lunes, 27 de enero de 2014

Compartiendo noticias: Recordarán con homenaje póstumo legado de Ricardo Elizondo


Este 27 de enero se llevará a cabo en la Biblioteca Cervantina del Campus Monterrey una ceremonia en honor al bibliotecario, cronista-historiador y docente del Tecnológico de Monterrey, quien falleciera el 24 de agosto de 2013, pero cuyo legado permanecerá por siempre en la universidad de la que formó parte.
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Como un reconocimiento a su perfil como bibliotecario, cronista-historiador y docente del Tecnológico de Monterrey, este 27 de enero se llevará a cabo el homenaje “Ricardo Elizondo, Un Hombre del Tec”.
El también escritor, quien llegó a ser un férreo guardián y promotor del Patrimonio Cultural del Tecnológico de Monterrey, falleció el 24 de agosto de 2013, pero su legado permanecerá por siempre en la Institución.
Nacido en 1950 en Monterrey, Nuevo León, fue Contador Público de profesión, pero se dedicó luego a la cultura y literatura, como su verdadera vocación.
A través de sus obras logró retratar y compartir las costumbres y anécdotas de esta región del país, llegando a ser reconocido como una de las plumas más importantes de la llamada “Literatura del desierto”.
Escritor, conferencista, archivista, bibliotecario, historiador, amante del arte, una persona muy versátil con una gran personalidad envolvente a la hora de conversar, consideran quienes fueron allegados.
Ricardo Elizondo fue un gran representante de los escritores del noreste del País. Incursionó en textos de poesía, de obras teatrales, fue consejero de CONARTE, estuvo vinculado a la Academia de la Lengua en el capítulo mexicano, fue representante de México en el programa Memoria del Mundo de la UNESCO, el cual promueve la preservación y el acceso a la herencia documental de la humanidad.
Más de 50 obras y colaboraciones cuentan en su legado, algunas de ellas muy renombradas como el libro “Lexicón del Noreste de México”, para el cual realizó una serie de visitas a pueblos y rancherías para conversar con la gente mayor de esos lugares y conocer las palabras que provenían de esas raíces.
Libros como “Setenta veces siete” (novela que obtuvo el Premio Colima del Instituto Nacional de Bellas Artes en 1987), fue reeditada infinidad de veces.
Mientras que el libro “Polvos de aquellos lodos”, donde recababa fotografías antiguas del norte de México, que pertenecen al acervo del Tecnológico de Monterrey, fue de los primeros libros editados en versión CD, en la década de los noventas.
Referencia
AGENCIA INFORMATIVA DEL TECNOLÓGICO DE MONTERREY. INSTITUCIÓN. CULTURA. REDACCIÓN PANORAMA. 20.01.2014

sábado, 25 de enero de 2014

Entre las sombras y la psicología humana



Puedo decir que he leído gran parte de la ficción de Jorge Volpi. Y también de sus ensayos. En este espacio, lo he reseñado en (Hacia la unidad latinoamericana... un ensayo, un sueño; Voces de 1960: En busca de la década perdida)

Mi primer encuentro fue En busca de Klingsor, y de ahí para el real, como se dice. Después de mucho tiempo, mientras conseguía la firma para No será la tierra, le comenté a Volpi que encontraba con grandes visiones del autor: aquellas historias arrancadas de una anécdota que en 100 páginas lograban un estilo único; y otra, de la historia totalizadora, una novela completa como diría Vargas Llosa. Estuvo de acuerdo conmigo.

Eso es independiente del ensayista, que tiene un peculiar estilo para documentar y reconstruirnos la realidad de diversas formas.

Ahora comento una novela que tiende a la primera línea: La tejedora de sombras (2012), ganadora del Premio Iberoamericano de narrativa Planeta-Casamérica 2012.

Con personajes que ya ha planteado en El fin de la locura, Volpi se lanza a través de una sinfonía con sus determinados movimientos, a narrar la historia de Christina Morgan, una mujer de la vida real que rompe con los esquemas sociales de su tiempo y, a través de la psicología, se lanza en la búsqueda de su propio ser.

Como algo positivo de la novela, el autor nos presenta una narrativa fraccionada, llena de diferentes puntos de vista, acompañados de fotografías, dibujos y múltiples intertextos.

Como algo difícil, una historia tal vez redundante, que trata de visualizar los recovecos de la mente humana.

Es un texto algo difícil de leer, que invita a una relectura, y que nos orilla a revisar los elementos reales y los ficcionales, a manera de psicoanálisis y de test de personalidad a través de imágenes, donde ficción y realidad se van entremezclando.

Si eres “fan” de Volpi, te gustará. Si no, le pondrás un asterisco al texto.

Andamios: Benedetti y la esperanza recobrada



La primera vez que escuché algo sobre Andamios (1996) fue en un evento denominado Compresencias, un espectáculo del Tec de Monterrey; en particular, un homoneja de voz y presencia del autor. En esa ocasión Ari Telch leyó fragmentos de la obra y un grupo de estudiantes completaron la lectura.
Fue una experiencia fantástica.

Más de 10 años después encontré el libro y finalmente tuve oportunidad de leerla: otra experiencia fantástica.

Un viaje largo me permitió terminar la novela en 3 días.

Así, nuevamente Mario Benedetti forma parte de mis resúmenes literarios (Biografía para encontrarlo; Un pasado que debe olvidarse... pero el presente lorecuerda)
La novela plantea el regreso a su país de un exiliado. Poco a poco va recobrando sus rincones, sus viejos hábitos, antiguos amigos, platillos de antaño. En cada momento, algo le recuerda a sus ideales, la huida de la cárcel, el dolor de los desaparecidos, la experiencia de los encerrados.
En este regreso, no hay reclamos ni discusiones. Simplemente hay diálogos.

Y día a día, como menciona el propio autor en su introducción, los personajes van reconstruyendo su vida, y para ello necesitan una viaje voz conocida, un antiguo compañero de lucha, un familiar amado, todos ellos, van funcionando como los andamios que se requieren para la construcción.

El exilio se convierte en un dolor físico, y mientras algunos salidos juran y cumplen nunca volver, otros añoran su pasado y quieren enfrentarse a él. En medio, aquellos que se fueron de su tierra y perdieron con sus sueños el sentido de pertenencia.

Ante una familia dividida y una madre que lo ama, Javier Montes busca su país en las calles, en los bares, en las viejas voces. Y es que los años no han pasado en balde: la democracia es lo de hoy, y los jóvenes desconocen el costo de la misma.

La esperanza renace en un antiguo amor, en el enfrentamiento familiar ante lo material y lo económico, ante un viejo militar que quiere reivindicarse con una víctima del pasado.

A un buen ritmo, con la nostalgia de sus textos, la agilidad del lenguaje, la calidad de sus díalogos y las frases que nos hacen reír, Benedetti nos presenta los andamios de una historia que asombra, que enseña y que invita a ser parte de una excelente obra latinoamericana. 

domingo, 19 de enero de 2014

El lago: la nueva novela de Yoshimoto en México



Banana Yoshimoto atrapa. Narra con maestría. Presenta personajes demasiado humanos, presas del dolor. Con un toque casi fantasmagórico de esperanza.

En este espacio he platicado de ella en dos ocasiones: Más allá del callejón y Vida y muerte, el ciclo del ser.

Y cada vez que tengo enfrente a un texto de ella, no dejo de leer. 

Su visión casi pesimista lleva a leer una y otra página, para descifrar qué característica o qué le ha pasado a este personaje para tener este sentimiento, este aparente vacío. 

En su novela El lago (2013), Yoshimoto regresa a sus leit-motivs para explorar cómo la muerte de una madre lleva a Chihiro a mirar frente a su ventana y encontrar a Nakajima, otro joven quien casualmente ha perdido a su madre también. 

Esta casi imperceptible semejanza los lleva a compartir su tiempo, y casi sin quererlo, construir una relación de amistad, carente de sexo y de pasión, pero llena de necesidad de compañía. 

Y es que en el Japón de Yoshimoto la soledad de estos seres se refleja en su trabajo, en su pequeño departamento, en sus escasos hobbies. 

La novela va relevando poco a poco el pasado de los personajes, para criticar casi sin querer el amor, el materialismo, las convenciones sociales del matrimonio o el trabajo, y en forma sorpresiva, incluso de los secuestros y los grupos terroristas-extremistas de la nación nipona. 

En el texto todo es Yoshimoto: el lago como símbolo de la paz, el dolor y el amor, la muerte como detonante, la esperanza que se dibuja en una sonrisa. 

Una excelente novela, que recomiendo sin más.