobre este juego de quién dice qué y cómo, entonces requiere reforzar lo verosímil. Es decir, existe una interrogante para especificar qué sí puede ser real y qué verosímil, y qué se necesita para llegar a ello. “Historiographic metafiction […] the referent is always already inscribed in the discourses of our culture. (Hutcheon, 1988: 119) Aquí el punto clave –que finalmente ayuda a este proceso de posmodernidad y reflexiones literarias- es el elemento cultural; la metaficción lo hace consciente, pero el proceso tradicional de escribir historia, no. Entonces, Carpentier pareciera construir una nueva historia a partir de hechos conocidos, esa revisión humana de los personajes y de los hechos mismos que se ha comentado anteriormente, permiten dilucidar una cuestión nueva, una ironía que pretende humanizar la cuestión presentada.
Después de hablar de novela y ficción; narración e historia, así como metaficción ¿estamos entonces ante una novela histórica? Platas define novela histórica como “Género narrativo que une a hechos de importancia histórica la fabulación literaria, generalmente mediante la creación de personajes que sirven de hilo aglutinador a los acontecimientos.” (2006: 557) Por su parte, Estébanez complementa señalando “Esta recreación del pasado histórico se hace desde un punto de vista arqueológico, proyectando sobre una época lejana […] una interpretación caprichosa, con el vano intento de reproducir el espíritu de una época sobre la que, en realidad, estaban proyectando los propios esquemas culturales […]” (2006: 757) Con estos conceptos, se nota que la novela histórica es una revisión del pasado, pero a veces, desde una mirada actual. Eso realiza, precisamente, el autor cubano: cerca de los 500 años del encuentro de dos puntos, presenta su último texto con una carga de historia que, al combinarse con la documentación y un estilo irónico, da una mirada actual a un hecho que cambió al mundo: encontrar que existía otro continente más allá del océano. Sí estamos ante una novela histórica, en el sentido de los personajes y los hechos, pero ficcionalizada por los recursos utilizados.

¿La Historia o la historia?Previamente se analizó A través de la ventana de la escritora regiomontana María de Alva: la recuperación de la memoria de una familia de judíos que llega a América en busca de una mejor vida. Podría indicarse que la gran historia, de la formación o del origen aquí está: la emigración de un grupo de personas que salen de Europa por una cuestión religiosa o económica, mientras llegan a una región inhóspita, ávida de crecimiento social. Aquí podría trazarse que la novela plantea una “historia”, es decir, la visión íntima de un puñado de personajes que buscan reconstruir su memoria. El marco histórico es inclusive amplio: la Europa previa a la Gran Guerra, la conquista del norte de México, la búsqueda del “Sueño Americano”. Todo ello sirve para conocer a una niña traviesa y su padre adorador de un pasado imperial ya lejano; hermanos que buscan crecer sin importar más; la esperanza del gran amor versus el presente acomodado pero vacío.
Carpentier hace algo similar, pero va más allá: habla de la Historia, el acontecimiento de Colón y sus viajes a tierras inhóspitas, los Reyes Católicos de España buscando al expansión territorial e ideológica de su reino, así como otra serie de personajes que apoyan esta figura de leyenda o bien que tiene en sus manos la opción política de darle un santo patrono a la América Latina. Tenemos entonces grandes acontecimientos históricos que, casi sin querer, van revelando aspectos de la historia de cada uno de ellos: un Colón “juguetón y coquetón con la Reina Isabel” –a quien por cierto llama “Columba”-; el mismo Colón como embustero y vendedor de esclavos; ese “inquisidor” que se afana en hundir la figura de este mentiroso frente a un biógrafo que exalta en demasía la vida; y finalmente, un Sumo Sacerdote que tiene en sus manos el poder político y espiritual, pero que duda de su uso y trascendencia misma. Entonces, Carpentier aprovecha la Historia –el marco histórico- para plantear la “historia” –esos pequeños acontecimientos personales e íntimos.
Entonces, ambos textos plantean la Historia contextual para intimarnos en la historia personal. Por su puesto, cada una con su debida finalidad: con María de Alva reconstruir la memora familiar y en Carpentier desmitificar al navegante genovés. Cada uno con sus recursos propios, ambos describen fielmente el ambiente y el espacio de los textos, mientras combinan voces narrativas: ahora una vieja que dialoga con su hija muerta, ahora un viejo marinero que trata de dar orden a sus pensamientos; un juego del presente-pasado-futuro en Carpentier, y una estructura compleja de diarios, memoria y presente. La intertextualidad en ambos es importante: para Carpentier, usar un diario, encontrar noticias reales que vistan la canonización y el juicio al almirante, inclusive esa mención a Khan y a los viajes de Marco Polo; en De Alva, también un diario, citas, epígrafes, todo que deje huella tangible de la existencia. Así, la Historia alimenta a la historia y viceversa.

Una lectura personalLa historia es un elemento importante en el texto de Carpentier. Recobrar tres momentos históricos diferentes, describirlos y ficcionalizarlo es un reto interesante, especialmente evitando los lugares comunes. Esto nutrido por el sentido de lo irónico, enriquecen la lectura y la aproximación al texto; permite a su vez, precisamente, la variedad de interpretaciones a su alrededor.
La intertextualidad es interesante, en el sentido de ir considerando las cuestiones del ámbito en el texto, de tal forma que seamos capaces de identificar otros personajes o situaciones que a manera de “revelaciones” dejan entrever esas cuestiones que alimentan la vida personal de los personajes; también el marco histórico que pareciera dar una nueva dimensión a la historia misma. Se reinterpreta entonces un descubrimiento-encuentro como una aventura personal plagada de mentiras y engaños.
La novela como ente único que está en formación sería nuestro comentario final. Se ha revisado en este curso que la novela es un género en crecimiento y experimentación; si bien a más de 30 años de su creación, el texto de Carpentier parece más actual que nunca: toma la historia como pretexto para contar la vida personal; además, presenta una historia fraccionada en cronología e intensión; sin olvidar que combina voces narrativas y puntos de vista de dicha narración. Estos recursos hacen al texto uno vigente y moderno, que busca reescribirse como si reinterpretara una melodía al arpa, por una mano prodigiosa, a la sombra de un apacible lugar en la historia.


Referencias bibliográficas

Bajtín, Mijail. (1991) "Épica y novela. Acerca de la metodología del análisis novelístico". Teoría y estética de la novela. Madrid: Taurus Humanidades. Pp 449-485.
Carpentier, A. (1998) “El arpa y la sombra”. Alejo Carpentier, obras completas. Tomo 4. Prólogo de Graziella Pogolotti. 4ta edición. México: Siglo XXI Editores.
Castañón, Adolfo. “Alejo Carpentier y Cristóbal Colón”. Letras libres. Agosto de 1999. Octubre 24 de 2008.
http://www.letraslibres.com/index.php?art=5912
Estébanez, D. (2006) “Historia”, “Novela”, “Novela histórica”. Diccionario de términos literarios. Colección Filología y Lingüística. España: Alianza Editorial.
González Echeverría, R. (1993) “Capítulo 1. Preámbulo: Una reflexión post-carpenteriana”. Alejo Carpentier: el peregrino en su patria. México; Difusión Cultural UNAM.
Hutcheon, Linda. (1988) "Historiographic Metafiction: The Pastime of Past Time". A Poetics of Postmodernism. History, Theory, Fiction. New York & London: Routledge. Pp 105-123.
Hutcheon, Linda. (1988) "Historizicing the Postmodern: The Problematizing of History". A Poetics of Postmodernism. History, Theory, Fiction. New York & London: Routledge. pp 87-101.
“Iglesia católica desestimó canonizar a Colón “porque era judío” denuncia nuevo libro.” Noticia Cristiana. 7 de noviembre de 2004. Octubre 24 de 2008.
http://www.noticiacristiana.com/news/newDetails.php?idnew=4295&country=0
Menton, Seymour (1993). "La nueva novela histórica: definiciones y orígenes". La nueva novela histórica en América Latina 1979-1992. México: FCE. 29-66.
Moreno Cortina, M. El arpa y la sombra. Sitio creado y administrado por Pedro Jorge Romero. España. 2001. 26 de octubre de 2008.
http://www.archivodenessus.com/rese/0324/index.html
Platas, A. (2006) “Historia”, “Histografía”, “Metaficción”, “Novela”, “Novela histórica”. Diccionario de términos literarios. 4ta edición. España: Espasa.
White, Hayden. (1978) "The Historical Text as a Literary Artifact". Tropics of Discourse. Essays in Cultural Criticism. Baltimore and London: The Johns Hopkins University Press.


NOTAS:
[1] Castañón, Adolfo. “Léon Bloy - y la beatificación de Cristobal Colón”. Letras libres. Junio de 2005. Octubre 28 de 2008. http://www.letraslibres.com/index.php?art=10507[2] Mackenbach, Wermer. “El arpa y la sombra, la Conquista y la construcción del espacio americano”. Revista Intersedes. Julio 7 de julio de 2006. Octubre 28 de 2008. http://www.intersedes.ucr.ac.cr/09-art_06.html[3] Mora, Pablo. “Aproximación a El arpa y la sombra”. Revista Recre@rte. Nº7 Julio 2007. San Cristóbal, Táchira, Venezuela. Octubre 24 de 2008. http://www.iacat.com/Revista/recrearte07.htm[4] Palmero González, Elena. “El último viaje a los orígenes de Alejo Carpentier: El arpa y la sombra”. Contexto. Segunda etapa. Volumen 11. No. 13. 2007. Octubre 24 de 2008. http://cetus2.saber.ula.ve/db/ssaber/Edocs/pubelectronicas/contexto/vol11num13/dossier5.pdf[5] Souviron López, Begoña. “Entre El arpa y la sombra: la mano... Construcción y deconstrucción del personaje histórico y héroe mítico Cristóbal Colón en la obra de Alejo Carpentier”. Anales de Literatura Hispanoamericana. 2001, 30: 207-225. Octubre 24 de 2008. http://www.ucm.es/BUCM/revistas/fll/02104547/articulos/ALHI0101110207A.PDF

viernes, 3 de diciembre de 2010

Una reflexión sobre "el canon occidental"

Introducción: El canon occidentalHablar de grandes autores y grandes libros siempre nos ayuda a formar un criterio analítico. Inclusive, saber cuáles son aquellos autores que siguen leyéndose y –por qué no, imprimiéndose- nos permite inclusive entablar una plática con personas desconocidas. ¿Has leído el Quijote, sabías que Joyce es considerando un innovador? Entre otras ideas. Claro, siempre queremos leer aquello que los eruditos han leído, tal vez si leemos lo mismo ¿tendremos sus mismas ideas? En fin, entre autores importantes, lecturas básicas y juicio innovadores, debemos centrarnos en consultar a los autores clásicos –que a fin de cuentas forman el canon, especialmente el occidental- y tomar estos conocimientos para juzgar nuevas aportaciones, nuevas formas de expresar y proyectar sentimientos, pieza esencial de cualquier narración.

Parte 1. Cuatro miradas complementariasEn este sentido Foucault se lanza a reflexionar en 1970, sobre los discursos y la esencia del poder en cada uno de ellos. ¿Qué es lo evidente en un texto cualquier? La carga ideológica que un grupo determinado pretende proyectar. De esta forma, la realidad a su alrededor se plasma y llega a las masas –cuando éstas leen, claro-; aunque otras veces no permiten su permanencia en el tiempo. En sí, dice el autor “supongo que en toda sociedad la producción del discurso está a la vez controlada, seleccionada y redistribuida por un cierto número de procedimientos que tienen por fundamento conjurar los poderes y peligros, dominar el acontecimiento aleatorio y esquivar su pesada y temible materialidad.” (Foucault 11) De vemos podemos justificar ideologías como la socialista: en Rusia sólo se publicaban historias que exaltaban el sentimiento nacional de pertenencia, pues ellos mismos censuraban toda crítica presentada. Vemos se puede ir más allá del poder político; también aquellos temas “tabúes”, de los cuales se puede hablar o no con libertad; por ejemplo, México en 1968, si bien no existe un canal oficial de censura, durante años la prudencia fue la forma más certera de callarse. Ligo lo anterior con otra idea de Foucault: “Los discursos que se dicen en el curso de los días y las conversaciones que desaparecen con el acto mismo que los ha pronunciado; y los discursos que están en el origen de cierto número de actos nuevos de palabras que los reanudan, los transforman o hablan de ellos, en resumen, discursos que, indefinidamente, más allá de su formulación, son dichos, permanecen dichos, y están todavía por decir.” (21) Aquí interpreto que hay ideas que buscan permanecer en la literatura o cualquier expresión hablada o escrita de la sociedad, y quién más que aquellos en el poder que controlan dichos temas o palabras.

Reisz (1989) hace una interesante reflexión sobre qué es literatura. ¿Un texto policiaco-jurídico, una carta de vecinas, una especia de sudoko? Todo puede ser y no literatura. Para saberlo hay que ver el contexto y responder ¿logra recrear un universo por sí mismo? Cuando lenguaje y sentimiento se combinan para hacerlo, es cuando lo logra, entonces estamos ante algo literario. Recuerdo aquí un término de Vargas Llosa: la novela total; aquel universo escrito que permite recrear un universo en sí mismo, de tal forma que independientemente de la época escrita o leída, podemos reconocernos o plantear una idea ficticia. “Nuestro conocimiento de las convenciones novelísticas de nuestra época y, eventualmente, de los mundos reales evocados en la obra, nos ayudará a percibir que el autor se distancia de las marcas letales que impone a ambos pasajes y con ellas parodia …” (Reisz 19) La reflexión va hacia conocer el contexto histórico y permitir reconocer que sí es literatura y que no. A lo largo de la lectura, la autora retoma el viejo concepto aristotélico de “imitación” o “mímesis”, indicando que si logramos precisamente reproducir el mundo, entonces estamos ante algo literario; pero no debe ser una realidad-real para que estemos seguros de ella; por el contrario, es una “ficción” tan real que la consideramos probable y viable. Más adelante coincide con Foucault: lenguaje y construcción es una especia de poder, donde el nivel poético del lenguaje es aquel que permite la recreación de universos alternos o ficticios; lo incluyente o excluyente, en este sentido, está dado por las bases mismas del poder, tanto de las personas como del lenguaje mismo.

Bloom por su parte, en la introducción a su texto “El canon occidental” (1994) va más allá del poder y del lenguaje, para darnos una visión muy concreta: Occidente tiene una producción literaria especial y hay que valorarla; casi en tono religioso, pareciera que seleccionamos” “ungidos” que son ejemplos de grandeza, de sentimientos y formas, de formas de pensar autónomas. En este sentido, realiza una profunda reflexión sobre qué es la literatura para este lado del mundo y quiénes logran darle una personalidad única: Shakespeare con su invención o reinvención de lo humano va al centro, y de ahí hay autores anteriores y posteriores –una especie de antes y después de Cristo-. Y sobre todo reflexiona sobre la finalidad de éste: “Leer a los mejores escritores –pongamos a Homero, Dante, Shakespeare, Tolstoi- no nos convertirá en mejores ciudadanos. El arte es absolutamente inútil, según el sublime Oscar Wilde, que tenía razón en todo.” (Bloom 25-26) Inútil en los términos prácticos occidentales, pero sumamente profundo para lo oriental. Después el autor narra el origen de este listado de grandes autores, quienes han destacado por compilar en sus páginas estética y sentimiento; curiosamente, quienes van entrando en el canon son aquellos reaccionaron que combaten las normas establecidas; pero precisamente su valor para romper normas es aquello que permite una evolución en la forma de escritura. “La originalidad se convierte en un equivalente literario de términos como empresa individual, confianza en uno mismo y competencia, que no alegran los corazones de feministas, afrocentristas, marxistas, neohistoricistas inspirados en Foucault o deconstructivistas; de todos aquellos, en suma, que he descrito como miembros de la Escuela del Resentimiento.” (30) Si bien una visión reduccionista, no hay que negar que considera la originalidad como la clave del destacamiento. ¿Quiénes lo logran? Aquellos que realmente tienen la fortaleza para decir las cosas en una forma diferente.

Finalmente, Mignolo comienza a diferencias entre los términos canon y corpus, dos entidades que coexisten y no pueden negarse mutuamente. “ … el canon (concebido en términos de estructuras simbólicas de poder y de hegemonía) se convierte en una parte del corpus (concebido en términos de estructuras simbólicas tanto de poder y hegemonía como de oposición o resistencia a través del espacio social) …” (Mignolo 25) Curiosa distinción, pero aceptable para los términos de Bloom; canon es aquello que permanece por un poder –de nuevo el término trabajado por Foucult-; mientras cuerpo es aquello cercano a la gente, que involucra alternativas o impactos más reducidos. En otras palabras “… mientras el canon implica además de la particularidad de las obras que lo representa, la canonicidad de los géneros que se actualizan en tales obras, el corpus queda abierto a las alternativas de oposición y de resistencia que coexisten con la representatividad genérica del canon.” (26) ¿Entonces el corpus debe conocerse? Para esta perspectiva de los estudios culturas, interpreto, es un sí. De esta forma, podemos conocer aspectos culturales complementarios a los grandes grupos del poder –a fin de cuentas en el canon, hablando de literatura- que van conformando la sociedad complejas donde cohabitamos diariamente –por un decir, esa literatura de las minorías sexuales o de género, incluso de acceso a la educación-. El texto va retomando conceptos de cultura, trascendencia, inclusive de ficción y no ficción, folklore y todo aquello que permiten un análisis más integral de las cuestiones a nuestro alrededor.

Con los cuatro artículos revisados llegamos a un complemento: reflexionamos sobre el lenguaje y su expresión, sobre el poder y, en especial, sobre la cuestión de textos valorizados y aquellos que debemos considerar en un futuro próximo: renovarse o quedarse ahí.

Parte 2. Análisis comparativo Bloom y MignoloUno define lo canónico, el otro lo cuestiona. Bloom indica la trascendencia de ciertos autores y Mignolo retoma aquellos ignorados –como si la Escuela de los Resentidos en uno apresta y en otro se revalora-. En este sentido último, Bloom plantea qué autores y por qué consideramos sus obras como clave para nuestra cultura occidental; mientras Mignolo nos invita a reflexionar sobre esos textos y autores, cuyas temáticas nos permiten un estudio multicultural más acertado: las sociedad no se conforman sólo por las élites, sino también por las minorías.

Por una parte, “Las defensas ideológicas del canon occidental son tan preniciosas en relación con los valores estéticos como las virulentas críticas de quienes, atacándolo, pretenden destruir el canon o abrirlo como proclaman ellos.” (Bloom 32) Por otra, “Mientras que el canon pareciera implicar una relación de tipo substancial entre prácticas discursivas y paradigmas culturales, el corpus necesitaría sólo de una manejable delimitación espacial y temporal, Mientras el canon implica cuestiones de identidad… el corpus necesita de parámetros locativos …” (Mignolo 28-29). Dos ideas interesantes, pues para uno lo clásico es lo valioso e innegable, mientras para otro eso menor es aquello que finalmente dimensiona una literatura. Es creer que sólo lo occidental o lo dominante es lo “bueno” mientras que lo oriental y lo menor no merece ser leído.

Otra idea comparativa. “… aquellos que son capaces de escribir una obra canónica ven sus textos como algo mucho más importante que cualquier programa social, por muy ejemplar que éste sea. La cuestión clave es la contención, y la gran literatura insiste en su autosuficiencia ante causas más nobles: el feminismo, la cultura afroamericana y todas las demás empresas políticamente correctas de nuestro tiempo.” (Bloom 38) Mientras que Mignolo retoma un estudio de Harrison: “Prácticas marginadas por el canon literario latinoamericano y por la definición implícita de la literatura, que habían sido relegadas al “folklore” o a la apropiación oximorónica de “literatura oral”, ocupan en el libro de Harrison una dimensión equivalente a la de las “grandes obras” literarias” (29). Un contraste valioso: para uno lo menor e intrascendente por su forma no totalizadora, es para otro la materia prima de su estudio.

Estas visiones diferentes tienen sus puntos a favor: un canon bien delimitado y establecido permite un estudio más preciso de las obras y su aproximación a ellas mismas; y una vez que estas reglas se establecen, podemos entonces “abrir” el canon y decir: qué es lo revolucionario, el tema mínimo, la minoría… todas aquellas voces que realmente presentan una parte de la sociedad. No niego la exista de un canon básico, pero éste debe permitir también ese cuerpo textual que nos haga ver otras realidades, esa es la única forma de construir una sociedad más igual. Si bien para Bloom esto es “inútil”, para la perspectiva de Mignolo es valorizada, sobre todo por la aproximación cultural que se puede construir de una sociedad en particular.

Conclusión: canon o corpusSi deseamos la construcción de una sociedad más incluyente, donde todas las voces son más valiosas, hay que buscar consolidar un cuerpo que, precisamente, nos permitan combinar experiencias, sentimientos, estructuras, representaciones que nos definan cómo somos y cómo seremos.

Definitivamente una universidad o colegio que habla de humanismo, un canon es contraproducente, pues limita esa libertad de pensamiento que se busca; un cuerpo es más amplio, pues puede contener a los clásicos y a los alternativos. El acceso a la información, puntos de venta o distribución, y en especial, preparación para la lectura, son los factores que pueden facilitar esa apertura a “escuchar voces nuevas”.

En este sentido, reafirmo que la construcción de un cuerpo con clásicos y nuevos valores es vital para una mejor sociedad: la disponibilidad de una literatura que incluya más allá de simples textos, sino verdaderas representaciones estéticas una vida que evoluciona diariamente.
Para la investigación realizada recientemente sobre la producción local, es una forma de abrir el canon, de fijarnos en el corpus. El canon puede ser un Vargas Llosa, Neruda, García Márquez, Cortázar, Borges, por mencionar algunos; pero el corpus incluye todos esos autores locales que nos quieren hacer ver que no todo es realismo mágico o intelectualismo; es también cabrito y desierto, cuestiones de soledad o permanencia de los momentos ínfimos. En sí, nos permite reconocer que en la pequeña producción literaria también pueden existir grandes voces o gritos que denuncian una situación particular, presentan una realidad alternativa o, simplemente, nos dejan entrever que somos una sociedad diferente, en busca de su propia definición.


Referencias bibliográficasBloom, Harold. (1994) "An Elegy for the Canon". En H. Bloom, The Western Canon. The Books and School of the Ages New York: Harcourt Brace. PP. 1-39.
Foucault, Michel. (1980) El orden del discurso. Barcelona: Tusquets. PP. 38-64.
Mignolo, Walter. (1994-95) "Entre el canon y el corpus. Alternativas para los estudios literarios y culturales en y sobre América Latina". Nuevo texto crítico. PP 23-36.
Reisz, Susana. (1989) "¿De qué hablamos cuando hablamos de literatura?". En S. Reisz, Teoría y análisis del texto literario. Buenos Aires: Hachette. PP.13-32.

miércoles, 1 de diciembre de 2010

Voces del cabrito: a la búsqueda de una nueva novela

Monterrey ha sido conocida nacionalmente como un foco de desarrollo industrial. El clima y las condiciones geográficas han hecho de esta tierra un reto para quienes aman el trabajo y el esfuerzo diario. En los últimos años, la tierra del cabrito y la carne asada ha sido sede de eventos culturales, como el Fórum de las Culturas 2007. Esta efervescencia invita a reflexionar: ¿qué producción literaria existe en “Monterrey de las Montañas, tú que estás a par del río” citando al universal Alfonso Reyes? Definitivamente, se debe releer a este autor pero es tiempo de olvidarnos de las antologías y reediciones para adentrarnos en la nueva narrativa.

Si hiciéramos un recuento “de los daños”, en la entidad neolonesa existen narradores famosos. Por mencionar algunos: Ricardo Elizondo Elizondo (Monterrey, 1950) [1] quien combina su trabajo en el Tecnológico de Monterrey con su compleja escritura [i]. David Toscana (Monterrey, 1961) [2] señalado por sus lectores como “uno de los escritores más sagaces y originales de su generación” [ii]. Felipe Montes (Monterrey, 1961) [3] quien también apoya a nuevos valores y espacios creativos [iii]. Hugo Valdés (Monterrey 1963) [4] que ha apoyado significativamente el desarrollo de talleres y espacios literarios, además de mantenerse en el ámbito editorial [iv].

Ahondando en la producción local, Ofelia Pérez-Sepúlveda publicó en “El Norte” [5] un artículo sobre la multipremiada novela El Último Lector de David Toscana; donde también recomendó novelas regiomontanas: El Crimen de la Calle de Aramberri de Hugo Valdés Manríquez; El Camino de Santiago por Patricia Laurent; Mercedes Luminosa a cargo de Dulce María González; Nostalgia del Lodo de Óscar David López; Esa Llaga, la Memoria por Héctor Alvarado Díaz; El Enrabiado escrita por Felipe Montes. Eduardo Enrique Padilla [v] , Alejandro del Bosque [vi] ; o Armando Alanís Pulido [6], quien de pintar bardas con su Acción Poética ha logrado publicar [vii], han luchado por colocarse en la poesía, aunque el éxito se reduce a un grupo de fieles lectores o alumnos universitarios.

Paralelo a esto, hay un esfuerzo por el Fondo de Cultura Económica del Estado de Nuevo León o bien de editoriales independientes [viii] por hacer de este desierto un oasis literario. Por ejemplo, el espacio electrónico “Nuevo León Literario” (http://www.nuevoleonliterario.com/) que proyecta la creativa neoleonesa [7]. También existió “Monterred” [8], aunque para esta revisión no se encontró disponible.

Pero ¿qué va caracterizando a la literatura de esta región? Hay novelas, cuentos, ensayos, poesía e incluso teatro. [9] Es decir, hay proliferación de autores pero la difusión –o la mercadotécnica deberíamos señalar– no ha sido suficientemente efectiva para lograr el reconocimiento de los mismos. Menos hoy, donde el libro es un producto dirigido a un mercado determinado, y debe lograr el mejor desempeño de ventas y desplazarse a otras ediciones e inclusive vendiendo sus derechos para adaptación a cine y otros medios audiovisuales.

Un estudioso de la región es Miguel G. Rodríguez [10]. “El conocimiento de esas obras y esos autores [de los estados norfronterizos] se convierte cada día en una necesidad, para tener una visión más clara y objetiva de los procesos culturales en los que se inserta la literatura en general; por supuesto, tal situación implica asumir la diversidad de la producción literaria y salir de la visión centralista y homogénea que impera en los diferentes extremos de observación alrededor de la literatura.” (Rodríguez 7-8) Estos autores tienen obras breves donde lo importante es la historia, no así la estructura o el lenguaje; inclusive en la poesía, se rompen modelos clásicos para buscar la expresión autónoma. No pretenden renovar la narrativa latinoamericana; por el contrario, se satisfacen con hablar de temas a nuestro alrededor, como señala Rodríguez. Inclusive se dice que las letras mexicanas –a raíz del Crack– ubican las historias en las grandes urbes de México o del mundo, a la vez que pretenden la universalidad de su trama. Atrás quedaron las revisiones indigenistas, revolucionarias o la recuperación de la memoria, obsesión de Fuentes, Monsiváis, Poniatoswka, del Paso, y otros.

Tenemos entonces un contexto socio-cultural de búsqueda de voces propias para sobrevivir en un mundo aguerrido y comercial. Nos detenemos entonces en una autora que no figurado en listados o recuentos anteriores. Nacida en esta tierra del cabrito, finalista en el IX Premio Fernando Lara de Novela 2004 (España) y que a través de Editorial Planeta publicó su primera novela: A través de la ventana, María de Alva (Monterrey, 1969). Es profesora de planta en el ITESM y colabora con el Bachillerato Internacional, que requiere una mayor preparación como profesor y asesor de investigaciones juveniles. Es Licenciada en Letras Españolas, con Maestría en Educación-Especialidad en Humanidades y en Estudios Latinoamericanos-Especialidad en Literatura. Ha publicado artículos en la Revista Mexicana de Literatura Contemporánea y trabajó como periodista en los diarios Reforma y El Norte. Entre sus autores preferidos destaca Mario Vargas Llosa, Clarice Lispector, Rosa Montero o Tomás Eloy Martínez, y aquella literatura que exige un involucramiento total del lector. En sus palabras “le gustan las novelas que parecen cocerse a fuego lento”.

En A través de la ventana, retrata una odisea familiar (de su ascendencia materna) y su contacto con la gran literatura la lleva por un camino opuesto a la narrativa actual. Inspirada en lo latinoamericano –polifonía narrativa, saltos temporales, estructura circular-dinámica– busca recuperar la memoria de su familia. De hecho, lo proyecta en Gustaf, personaje quien ya adulto y en medio de un conflicto existencial, decide recuperar la historia de sus padres a través de diarios fechados en 1950. “El pasado es un muerto, un cadáver: no cambia, no crece, solamente se olvida, se pierde en la distancia. Monterrey, mayo de 1950. [11]” (De Alva 11)

Retomo aquí unas palabras de Sergio Ramírez [12]: en la literatura se escribe la Historia con H mayúscula –aquella del país y grandes acontecimientos mundiales– y la historia con h minúscula –la privada, íntima de cada persona–. María de Alva va creando a paso lento dos grandes atmósferas. Una de ellas, aquella de Europa, Estados Unidos y México con sus transformaciones; y la otra, a familia Levi-Meyer, sus orígenes, enfrentamientos religiosos, adaptación al cambio, en fin, aquello vivido diariamente en un seno familiar envuelto en un contexto apremiante.

La trama es encabezada por Ida, mujer aguerrida que obligada por su padre –descendiente de un héroe de las guerras napoleónicas– debe abandonar Hannover, Alemania, para viajar por América y establecerse en Monterrey, una inhóspita ciudad rodeada de cerros y envuelta en polvo. Ella tiene una triple participación: de joven recuerda al México del Porfiriato y aquel de la Revolución; de niña recuerda los grandes regalos y la vida apacible en una Alemania donde los judíos vivían tranquilamente en una nación todavía imperial; y un diálogo con su hija muerta –curiosamente la única niña que tuvo–, donde de pronto cambia la primera voz por una segunda del singular, siendo el tú la presencia de un narrador omnisciente que la obliga a reflexionar sobre puntos clave de su vida. “El silencio apoderándose de todo, con garra abierta y la vida siempre más allá. Este lugar, esta cuadra, esta calle… [13] Mientras, los ojos azueles te perforan, te interrogan, te miran ávidos de respuesta, de patria, de consuelo, de soledad. Azules como las montañas, amoratadas y enormes. ¿Serás tú esa ventana al país que te deja atrás, el abrazo lanzado al vacío de la nueva tierra que has buscado desde hace tiempo?” (De Alva 17)

Estructuralmente, las líneas argumentativas parecen vasos comunicantes: el diario de Gustaf en 1950; Ida de joven casada; Ida de niña entablando diálogos con su madre muerta, Ida ya adulta hablando con su hija muerta (invocando así el elemento fantástico); a la vez, presentando el ocaso de una época y el éxodo de familias judías. “¿Por qué Dios nos dejó solos? Tal vez se olvidó de nosotros porque nos vinimos acá, a este lugar al que llamaron el Paraíso. La tierra prometida está siempre del otro lado del mar.” (De Alva 12) En ello, va combinando intertextos en alemán e inglés, así como cartas personales y diarios comerciales. Su lenguaje se llena de símiles, abundantes descripciones, y otras figuras retóricas que hacen la narración compleja. Aproximadamente en el último tercio de la novela, van apareciendo epígrafes de Fernando del Paso, José Emilio Pacheco, Octavio Paz e inclusive extractos de La visión de los vencidos, que van dándole forma al presente.

Todo esto evoca una gran literatura, seguramente producto de una lectura apasionada y detallada, homenajeando a ese “boom” que buscó una historia simple con una estructura compleja que obliga al lector a fijarse hasta en los detallas más insignificantes. Inclusive, cual Clarice Lispector, Gustaf llega a la reflexión del proceso creativo al darle forma a la historia familiar. “Hasta aquí, esta historia me parece que está un poco confusa. No me he ocupado enteramente de respetar la cronología, y los sucesos se reparten al azar entre la segunda mitad del siglo diecinueve. Además, hay poca información, salvo algunos papeles dispersos y fotografías […] Todo esto me impulsa a dejar de escribir, pues me siento bastante impotente para poder reconstruir los hechos como me he propuesto.” (De Alva 166)

A su publicación, en el marco de la Feria Internacional del Libro de Monterrey 2005, se presentó el texto a cargo de la doctora Inés Sáenz, catedrática del ITESM. Ésta mencionó que “leyó con placer la novela y se contagió con la nostalgia de Ida, el personaje principal.” En la misma presentación comentó Felipe Montes: “El libro de María de Alva es un paseo por tiempos y espacios con un lenguaje claro que el lector agradece; define un viaje y entramado muy elaborado y de muy buena escuela; varias voces narrativas, tres personas que van y vienen muy a gusto”. (Crónica Intercampus http://www.itesm.mx/cronicaintercampus)

Por otra parte, destaca una crítica realizada por Laura Barbas Rhoden, donde dice: “The plot moves slowly at times, but as a whole, the book is well written and reads easily. Recommended for libraries and bookstores interested in contemporary Mexican literature and in Jewish studies in the Americas”. [ix] Una buena reseña para una ópera prima. Otra crítica es de “El Castellano”, “Aunque parte de un hecho real y está plagada de datos recuperados por una extensa investigación, la historia es ficticia, construida con las ventajas que brinda la literatura.” Además, poco tiempo después apareció un ensayo de Ana Portnoy Grumberg, llamado “La construcción del sentido y la identidad en A través de la ventana” de María de Alva” [14], donde hace un recuento de lo judío y su transformación frente a lo mexicano.

Hablar de por qué este texto no ha sido reconocido a nivel local o nacional se puede deber a, por un lado, una deficiente promoción del texto; inclusive la autora comentó que después de la publicación Editorial Planeta México sufrió la salida de un buen porcentaje de sus trabajadores, abandonándose así promociones y proyectos. Por otro, la falta de una difusión en medios locales a voces nuevas, pareciera que es responsabilidad del mismo autor promoverse. Un elemento adicional pudo haber sido el precio de introducción (entre 200 y 220 pesos, que en promedio es alto para un autor nuevo). En una entrevista a la escritora, ésta señala: “[el reportero] -Eres la primera regiomontana en publicar en el sello Planeta. ¿Cómo llegó allí tu novela? «Te aseguro que si tienes un buen texto y te empeñas en publicarlo, se publicará. Tienes que estar seguro de que es bueno y no dejar de moverlo, porque si no nadie más lo va a mover. Yo lo mandé al concurso en España, porque me parecía más fácil publicar allá en tanto hay mucha producción editorial.» dijo María de Alva” (De la Fuente http://www.elnorte.com/)

No podemos pasar por alto un simple hecho: la narrativa es más compleja que gran parte de los mencionados autores locales. Éstos son breves, si bien provocadores, no requieren tanta atención al momento de la lectura. Es como decir “a los lectores no les gusta batallar”. Pero es precisamente eso lo que personalmente veo valioso en este texto: a través de una complejidad nos rescata temas propios de lo mexicano, una narrativa que retoma constantemente sus temas para darles una nueva dimensión; a la vez explorar un fenómeno a veces ignorado: la migración de judíos a tierras aztecas.

Creo que esta novela es realmente una ventana a una nueva voz narrativa en la tierra del cabrito: propone releer a los nuevos clásicos latinoamericanos, para catapultarlos con una inquietud narrativa, casi familiar, casi propia, y proponerlos a los lectores un esfuerzo, el involucramiento total entre narrador-texto-lector. En otras palabras, el libro es la casa y nosotros vemos a través de sus ventanas.


Referencias bibliográficas“Autora narra historia novelada de primeros judíos en Monterrey”. El Castellano. Asociación Cultural Antonio de Nebrija. Septiembre 1 de 2005. Consultado el 26 de agosto de 2008.http://www.elcastellano.org/noticia.php?id=157

Barbas Rhoden, Laura. A través de la ventana. (Through the Window). Críticas. Enero 15 de 2006. Consultado el 26 de agosto de 2008.
http://www.criticasmagazine.com/article/CA6502246.html

De Alva, María. (2005). A través de la ventana. México: Planeta.

De la Fuente, Daniel. “Navegan por la Red letras regiomontanas”. El Norte. Junio 6 de 2001. Consultado el 26 de agosto de 2008.
http://www.elnorte.com/

-----. “Plasma en su novela valor de la memoria”. El Norte. Agosto 23 de 2005. Consultado el 26 de agosto de 2008. www.elnorte.com

Duke, Gregory. “Advierten de la moda de literatura norteña”. El norte. Octubre 15 de 2005). Consultado el 28 de agosto de 2008.
http://www.elnorte.com/

“María de Alva, profesora de la preparatoria Eugenio Garza Sada alivia desde su ventana a quienes han sufrido una pérdida”. Crónica Intercampus. Noviembre 25 de 2005. Año 3 no. 21. ITESM. Edición electrónica. Consultada el 29 de agosto de 2008.
http://www.itesm.mx/cronicaintercampus/no_21/publicaciones.html

Pérez-Sepúlveda, Ofelia. “La seducción de una novela”. El norte. Febrero 25, 2006. Consultado el 28 de agosto de 2008.
http://www.elnorte.com/

Rodríguez Lozano, Miguel G. (2002). El norte: una experiencia contemporánea en la narrativa mexicana. México: Fondo para la cultura y las artes de Nuevo León.

Notas informativas[1] Profesores de la EGADE. http://egade.itesm.mx/profesorado/adjuntos/elizondo_ricardo.htm
[2] Fichas de escritores de la Feria Internacional del Libro de Guadalajara http://www.fil.com.mx/prog05/fichas/fron_tosc.htm
[3] Felipe Montes. http://www.felipemontes.com/
[4] Valdés Manríquez, Hugo. http://www.nuevoleonliterario.com/site/?page_id=29
[5] Febrero 25 de 2006.[6] Armando Alanís Pulido. http://autordelasemana.uchile.cl/mexicanos/alanis.html
[7] Visitar http://www.nuevoleonliterario.com/site/index.php o la reflexión de Dulce María González en http://www.teatrodenuevoleon.com/articulos/liter1.html
[8] Citado en un artículo de Daniel De La Fuente, “Navegan por la Red letras regiomontanas”.[9] Por citar dos ejemplos: el análisis de Rocío Galicia (“La dramaturgia norteña como geografía de conflicto: tres ejemplos de teatro y entorno “ en Revista de Literatura Mexicana contemporánea. Mayo – Agosto 2001. Año IX. Número 23. Universidad of Texas at El Paso y Grupo Editorial Eón. Pp 111-116) y la compilación Antología Teatral. Dramas Nuevo León. México: Fondo Estatal para la Cultura y las Artes de Nuevo León, 1998. Que incluye obras de Reynol Pérez Vázquez, Hernán Galindo, Rubén González Garza, Virgilio Leos, Fernando Esquivel y Blanca Laura Uribe de Rocha.[10] Tanto en la Revista de Literatura Mexicana Contemporánea o en una compilación de sus artículos.[11] Las itálicas son mías.[12] Mentiras Verdaderas. México, Alfaguara, 2001.[13] Cambio de párrafo en el texto original.[14] En Revista de literatura mexicana contemporánea, No. 30. 2006. pp. 1037-1043.[i] Tiene en su haber: Relatos de mar, desierto y muerte (colección de cuentos, 1980); Los Sefarditas en Nuevo León (1987); Setenta veces siete (1987); Maurilia Maldonado y otras simplezas (colección de cuentos, 1988); Ocurrencias de Don Quijote (CD Interactivo, 1992); Narcedalia Piedrotas (1993); Lexicón del noreste de México (1996); Polvo de aquellos lodos (Libro y CD Interactivo, 1997); Lecumberri: Ángel y Escorpión (2000), Oasis Verde (2007). Su obra ha sido analizada por Vicente Francisco Torres (“Ricardo Elizondo: novela, destino y droga” en Revista de Literatura Mexicana Contemporánea. Oct 1996 - Ene 1997. Año II. Número 4. Universidad of Texas at El Paso y Grupo Editorial Eón. Pp 48-52) y Miguel G. Rodríguez Lozano (“El mundo cuentístico de Ricardo Elizondo: una aproximación” en Revista de Literatura Mexicana contemporánea. Ene-Abr 1998. Año III. Número 7. Universidad of Texas at El Paso y Grupo Editorial Eón. Pp 73-80) También en la tesis de Nora Guzmán Sepúlveda (“Ricardo Elizondo Elizondo y Eduardo Antonio Parra, dos escritores representantes de la literatura del norte de México”. Universidad Autónoma de Zacatecas, Junio de 2007.)[ii] Ha publicado: Las bicicletas (1992), Estación Tula (1995), Santa María del Circo (1998), Duelo por Miguel Pruneda (2002), El último lector (2004) y El ejército iluminado (2006); así como un libro de cuentos: Historia del Lontananza (1997).[iii] Ha escrito: Casa natal (1996); El Vigilante (2001); El Enrabiado (2003); Sólido azul (2003). Prepara actualmente un texto sobre “El niño Fidencio”.[iv] Destaca en su escritura: The Monterrey news (1990), Días de nadie (1992), El crimen de la calle Aramberri (1994) y La vocación insular (1999); entre sus libros de ensayo se encuentran: El laberinto cuentístico de Sergio Pitol (1998), El laboratorio del crepúsculo y otros ensayos (2002) y Ocho ensayos sobre narrativa femenina de Nuevo León (2006).[v] Con su publicación “Poemas” (2006)[vi] Ha publicado “La ciudad está bien lejos” (1994) y “Pobladores de una larga noche” (1998)[vii] Destacan: “Carrusel” (1993), “Todo lo que diga puede ser usado en mi contra” (1994), “Ligeras sospechas” (1995), “Saltos en la luna” (1996), “Gritar por poder gritar” (1997), “Descorazonamiento y fatiga” (1998), “Los delicados escombros” (1998), y “La tristeza es un somnífero interesante” (1999)[viii] Otros escritores apoyados por Conarte –Joaquín Hurtado (Monterrey, 1961); Luis Javier Alvarado (Monterrey, 1966); Ignacio Mendoza (Monterrey, 1972); Gabriela Riveros (Monterrey 1973)– ; o “Libros de la mancuspia” –Memorias del aljibe (1998) de Guillermo Meléndez (Monterrey, 1947); Háblame en la lengua de la ausencia (1996) de Anna Kullick Lackner (Monterrey, 1960); Asedio (1996) de Graciela España (Monterrey, 1964)– van dándose a conocer a través de universidades, diplomados y cafés literarios.
[ix] Crítica completa: In this debut novel, Mexican professor and journalist De Alva traces several generations of a 19th-century German family that migrates to Mexico. Their story, which is loosely based on De Alva’s own family, requires an active reader to follow the many voices of different family members. One of the main characters is Ida Meyer, a German Jew who makes a new life in Mexico with the husband she marries there. Readers follow her life from the loss of her mother in Germany to the death of her daughter decades later. De Alva opens a world of hope and loss on two continents, exploring the history of Mexico and the Jewish population there. The plot moves slowly at times, but as a whole, the book is well written and reads easily. Recommended for libraries and bookstores interested in contemporary Mexican literature and in Jewish studies in the Americas.—Laura Barbas Rhoden, Wofford Coll., Spartanburg, SC

miércoles, 17 de noviembre de 2010

Alfonso Reyes: Entre lo lírico y lo poético

“… la poesía es contacto de integración, al menos el más cabal que nos sea dable.”
Alfonso Reyes (2002, 241)

PresentaciónAlfonso Reyes, escritor regiomontano, ha sido revalorado en los últimos años no sólo por su extensa obra sino por la maestría para manejar géneros y expresiones literarias. Específicamente, se indagará en su concepción de lo lírico-poético, para reconocer ésta en su prosa y poética, y así enfatizar la riqueza manejada por su expresión. ¿Por qué este objetivo? Por una parte, Reyes escribió obra poética. En ésta, los críticos se dividen; unos la clasifican de mediocre y otros exaltan el sentimiento y el manejo privilegiado del lenguaje. Para el escritor regiomontano, ésta fue una de sus principales formas de expresión, aunque poco valorada en su tiempo. Por otra parte, el autor destacó y continúa siendo reconocido como ensayista, incluso como narrador. Tradicionalmente, comentan las reseñas consultadas, los críticos se avocan a estudiar la forma ensayística de Alfonso Reyes, cuando no así su narrativa. Él mismo comenzó su visión literaria a través del ensayo y la poesía, sin olvidarlos en las estancias internacionales o residencias en México.
Si bien al hablar de géneros literarios lírica y poesía se incluyen la una a la otra, es importante diferenciarlas y, a la vez, indicar su coincidencia en los textos de este autor. Para ello, se presentarán algunos extractos del pensamiento para conocer su postura sobre la lírica; combinadas con palabras de diversos críticos sobre textos de Reyes, íntimamente ligados a la lírica, trascendente inclusive en su narrativa y ensayística. Posteriormente, se analizan tres textos del regiomontano: Visión de Anáhuac, Ifigenia Cruel y Romance de Monterrey. Al finalizar este ensayo, se realiza una integración de ideas sobre la valoración de lo lírico–poético en Alfonso Reyes.

La obra de Alfonso ReyesAlfonso Reyes [i] nació en Monterrey, Nuevo León, el 1 de mayo de 1889 y murió en la Ciudad de México en 1959. Vivió el Porfiriato, la Revolución y la transformación de México hacia un mundo contemporáneo. Hizo una extensa carrera diplomática por Argentina, Brasil, España y Francia, entre otros, en diversas posiciones. Además fundó El Colegio de México y El Colegio Nacional. Su obra, publicada por Fondo de Cultura Económica en 19 volúmenes, está disponible incluso en forma electrónica.
Hizo una intensa labor cultural, especializándose en lo helénico, la construcción de una teoría literaria, y la revaloración de lo mexicano. “La obra de Reyes encierra un conjunto de fuerzas –poesía, narración, crítica literaria, historia, erudición y autobiografía– que nos la presenta como un centro y un plano desde el cual es posible salir y viajar en muchas direcciones ... [es] un punto de referencia en relación con el cual es posible situar todos los puntos que componen la literatura mexicana y aun la hispanoamericana.” (Castañón, 1997, 77)
Con este juicio, se cierra la presentación del llamado “regiomontano universal”, pues la trascendencia de su obra –tanto de contenido como de valor analítico– ha ido en aumento, especialmente en los espacios universitarios.

Primera aproximación: lo lírico para ReyesLa lírica, se puede decir, es tan antigua como el lenguaje mismo. Su uso implica la valoración de lo escrito, la forma que invita a pensar, el sentimiento expresado en diversas cualidades. Desde sus matices griegos y precolombinos, la lírica ha sido un vehículo para expresar el asombro del hombre hacia el mundo interior y exterior.
Por convicción, la lírica fue una de las principales herramientas que Alfonso Reyes manejó durante su obra, llevándola no sólo a la poesía –desde su visión su género por excelencia– sino a otras como la narración y a la dramática. “Toda génesis literaria es de tipo lírico, cualquiera sea después el desarrollo de la obra, y aun cuando ella alcance más tarde una objetividad lejana ... La creación comienza por dos vibraciones que se suceden o yuxtaponen en diversa manera: la investigación subjetiva (un sondearse), y la proyección objetiva (un dar a luz). La primera predomina en la lírica; la segunda, en lo que podemos llamar la episódica, ya movimiento narrativo o épico-novelístico…” (Reyes, 2005, 121-122) Esta particular visión sobre lo lírico es para Reyes esencial: rige su labor creativa-reflexiva. Posteriormente, respecto a la creación poética dice: “El poeta, pues, quiere hacer poemas… El poeta quiere hacer poemas para satisfacer un impulso contenido, un afán de acción imaginativa… El poeta tiene que defender su afán de expresión…” (Reyes, 2005, 127-128) ¿Lo lírico como subjetivo y lo poético como acción? La pregunta cobra respuesta si se piensa, de acuerdo con la propuesta de Reyes, que lo lírico nace del alma, mientras la poesía es la forma de dicha expresión; al menos una de sus formas.
En su amplia creación, el mismo Reyes reflexionó sobre la relación de lo lírico-poético, en búsqueda de construir una teoría literaria: “Ante el conocimiento poético, por así llamarlo, todo otro conocer, sea de tipo intelectual o práctico, resulta monográfico y limitado. De aquí que el entender poético procure un deleite de plenitud”. (Reyes, 2002, 242) Por entender poético se considera lo lírico; mientras que lo monográfico es precisamente la poesía. ¿Qué es entonces más valioso? ¿El fondo a través de la lírica– o la forma que puede ser poesía? Al momento se contestaría que el fondo. Lo anterior se refuerza con la siguiente cita: “Al ocuparse de nuevo del impulso lírico … Reyes le otorga, frente a la concepción original como potencia afectiva del lenguaje, una dimensión mucho más amplia que trasciende la literatura para convertirse en un impulso vital, cuya energía y capacidad creadoras conducen a la abundancia, ya sea formal, de composición, de carácter lúdico y, en general de un alcance que excede lo estrictamente necesario para la existencia ...” (Rangel, 1993, 170-171) Ese impulso, según diversas fuentes, es lo llamado “impulso lírico” que va permeando cualquier obra del escritor. Es como una fuerza de la naturaleza para exaltar y, en especial, crear. Y, según el mismo Reyes, debe ser parte de la labor del narrador o poeta, de todo aquel que tome una pluma y escriba.
Ahora, es interesante reflexionar sobre la prosa de Reyes desde un punto de vista crítico. “La teoría prosaica de Reyes no sólo es una estrategia de estilo para mezclar matices y tonos. Es una actitud de vida, vida entrelineada en la actitud. «Quiero que la vida sea una cabal explicación y por mi parte no distingo entre mi vida y mis letras.» ¿No dijo Goethe «todas mis obras son fragmentos de una confesión general»? La propuesta es convergente con la de Montaigne que aconseja no corregir y enmendar los textos sino en todo caso reformar el entendimiento.” (Castañón, 1997, 125) Privilegiar la forma es lo que se concluye de este párrafo. ¿Cómo darle a la prosa esta intención? Con la posibilidad de manejar el lenguaje lírico en dicha prosa; privilegiando el fondo sobre la forma.
Una idea complementaria a la anterior: no importa la forma en la cual se escriba, lo importante es ese «impulso lírico» continuo. En su ensayo Apolo o de la literatura Reyes dice: “Drama, novela, lírica: funciones no géneros. Procedimientos de ataque de la mente literaria sobre sus objetivos. Los géneros, en cambio, son modalidades accesorias, estratificaciones de la costumbre en una época, predilecciones de las pasajeras escuelas literarias. Los géneros quedan circunscritos dentro de las funciones: drama mitológico, drama de tesis … novela picaresca, novela naturalista; lírica sacra, lírica heroica … La lírica es lo que el lenguaje común llama poesía, cuando no sirve de vehículo al drama o a la novela. Nos desentendemos, por el momento, de la manera en prosa o en verso.” (Reyes, 1974, 47) Esto lleva a una conclusión: para Reyes no importa el género, lo valioso es el lenguaje y el «impulso lírico» en él.
En su reflexión sobre la tragedia ateniense –punto 13 del ensayo citando anteriormente– resume su visión de la lírica a través de la función del Coro: “La lírica es desarrollo de la interjección o exclamación, aunque tenga que apoyarse en acciones aludidas o relatadas; y es más pura mientras menos busca tales apoyos. (Reyes, 1974, 48) Aplicable entonces a la dramática, recuérdese que el coro es “la voz del pueblo” capaz de reflexionar, analizar e inclusive dialogar con los personajes centrales.
El punto 15 del mismo ensayo señala: “El secreto instinto hacia la lírica pura es parejo de aquel otro secreto instinto que tiende a repudiar la prosa lírica y desea asociar la lírica con el verso. ¿Por qué estas exigencias heroicas? Según ellas, parece que la forma por excelencia de la poesía (de la literatura si os empeñáis) es la lírica en verso. A la suma realización literaria se le pide, así, el sumo sacrificio de lo útil, de lo que se parece a la práctica mejor dicho, de lo que evoca las cosas de la existencia diaria.” (Reyes, 1974, 49) La fusión de ambas ideas se representa, según Pedraza, en la fidelidad de Reyes por la poesía, quien “… nos legara un conjunto numeroso de poesías, no sólo en verso sino también en prosa. Desde entonces, la chispa poética se hizo presente en la mayoría de sus obras.” (1976, 25) Con esta reflexión se cierra la primera parte, sobre la relación lírica-poética en el autor; siendo que la lírica es el vehículo perfecto para cualesquiera de los géneros literarios.

Segunda aproximación: su obraEn esta sección se toman fragmentos de tres textos de Reyes –Visión de Anáhuac, Ifigenia Cruel y Romance de Monterrey y se comentan desde el punto de vista lírico. Con citas directas o de críticos, se pretende demostrar cómo van combinando fondo y forma para su expresión. En sí, un ensayo, una tragedia y un poema serán los ejemplos para comentar que, sin importar el género la forma en Reyes es lírica: un lenguaje rico, elaborado, certero, que va pretendiendo construir sensaciones, ya por el sentimiento representado, ya por la forma expresada.
El primer texto, es una representación descriptiva del pasado indígena; el segundo, el diálogo entre diversos personajes del Ciclo de Agamenón u Orestiada, tema recurrente en las tragedias clásicas de Eurípides y Esquilo; para cerrar con un canto a la ciudad natal del autor. Esta riqueza de temas permitirá, precisamente, revelar el tono lírico a través de la escritura.
Un texto continuamente antologado es Visión de Anáhuac. Éste recrea diversos aspectos de la Tenochtitlán precortesiana, inclusive recrea olores que a primera impresión serían difíciles de imaginar. En sí es una prosa, pues sus cuatro partes utilizan la construcción paragráfica y el manejo de oraciones complejas, característico de esta escritura. Pedraza cita a Willis Robb, a propósito de Visión de Anáhuac: “en esta joya ensayística que es poema en prosa, Reyes se inspira por la musa de la geografía y de la historia: Descubre lo que llamará «la poesía del archivo».” (Willis, Américas, Mayo de 1966, 14; citado por Pedraza, 1976, 35) Aquí se detecta la presencia de lo lírico en su prosa: el fondo de la descripción es lo valioso.
Luis Leal (2004) en su presentación a Visión de Anáhuac indica que la obra “… es una contemplación estética del paisaje, una recreación del valle de Anáhuac según lo vieron los primeros españoles en 1519” (8) Y cita a Jorge Mañach indicando que “es un ensayo evocador del México Prehispánico […] una de sus pequeñas obras maestras [en la cual] poesía y saber se fundieron ya en él para integrar un dechado de documentación iluminada, de apología lírica y descriptiva a la vez.” (2004, 8)
Por otra parte, Martínez comenta que Visión de Anáhuac es una “síntesis de perfecta hermosura sobre el origen, el destino y la misión de México.” ¿A qué se debe la hermosura? Al balance perfecto entre fondo –ese México prehispánico– y forma –el ensayo y su poderoso lenguaje–. En esta misma línea, Zaïtzeff revisa las opiniones de este ensayo en voz de Castro Leal, un literario de la época de Reyes. Para Castro “la lectura de este texto, hecha "con deleite", le ha dejado - dice Castro Leal - "la impresión de cosa perfecta" (736) y más adelante resume “Castro Leal logra preparar una selección de textos así como un breve prólogo en el cual pone de relieve Visión de Anáhuac («un ensayo perfecto»)”. (739)
Remarcando el valor de su fondo –lo lírico y la evocación mexicana– González de Mendoza comenta sobre Visión de Anáhuac, una “evocación tan bella, tan precisa que su epígrafe se ha vuelto lugar común: «Viajero, has llegado a la región más transparente del aire». Se dijera creación anónima, frase sin origen, voz de la raza.” Y enfatizando el lenguaje presentado Domenchina opina que este ensayo es un “poema genesíaco, donde se descubre o se crea, a la vez que el valle histórico de ese nombre, perpetuo nómada de las reminiscencias legendarias … para asentarse legítimamente en el verbo originario y en la exactitud primigenia; venía a ser, al conseguirse como se consiguió, el módulo inicial de una nueva poesía. [ii] (1940, 461) Llama la atención el comentario sobre el lenguaje, íntimamente ligado a lo lírico. Y el remate de la cita lo enfatiza: es el inicio de una nueva poesía.
En esta misma línea, se cita a Alfonso Rangel Guerra (1996) quien comenta sobre el ensayo en cuestión: “El gozo de la palabra se detiene en los muchos nombres de animales, alimentos, adornos, ropajes, colores, cuerpos, líneas. El lenguaje se extiende, como la ciudad misma, hacia todos aquellos elementos que la componen y fijan sus características. Testimonio poético, sustentado en la virtud de llevar a la expresión los matices, formas, movimientos y composición de un conjunto, expresión de aquella grandiosa civilización condenada a la destrucción … el lenguaje es primordialmente evocación, resonancias mentales y auditivas que imponen su ritmo al pensamiento.” [iii] (449-450) En estas referencias se fortalece la idea presentada en el apartado; Visión de Anáhuac es más que una descripción, es una verdadera evocación poética. Se cita de nuevo a Luis Leal, ahora con el texto “La Visión de Anáhuac de Alfonso Reyes” donde dice “… vemos que para Reyes el paisaje determina la reacción estética en el hombre y el artista la refleja en su literatura. En México, nadie como él ha sabido captar esa emoción ante el paisaje y darle forma artística. En la Visión de Anáhuac, más que en ninguna otra de sus obras, Reyes ha sabido conjugar tema y forma con absoluta maestría. [iv] (1996, 771-772)
En resumen “he allí la esencia de la Visión de Anáhuac: poesía y saber unificados a través de una técnica basada en la reminiscencia y la evocación. (Leal, 1996, 768) Se coincide con este cierre de Leal, pues el texto logra un balance perfecto entre fondo y forma. Lo descrito y cómo lo describe son el ejemplo perfecto.
Para revisar lo anterior, se toman los fragmentos de la sección II, la descripción de la ciudad azteca, especialmente el mercado y sus alrededores, incluyendo palacios y espacios casi mágicos. Léase una de las primeras partes: “Las conversaciones se animan sin gritería: finos oídos tiene la raza y, a veces, se habla en secreto. Óyense unos dulces chasquidos; fluyen las vocales, y las consonantes tienden a licuarse. La charla es una canturía gustosa. Esas xes, esas tles, esas ches que tanto nos alarman escritas, escurren de los labios del indio con una suavidad de aguamiel.” (Reyes, 2004, 24) Si bien es una descripción del lenguaje, el fondo es lírico: hablar de dulces chasquidos, la canturía gustosa, las consonantes que se licuan; en fin, esos detalles de la descripción van más allá de la adjetivación; buscan recrear imágenes diversas con una riqueza determinada de recursos: por ahí un sonido difícil de recrear si no estás ahí mismo; por aquí una exageración que engrandece.
Otro fragmento de Reyes dice: “Las caras morenas tienen una impavidez sonriente, todas en el gesto de agradar. Tiemblan en la oreja o la nariz las arracadas pesadas, y en las gargantas los collaretes de ocho hilos, piedras de colores, cascabeles y pintajes de oro. Sobre los cabellos, negros y lacios, se mecen las plumas al andar.” (24) El manejo de los opuestos o contrarios, impávido-sonriente, de la figura como cabellos que se mecen como plumas; ambos recursos propios de la lírica, la contraposición exalta el lenguaje para recrear ideas determinadas, más allá de simplemente nombrarlas.
Otro de los recursos importantes para lo lírico es la exageración: esa riqueza brindada por el español al hacer superlativas diversas acciones humanas. “Los gigantescos ídolos –afirma Cortés- están hechos con una mezcla de todas las semillas y legumbres que son alimento del azteca. A su lado, el tambor de piel de serpiente que deja oír a dos leguas su fúnebre retumbo; a su lado, bocinas, trompetas y navajones. Dentro del templo pudiera caber una villa de quinientos vecinos.” (26) Las exageraciones del número de vecinos y la mezcla de “todas” las semillas y legumbres remarcan esa exageración. Tómese otra cita para ejemplificar este mismo recurso, ésta dice: “El emperador aparece, en las viejas crónicas, cual un fabuloso Midas cuyo trono reluciera tanto como el Sol. Si hay poesía en América –ha podido decir el poeta-, ella está en el gran Moctezuma de la silla de oro. Su reino de oro, su palacio de oro, sus ropajes de oro, su carne de oro. Él mismo, ¿no ha de levantar sus vestiduras para convencer a Cortés de que no es de oro?” (33) Uno de los mitos en torno a la capital azteca es la desmedida riqueza de sus habitantes y palacios; aquí se plasma en la vistosidad del oro, evidente ante los ojos codiciosos. ¿Por qué repetir la palabra “oro”? A la vez que exalta la codicia española remarca la grandeza azteca. La repetición puede crear sonoridad, recurso lírico, que envuelve la lectura y brinda una nueva forma a lo que repite. De esta forma, el oro exalta y enaltece, a la vez, acusa al codicioso.
Aunado a la repetición, se detecta la trasposición de los sentidos a través del lenguaje. Véase el siguiente fragmento: “… las formas se funden entre sí; estallan en cohete los colores; el apetito despierta al olor picante de las yerbas y las especias.” (30) El hecho de la fundición y el estallido en cohetes remarcan la exageración de la idea –podría tratarse de una serie de fuegos artificiales que estallan continuamente– que parece llenar de color y de formas diversas el espacio. Por otro lado, el hecho de oler una sensación del gusto (lo picante) habla de una trasladación de sentidos, recurso propio de lo lírico.
En estas citas hay ejemplos de exageración, trasladación de sentidos, repetición de ideas, entre otros; recursos propios de la poesía, en este caso utilizados en un texto en prosa y con el objetivo de enaltecer la descripción. Las otras partes del texto –1.La presentación del Anáhuac; 3.La flor; y 4.Cierre personal– también utilizan diversos recursos para crear ese «impulso lírico» que enriquece la descripción. En este caso, la forma es la prosa para la descripción del Anáhuac; pero el fondo es detallar los rincones y olores de la urbe, capaces de recrear una imagen viva a través de los diversos sentidos. En otras palabras, la lírica.

El segundo texto por analizar es la obra dramática Ifigenia Cruel, escrita según el parámetro de una tragedia griega clásica. Sus recursos básicos son el diálogo y el manejo del coro. Sin embargo, aprovechando este formato, el lenguaje es complejo, lleno de figuras y tropos, que va más allá del simple diálogo a una recreación lírica. Este recurso es señalado por diversas críticas; señalando también la belleza del texto. Pedraza dice sobre esta obra: “Ifigenia Cruel se llama el poema donde brillan más señeras las (sic) dotes naturales de Alfonso Reyes, su afinidad por el equilibrio de la palabra, la armonía del verso y su penetración espontánea en los modelos clásicos.” (1976, 87-88) De nuevo, la importancia del fondo sobre la forma. Se resalta que la forma expresar la palabra es tan importante como la presencia del modelo clásico. Entonces, fondo –el sentimiento de recuperación de la memoria de Ifigenia o la necesidad de un sacrifico por parte de Orestes, combinado por supuesto con el valor lírico de la obra–, se combina con la forma –drama trágico según el parámetro griego clásico–, logrando así el valor singular.
Para ampliar los comentarios sobre este poema dramático –para algunos erróneamente denominado así por el mismo Reyes, pues predomina la forma dramática más que la lírica– se incluyen diversas opiniones al respecto: “Sitio destacado en su vasta obra tiene Ifigenia cruel (1924), el hermoso poema dramático, que junto a su valor teatral y a su importancia como recreación del mito heleno, sobresale por su poderoso lirismo y por cuanto nos ayuda a la comprensión psicológica de su autor. Sublimando en el molde de la antigua leyenda su propia aventura, Reyes acertó a realizar una de sus obras de más perdurable y profunda emoción poética.” (Martínez en http://www.alfonsoreyes.org/obra.htm)
Por una parte, Fernández Retamar opina que “Ifigenia, realizada con feliz osadía en verso … [es] una forma más abierta y desgarrada, sujeta no obstante por un algo de argumentación calderoniana. [v] (1996, 377-378) Por otra, Gómez de Baquero señala: “la forma verbal y la forma métrica tienen gran importancia en una obra de esta clase, que no puede conmover ni apenas interesar sin presentarse con una noble vestidura. Está escrita la Ifigenia, de Reyes, en variedad, y podría decirse en anarquía, de versos, sacrificando con buena elección la melodía y compás de los metros usuales a la justa expresión de las imágenes. Con el verso libre, instrumento difícil para la armonía, al que están poco acostumbrados los oídos castellanos, pero el más propio para poemas que son reflejo de lo antiguo y piden una precisión estatuaria, se mezclan las rimas. Brotan de repente asonantes y consonantes; hay hasta un soneto … Una lectura atenta e inteligente saboreará bellezas de expresión, tropos de gran estilo, un como espíritu escultórico de la poesía … Reyes puede jactarse de haber hecho poesía griega en castellano.” [vi] (1996, 92-93) Con ambas referencias, se destaca la calidad del lenguaje que presenta la obra. Un equilibro perfecto entre lenguaje y precisión dramática, según claro los parámetros clásicos. Para resumir el poema, se incluye el comentario de Ventura Doreste, quien señala “… Ifigenia Cruel, el poema dramático en que se concentran las mejores virtudes de Reyes. Respecto de su poesía, ese libro viene a ser lo que la Visión de Anáhuac es respecto de su prosa.” [vii] (1996, 204) Este comentario, según la propuesta presentada, comprime la visión de Ifigenia Cruel: conjunción drama y lírica.
Para realizar la aproximación a la obra es bien sabido: en las tragedias griegas el coro es una pieza fundamental: es la voz del pueblo que acusa, señala o exterioriza el pensamiento de los pensamientos. Aquí, junto con la voz de otros personajes, refuerza el sentido lírico de las palabras. En el acto I, el Coro dice:
“Respetemos el terror / de la que se salió de la muerte / y brotó como un hongo en las rocas del templo.
A osadas pretendía hablar / como no hablan viento y mar, / sacudiendo ansiosa los árboles / que respondían a gritos de pájaros, / o arrancando caricias rotas / en el reventar de las olas.” (Reyes, I, 87) [viii]
Y más adelante, en el mismo acto se recita: “No; rechina entre tus dientes la voz: / ni recordar ni soñar sabes, / ni mereces los senos en el pecho, / ni el vientre, donde sólo crías la noche.” (I, 94) Nótese lo lírico de los fragmentos anteriores: brotar como un hongo, hablan viento y mar, ansiosa los árboles, entre otros detalles, van mostrando diversos tropos. En el fragmento dos del coro, la sección “vientre, donde sólo crías la noche” presenta una analogía, donde la noche es la ausencia, la oscuridad, por lo tanto el vientre está seco, sin hacer aquello que debe hacer, dar vida. Y el Coro también acusa, al indicar que Ifigenia no es digna de ser mujer por descalificar sus senos. Esta forma de expresarse es lírica, al aprovechar el lenguaje para dar un mensaje determinado: esa mujer es criticable, objetable; tal vez presa de un pasado sin memoria, pero promotora de sacrificios y desvirtudes.
La protagonista de este drama, Ifigenia, también presenta este tipo de lenguaje desde el acto I: “Y, sin embargo, siento que circula / una fluida vida por mis venas: / algo blanca que, a solas, necesita / lástimas y piedades.” (I, 89) Y más adelante “Pero al furor sucede un éxtasis severo. / Mis brazos quieren tajos rector de hacha, / y los ojos se me inundan de luz. / Alguien se asoma al mundo por mi alma; / alguien husmea el triunfo por mis poros; / alguien me alarga el brazo hasta el cuchillo; / alguien me exprime, me exprime el corazón.” (I, 90) Ambos diálogos hablan de un paralelismo entre el cuerpo de la protagonista y diversas acciones ejecutadas por objetos inanimados como el hacha, la luz, el cuchillo. En sí, representa un sacrificio, cómo a través de ella los hombres buscan matar o triunfar en batalla o bien tener éxito, todo derivado del sacrificio humano y la acción de lastimarla.
Mas no sólo el coro y la protagonista utilizan esta forma lírica de hablar. También los personajes ambientales (un Pastor) o secundarios (Orestes) utilizan este recurso. Léase los ejemplos. “PASTOR: Íbamos a bañar las reses en la cueva / que sirve de refugio al pescador púrpura, / porque el toro, señora, vuelve al mar como el río, / para cobrar allí sangre, valor y brío.” (II, 99) Y el hermano Orestes:
“Detente, Pílades, que siento / el indeciso vaho de los dioses; / y, entre los ojos de la carnicera / me sorprende el halago de una mirada rubia.
No en vano las aguas se abren y se juntan; / no en vano los vientos y el elástico mar, / no en vano gimen y aúllan / en torno a la nace del griego que sabe esperar.” (III, 104-105)
El Pastor habla de un pescador púrpura –algo sagrado y a la vez doloroso, por el color representado–, y también la personificación del toro al indicar que éste cobra sangre y brío. Orestes, por su parte, enfatiza la repetición de esa partícula negativa para representar su idea. Con estos ejemplos, ambos utilizan la cuestión lírica en sus diálogos, embelleciendo los mensajes sobre la entrega y el sacrificio.
Se quiso añadir un ejemplo más, del Coro, ubicado en el acto final. “Alta señora cruel y pura: / compénsate a ti misma, incomparable; / acaríciate sola, inmaculada; / llora por ti, estéril; / ruborízate y ámate, fructífera; / asústate de ti, músculo y daga; / escoge el nombre de que guste / y llámate a ti misma como quieras: / ya abriste pausa en los destinos, donde / brinca la fuente de tu libertad.” (V, 126) Principalmente, existe una diseminación y recolección de ideas para establecer a Ifigenia y una personalidad determinada: una personalidad maligna y rechazada, pero con la oportunidad de vivir de nuevo. Además, la división sintáctica de la oración parece hablar de una pegunta u orden, y después de una respuesta. Así, se enfatiza la cuestión lírica del diálogo.
Se han visto diversos ejemplos, en variados personajes, donde la riqueza no es sólo el diálogo sino los diversos recursos líricos presentados por Reyes a lo largo de la obra. Sin importar la sección o acto, inclusive los personajes, los diversos tropos o figuras literarias se van marcando para enriquecer líricamente el texto.
Como tercera parte de esta sección, se indica que en poesía destaca, al menos para la visión neolonesa, un poema concreto: Romance de Monterrey. Construido en forma de verso, proyecta el uso del lenguaje lírico; con rima asonante, erudición y búsqueda de un lenguaje formal y estructurado, se convierte en un canto de grandeza no sólo a una región geográfica, sino a la exaltación de sentimientos de su lugar natal.
Eugenio Florit comenta sobre éste, una “… verdadera declaración de amor a su ciudad” (1996, 26) Y más adelante lo resume como “gran poema lírico, diríamos, emanado de una experiencia propia según nos declara el autor, que una vez emancipada de su angustia se proyecta «sobre el cielo artístico» y queda descargada en «un coloquio de sombras»." [ix] (135) Lo valioso de esta cita es destacar la proyección de un tema recurrente para Reyes: la recuperación de lo suyo, lo mexicano; en este caso, lo regiomontano, su ciudad natal.
El mismo Florit concluye sobre el poema: “Lo entrañable suyo, de la tierra, ¿en qué mejor modo expresado que en el famoso Romance de Monterrey, ya citado, o en los clásicos versos de «La hora de Anáhuac», que en 1912 es un anuncio muy claro de otra cosa, convertida en la prosa insuperada de la «Visión de Anáhuac» de 1923? En ella está el paisaje, gentes y animales de la «región más transparente del aire».” (1996, 36) Nótese el énfasis que el poema representa para este crítico: la fusión entre conocimiento de la técnica con el sentir propio de Reyes, la búsqueda de un sentido a través de la poesía, la lírica al servicio de la recuperación del pasado.
Su poesía, en resumen habla de todo aquello que Reyes tiene en el corazón y en la mente: “El amor por la naturaleza, el amor por su patria, su padre, sus amigos, el amor por la mujer y por todo lo que es bello, ha marcado senderemos luminosos a su obra. Cada poema es un latido de su corazón. Aire y sentimiento se funden en su creación poética...” (1954: 36) Se aplica lo anterior a Romance de Monterrey, considerándolo una expresión de algo que Reyes vivió poco pero quedó enmarcado en su corazón: la tierra de su nacimiento, ahí vivió poco más de una década junto a su padre. Otro poema complementa esta idea, “El Sol de Monterrey”, donde un Reyes niño corre y juega bañado por singulares rayos celestes, y que a la vez deja profunda huella en su sentir.
Y aplicado al poema analizado, Garrido comenta “en cuanto a la forma, Reyes domina todas las técnicas poéticas, pero siente inclinación por el romance: “El romance –asegura– nos transporta a la mejor época de la lengua, trae evocaciones tónicas, desperezada, ofrece sola sus recursos. Además –ventaja para aprovecharla ahora mismo– el romance deja entrar en la voz cierto tono coloquial, cierto prosaísmo que se nos ha pegado en esta épica, al volver a las evidencias.” (38) Entonces, el Romance de Monterrey es un poema breve pero lleno de emoción y de forma, tal como Reyes ha pretendido escribir. [x]
Ahora toca el turno de revisar a detalle la primera estrofa (Reyes, 1955, 52-53):
Monterrey de las montañas, / tú que estás a par del río; / fábrica de la frontera, / y tan mi lugar nativo / que no sé cómo no añado / tu nombre en el nombre mío:/ pues sufres a descompás / lluvia y sol, calor y frío, / y mojados los inviernos / y resecos los estíos, / -no sé cómo no te amañas / y elevas a Dios un grito, / por los pitos de tus fraguas / y de tu industria en los silbos, / por que te enmiende la plana / y te enderece el sentido, / diga a la naturaleza / que desande lo torcido, / y te dé lluvia en verano / y sequedad con el frío.
A través de la analogía “fábrica de la frontera” indica que, al lado de un país extranjero tiene una fuerte industria, característica de la ciudad. La personificación surge con la frase “sufres a descompás”; pues a la ciudad le imprime la habilidad de sentir; y también con la frase “elevas a Dios un grito”, tiene la misma finalidad. Un repaso de su clima es tratado en los mojados inviernos y resecos estíos, anteponiendo el adjetivo al sustantivo y creando una sensación de clima extremo. Y luego un juego de lenguaje, donde prácticamente el valor de la ciudad pretende exigirle a la naturaleza que cambie las inclemencias y le dé un excelente clima a lo largo del año.
Lo personal queda marcado con la frase “no sé cómo no añado tu nombre en el nombre mío”. Aquí comprime el sentimiento de pertenencia que tiene realmente arraigado: nacer y vivir en Monterrey es para él una de las cuestiones más grandes en su vida. Y para representarlo usa lo lírico: fusionar sus nombres, Reyes y Monterrey.
Con este sencillo poema se refuerza la idea de lo lírico, ahora en un medio natural como puede ser la poesía. Los diversos recursos presentados hacen que el lenguaje sea valioso, lleno de significado y simbolismo. Y lo más interesante, es un texto breve pero cargado de sentimiento y, en especial, de una expresión cuidada, la lírica al servicio de la pluma. Recursos varios, propios de la poesía, pero que van más allá al fundirse con lo lírico.

A manera de conclusión: lo lírico-poético en Alfonso ReyesEn los textos presentados hay un género concreto: prosa, obra dramática o poesía. Sin importar cuál, los tres presentan un fondo lírico: la exaltación del sentimiento y la palabra a través de un lenguaje rico, complejo, elaborado.
La postura de Reyes de indicar la lírica como centro de la creación literaria se ve en la prosa, la dramática y por naturaleza misma en la poesía. Esto plantea la revalorización de su escritura a la luz de la propuesta. Y no sólo esto, también que sin importar el género es posible utilizar lo lírico para describir, exaltar, enriquecer. Se indicó que para la poesía este recurso es natural, tal como se explicó en el análisis de Romance de Monterrey. En Visión de Anáhuac e Ifigenia Cruel, se habla cómo a través del ensayo y la dramática se logra esa recuperación lírica, centro de la creación de Reyes. Inclusive, las citas adicionales aquí mencionadas respaldan esta idea: textos de perfección, van conjugando fondo y forma paralelamente.
Breves los tres, pero contenedores de recursos literarios que los enriquecen y los hacen más complejos frente a una simple descripción o un diálogo tradicional. Así, un elemento básico es, precisamente, lo lírico. Escritos en periodos diferentes, la tríada representa la forma de escritura de Reyes, tanto por la exaltación de lo mexicano –Visión de Anáhuac y Romance de Monterrey– como la representación de los sentimientos –Ifigenia Cruel–. También los dos primeros tienen mucho de sentimiento; y el tercero una interpretación personal de la pertenencia: recuperar la memoria perdida. Lo mexicano o lo regional, junto al pasado y su presencia constante, son constantes en la obra cargada siempre de un lirismo a su estilo.
¿Se ha revalorado lo lírico? Sí, sin importar la extensión de los textos se puede lograr la construcción adecuada para exaltar lo lírico. Tampoco sin importar su género. Esto se logra a través de los recursos propios de lo lírico como la exageración, la analogía, la personificación, la descripción abundante, la adjetivación, lo opuesto, lo sonoro, la traslación de sentidos, la repetición de ideas, y por citar alguno más, el juego del lenguaje. De una u otra forma, éstos están presentes en los fragmentos analizados. Su trabajo, entonces, es rico por el trasfondo presentado y, paralelamente, por la utilización de un lenguaje lírico en ese mismo fondo. Al menos para los textos aquí propuestos, sí se identifica la cuestión lírica y, además, en forma rica y creativa. En sí, el sentimiento domina desde el fondo. ¿Por qué énfasis el fondo? La estructura misma de los textos hace natural esas columnas líricas: los diálogos, las descripciones o las narraciones se van nutriendo de lo lírico para hacer un acabado total: diversos géneros alimentados del mismo fondo, lo lírico.
Con este análisis, se logra recuperar primero la propuesta de Reyes sobre lo lírico-poético, la cual fue vertida en su obra. En los fragmentos aquí expuestos esto queda evidente por la utilización de los diversos recursos sin importar el género de los mismos; en sí, se detecta en los textos ese «impulso lírico» que motiva a Reyes a escribir en su prosa o su poesía, simplemente algo singular. Pareciera este estilo lejano a estos días, y representa una carga de erudición difícil de alcanzar.
Dicho «impulso lírico» es el vehículo en su prosa –Visión de Anáhuac– y en su poética –tanto Ifigenia Cruel como Romance de Monterrey–, al enfatizar la riqueza manejada por su expresión. Esta consideración permite revalorar dicha característica en Reyes, una singularidad que no existe en autores de su época e inclusive en ésta. Según lo expuesto por el autor regiomontano en la primera sección de este trabajo, el «impulso lírico» debe estar presente para realmente retratar los diversos sentimientos –en este caso, la evocación de un pasado indígena grandioso, la entrega y la memoria, así como la melancolía por su tierra ya lejana, respectivamente en cada texto analizado– a exaltar. Inclusive en la representación de lo mexicano, en el olor de las tierras lejanas, y las ideas de entrega-sacrificio, el «impulso lírico» les da forma, dejando los simples sentimientos en configuraciones de lo lírico, formas de lenguaje que representan dichos sentimientos en forma compleja y acertada a la vez. En otras palabras, lo lírico debe surgir del alma, y para estos textos de Reyes, es cierto.



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Notas[i] Información tomada del texto Aniversario 100 del Archivo General del Estado de Nuevo León.
[ii] Publicado originalmente en Hoy, México, 22 y 29 de junio de 1940.
[iii] Conferencia leída en la Universidad Autónoma de Nuevo León, mayo de 1986 y publicada originalmente en El Anáhuac a través de Alfonso Reyes, Monterrey: UNAL, 1986, pp 15-21.
[iv] Publicado originalmente en El ensayo y la crítica literaria en Iberoamérica (memoria del XIV Congreso de Literatura Iberoamericana), Toronto, Canadá, 1970, pp. 49-53.
[v] Publicado originalmente en Orígenes, La Habana, año X, no. 34, 1953.
[vi] Publicado originalmente en “Antiguo y moderno”, El sol, Madrid, 4 de febrero de 1926.
[vii] Publicado originalmente en Asomante, San Juan de Puerto Rico, XVI:2 (abril-junio 1960) pp. 20-37.
[viii] Los números romanos colocados al centro de la referencia son los actos o partes del citado drama.
[ix] Publicado originalmente en Revista Hispánica Moderna, New York, XXII: 3-4 (julio-oct. 1956) pp. 224-248. Y en Poesía en J. Martí, J.R Martínez, A. Reyes, F. García Lorca y P. Neruda, Miami: Universal, 1978, pp 81-115.
[x] Durante la investigación para el trabajo, se notó un número considerable de críticas y análisis sobre su poesía en general, inclusive de su estilo, por ejemplo “El estilo de Alfonso Reyes: imagen y estructura” de James Willis Robb; sin embargo, hay pocas referencias directas al poema Romance de Monterrey.