miércoles, 15 de diciembre de 2010

Novela, historia, metaficción, posmodernidad...

1. La novela como género literario.Novela puede ser todo y puede ser nada… pero a la vez, es diferente de otros géneros clásicos-muertos-definidos como el teatro o la épica. Este puede ser el resumen de la visión de Bajtín (1991) sobre este género. Estébanez define novela como “relato de ficción intermedio entre el cuento y el romanzo o narración extensa. La palabra “novela”, que ne castellano del Siglo de Oro tuvo su acepción original de relato breve, posteriormente servirá para designar la narración extensa, mientras que relato breve será denominado novela corta. Dada la gran diversidad de modelos que presenta la mencionada narración extensa a lo largo de su historia, es difícil elaborar una definición precisa y omnicomprensiva de novela. Esta dificultad se incrementa por el hecho de su confluencia (o asimilación de elementos y técnicas) con otros géneros, como la epopeya […] la lírica […] el drama […]” (2006: 746) En este sentido, coincide con la reflexión de Bajtin (1991) quien señala éste es un género en formación, que todavía no termina de formarse, pero que a la vez logra destacar de los otros géneros. Para Platas la novela “con un tono y un estilo menos elevados [respecto al romance] se centra en lo cotidiano y verosímil, suele ser reflejo del mundo circundante, y muestra personajes que se inspiran en personas corrientes, dotados de caracteres entreverados (ni totalmente positivos ni negativos del todo), cuya psicología trata de ser presentada a lo largo del relato … es un género narrativo en prosa, de extensión variable y de imprecisa definición, aunque hay que partir del convencimiento de que, como toda obra narrativa, es una construcción verbal y no un trozo de realidad.” (2006: 540) También concide con Bajtin (1991), quien marca precisamente la diferencia entre épica y novela: la primera exalta las grandes historias de los delineados héroes, mientras la segunda abre posibilidades de personajes e elimina ese determinismo antiguo.

Bajtin resume tres rasgos que hacen a estos textos un género: “1) la tridimensionalidad estilística, relacionada con la coincidencia plurilingüe que se realiza en ella; 2) la transformación radical en la novela de las coordenadas temporales de la imagen literaria; 3) una nueva zona de construcción de la imagen literaria en la novela, zona de máximo contacto con el presente (contemporaneidad) imperfecto.” (1991: 456) Estas tres características, en otras palabras, nos resumen que es un texto donde los diversos lenguajes (tanto del narrador como de los personajes, inclusive, de los motivos en ella involucrada) conviven en forma armónica; también marca un cambio radical del tiempo y el relato per se, mientras la épica ignora el “inicio” de una historia y a veces “obvia” el final de la misma, la novela pretende construir introducción, desarrollo y conclusión para darle sentido al universo planteado; finalmente, la zona de lo moderno se nutre de diversos recursos estilísticos y lingüísticos para reafirmar esa indefinición: a veces más diálogo (como el drama) o más heroísmo (como en la épica), la novela se va construyendo a sí misma.

Para remarcar las diferencias con otros géneros, el drama privilegia el diálogo –recurso importante para la novela-; la poesía involucra lo lírico y el uso de tropos y figuras literarias –que un buen texto también puede plantear-; sin olvidar los recursos de personajes o tramas puntuales –extraído de la narrativa breve o cuento-. Sumando esto y su capacidad de innovación / experimentación, la novela se plantea como una forma moderna de expresión –tal vez el único producto de la posmodernidad- donde caben ideales, recursos y, en sí, la visión integrista o localista de su creador.

2. La historia como narraciónPlatas señala que la “historia” puede definirse como “Género científico-didáctico que tiene como finalidad principal la relación de hechos verdaderamente sucedidos. Participa de lo literario en cuanto que muchos de sus cultivadores han sido extraordinarios prosistas.” (2006: 376) La misma autora complementa esta definición con la distinción de “histografía”: “disciplina que se ocupa del estudio bibliográfico y crítico de los estudios sobre la Historia, sobre el arte de escribirla, sus fuentes, los autores que le han tratado y las diversas perspectivas desde las que lo han hecho, según los influjos que hayan podido recibir.” (2006: 377) Como se ve en las citas anteriores, la historia plantea los hechos “reales” y la histografía “cómo y por qué se cuentan así esos hechos”. Esta diferencia, como plantea el mismo White (1978) hacen reflexionar: si lo escrito depende del ámbito del historiador ¿qué visión se da entonces de los hechos “reales”? ¿y cómo verificar que son reales y que esa visión es, precisamente, neutral?

La cuestión científica de este género lo aclara Estébanez: “ciencia dotada de un aparato conceptual y metodológico específicos, que integra en su desarrollo las aportaciones de otras disciplinas como la geografía, la economía, la demografía, etc.” (2006: 511) De esta forma, tradicionalmente tenemos que la historia es la ciencia para contar los hechos pasados, pero la forma de presentarlos representa ahora un reto. White (1978) comenta que ahora los historiadores “toman prestado” esa forma de presentar los hechos ficcionales –específicamente del cuento o la novela- para dar a conocer su visión de la historia.

“How a given historical situation is to be configured depends on the historian’s subtlety in matching up a specific plot structure with the set of historical events that he wishes to endow with a meaning of a particular kind. This is essentially a literary, that is to say fiction-making operation.” (White, 1978: 85) Esta reflexión nos presenta de nuevo la visión de Platas y Estébanez, donde en nuestro tiempo, historia y narración se funden para generar un texto determinado. ¿Esto hace menos valiosa a la historia? Desde mi punto de vista, no. Simplemente nos invita a reforzar que un género vivo, el cual va tomando experiencias de otros para generar nuevos.

Por otra parte, y haciendo otra reflexión sobre la narrativa de la historia, White señala “The narrative itself is not the icon; what it does is describe events in the historical record in such a ways as to inform the reader what to take as icon of the events so as to render them “familiar” to them. The historical narrative thus mediates between the events reported in it on our culture to endow unfamiliar events and situations with meanings, on the other.” (1978: 88) En ese proceso de remarcación donde la narrativa cobra importancia: ¿qué es lo importante de los eventos presentados? Decirlo toca del historiador. ¿Cómo lograr el mejor efecto a través del lenguaje? De nuevo, el historiador. Entonces la historia si bien es una ciencia o una metodología determinada, en la actualidad es importante también cómo presentarlo; la respuesta común ha sido, a través de la narración, tomando prestados recursos de géneros como la novela.

3. La metaficción historiográfica y la historia en la posmodernidadSe mencionó previamente la diferencia entre historia e histografía. En otras palabras, surgen de lo mismo, pero se complementan para estudiar los fenómenos históricos. Ficción, por otra parte, es todo aquel hecho o narración que plantea algo no real pero verosímil; es decir, presenta eventos que no han ocurrido –y tal vez nunca lo hagan- pero sí plantea un mundo creíble, razonado, pensado. Entonces ¿qué plantea la metaficción? ¿qué es ir más allá de lo ficticio? Metaficción, es para Platas, “ficción que habla de la ficción, lo que se prueba en la gran cantidad de novelas y cuentos –aparte de obras de otros géneros- en los que se recuerda al lector que todo en ellos es inventado y se aventuran juicios y reflexiones sobre las propias técnicas compositivas.” (2006: 472) Uniendo ambas ideas, se tiene entonces que la ficción es un hecho inventado, y la metaficción es hacer consciente que es falso pero verosímil.

Para la historiografía –esa visión particular de hacer y decir historia- debe usar, precisamente, esa concientización para dar a entender sus escritos de una forma más directa, que no parezca vence ahí la visión personal. Entonces, esta ciencia o estudio detallado plantea estar consciente de qué recursos uso para dar a conocer un hecho histórico, partiendo de una serie de éstos que surgen de la literaria: y donde la ficción se entremezcla con la realidad. En sí, es un fenómeno actual, pues surge de la fusión o combinación de géneros y formas de aproximarse desde la visión histórica.

Ahora, cuando hablado de historia en la posmodernidad –estos días nuestros inclasificables realmente- tenemos que pensar en metaficción y en historiografía. Para Hutcheon “Postmodern fiction suggests that to re-write or to re-present the past in fiction and in history is, in both cases, to open up to the present, to prevent it from being conclusive and teleological. (1988: 110) Entonces la posmodernidad plantea un juego entre pasado y presente, de tal forma que necesito saber cuáles son mis recursos para dar el mejor resultado posible. En sí, enfrentando la ficción y la historia “Postmodernisim deliberately confuses the notion that history’s problema is verification, while fiction is veraticy” (Berthoff citado en Hutcheon, 1988: 112) He aquí la clave de la metaficción: verificación versus veracidad. En historia, lo primero es posible, no de ser ciencia o estudio de algo determinado. Por otra parte, la literatura, por su misma concepción de ficción, no reflexiona sobre este juego de quién dice qué y cómo, entonces requiere reforzar lo verosímil. Es decir, existe un debate para especificar qué sí puede ser real y qué verosímil, y qué se necesita para llegar a ello. “Historiographic metafiction […] the referent is always already inscribed in the discourses of our culture. (Hutcheon, 1988: 119) Aquí el punto clave –que finalmente ayuda a este proceso de posmodernidad y reflexiones literarias- es el elemento cultural; la metaficción lo hace consciente, pero el proceso tradicional de escribir historia, no. “Postmodern architecture and visual arts, like literature must contend with modernism’s attempts to be outside history –through pure form, abstractionism, or myth – or to control it through theoretical models of closure. In postmodern fiction, the literary and the historiographical are always being together and usually with destabilizing, not to say unnerving, results.” (Hutcheon, 1988: 109)

En resumen, la posmodernidad plantea una forma determinada de escribir historia, apoyada en la reflexión literaria. Y también, la detección de formas diferentes para narrar una historia.

4. Las características de la nueva novela histórica en América LatinaPlatas define novela histórica como “Género narrativo que une a hechos de importancia histórica la fabulación literaria, generalmente mediante la creación de personajes que sirven de hilo aglutinador a los acontecimientos.” (2006: 557) Por su parte, Estébanez complementa señalando “Esta recreación del pasado histórico se hace desde un punto de vista arqueológico, proyectando sobre una época lejana […] una interpretación caprichosa, con el vano intento de reproducir el espíritu de una época sobre la que, en realidad, estaban proyectando los propios esquemas culturales […]” (2006: 757) Con estos conceptos, se nota que la novela histórica es una revisión del pasado, pero a veces, desde una mirada actual. De hecho, se ha dicho que los textos de Homero cuentan de una región que se extinguió siglos atrás, pero al retomarla, presenta los hechos con una visión “más moderna”.

Este fenómeno sucede en América Latina: nuestra misma historia reciente nos impide ver estas cuestiones por su proximidad, y cuando lo retomamos lo hacemos con una reflexión actual. Estébanez habla de este fenómeno: En la literatura hispanoamericana surge una abundante producción de novelas históricas, escritas, las más de ellas, con propósito didáctico, al menos en su fase inicial: recordar a los distintos pueblos de América su tradición nacional. (2006: 757-758) Y a fin de cuentas, es un origen noble, mejor que el otorgado por los conquistadores.

¿Cómo se plantea entonces la nueve novela histórica en América Latina? De entrada, Menton menciona que se retoman características de la narrativa del boom: el afán muralístico, totalizante y lingüística (aunque menos hermética)” (Menton, 1993: 30) Y si tenemos abundante producción de esta naturaleza, también –aunque en menor medida- viene esa revaloración de lo pasado. Tal vez para crear el propio sentido de identidad, que se desvaneció por guerras o situaciones particulares. Pero, hay que considerar que una “buena” novela histórica es escrita por dos o tres generaciones atrás, de tal forma que tengamos la opción de ver objetiva y fríamente le pasado, y ahora sí, analizarlo; esto hace que perdamos textos de Fuentes, Sábato, Vargas Llosa y Carpentier, por mencionar algunos. Entonces ¿hay baja producción de estas novelas históricas? A priori la respuesta es sí. Aunque el éxito editorial de algunos “libros más sencillos” plantean precisamente esto, renovar la visión y hablar sobre un pasado más lejano.

Menton resume, para diferenciar estos fenómenos, seis rasgos característicos de la nueva novela histórica (2006: 42-44):
  1. La subordinación, en distintos grados, de la reproducción mimética de cierto periodo histórico a la presentación de algunas ideas filosóficas.
  2. La distorsión consciente de la historia mediante omisiones, exageraciones y anacronismos.
  3. La ficcionalización de personajes históricos.
  4. La metaficción o los comentarios del narrador sobre el proceso de creación.
  5. La intertextualidad.
  6. Los conceptos bajtinianos de los dialógico, lo carnavalesco, la parodia y la heteroglosia.
Nótese que hay textos que pueden afirmar lo anterior, pero hay otros que quedan “muy cercanos”. Por ejemplo, textos del Siglo de Oro o del Romanticismo en México pueden escribirse sin problemas, por la distancia planteada entre el autor y el hecho narrado. Se puede afirmar que uno de los recursos más populares es la intertextualidad, donde la mezcla de “documentos” y “testimonios reales” es de vital importancia. Por ejemplo, Sergio Ramírez en Margarita, está linda la mar, recrea la época de Darío; pero en Sombras nada más nos pone un contexto más cercano a él: el triunfo Sandinista y el nuevo gobierno humanista. ¿Qué texto cumple mejor con la definición? La primera, han pasado ya 2 generaciones entre la vida de Rubén Darío y la propia del narrador.
También se puede decir que este tipo de novela, resume Menton “atribuye el crecimiento en la narrativa actual: buscamos en la historia claves para comprender, medir y resolver los problemas que surgen de la inestabilidad total de la actualidad nuclear.” (1993: 57) ¿Nos buscamos o nos definimos a través de la literatura? La respuesta sería un sí. Es así como esta novela va en crecimiento, tanto en lo editorial-comercial, como el debate de ideas que permite acrecentar no sólo los títulos, sino el impulso la creación literaria. A medida que las sociedades maduran, es posible que Lationamérica tenga una mejor forma de organizarse y, por qué no decirlo, perdonar el pasado y así generar nuevas alicientes.

A manera de conclusiónCon estos conceptos –novela como género, historiografía, novela histórica, la moderna y América Latina- se puede dar forma a nuestra forma de escribir: siempre partiendo de un hecho real, es tal la disponibilidad de material que surge un texto verosímil, casi real.
La historia se continúa escribiendo, pero el ámbito es sumamente importante. Es el que permite conocer sobre otros países y costumbres, y la realización del discurso debe estar completa, dado que ha habido diversas funciones. La utilización cada vez más marcada de recursos narrativos, la historia también entra en el juego de la madurez.
En sí, todavía “vivimos” del boom, pero este tipo de autores permite ir conociendo otras visiones. La novela histórica y su momento, van en crecimiento: entre la búsqueda de entretenimiento y de recursos, de tal forma que vamos también ampliando el tiempo de la revisión y, en equipo, retoma y enaltece.

Referencias bibliográficas Bajtín, Mijail. (1991) "Épica y novela. Acerca de la metodología del análisis novelístico". Teoría y estética de la novela. Madrid: Taurus Humanidades. Pp 449-485.
Estébanez, D. (2006) “Historia”, “Novela”, “Novela histórica”. Diccionario de términos literarios. Colección Filología y Lingüística. España: Alianza Editorial.
Hutcheon, Linda. (1988) "Historiographic Metafiction: The Pastime of Past Time". A Poetics of Postmodernism. History, Theory, Fiction. New York & London: Routledge. Pp 105-123.
Hutcheon, Linda. (1988) "Historizicing the Postmodern: The Problematizing of History". A Poetics of Postmodernism. History, Theory, Fiction. New York & London: Routledge. pp 87-101.
Menton, Seymour (1993). "La nueva novela histórica: definiciones y orígenes". La nueva novela histórica en América Latina 1979-1992. México: FCE. 29-66.
Platas, A. (2006) “Historia”, “Histografía”, “Metaficción”, “Novela”, “Novela histórica”. Diccionario de términos literarios. 4ta edición. España: Espasa.
White, Hayden. (1978) "The Historical Text as a Literary Artifact". Tropics of Discourse. Essays in Cultural Criticism. Baltimore and London: The Johns Hopkins University Press.

martes, 7 de diciembre de 2010

Colón y el juego de la historia

Introducción: La ironía como juego históricoEn Los pasos de López (1987) Jorge Ibargüengoita reconstruye uno de los episodios clave de nuestra historia: el inicio de la lucha de independencia, una visión humana del cura Hidalgo quien, acompañado de sus cuatro sobrinas, vive rodeado de gente con buenas intensiones, pero cero creatividad; a menos, claro, que esté la mandona, esa mujer que obliga al marido a realizar sus caprichos, entre ellos apoyar este proyecto de locura. De la misma forma, Rosa Beltrán en La corte de los ilusos (1995), plantea la vida del primer emperador mexicano, Agustín de Iturbide, como un caprichoso general capaz de cambiar la ruta del Ejército Trigarante en su entrada triunfal a la Ciudad de México con tal de pasar bajo el balcón de su amante. Ya con estas ideas, ambos textos toman los hechos históricos y plantean a través de la ironía cómo personajes casi míticos tienen una dimensión real y humana, y vale la pena decir, a veces demasiado humana.

Es precisamente el recurso de la ironía frente a lo histórico una de las herramientas que Alejo Carpentier utiliza en El arpa y la sombra (1978) una narración en forma de biombo tríptico con personajes brotados de la realidad y otros ficcionales, recuperando uno de los hechos históricos clave para nuestro continente: el encuentro de dos mundos, Europa y América. Pero este texto no es únicamente una revisión más de este encuentro o descubrimiento –nombre que, durante lustros, se le asignó a la hazaña de Colón-. La ironía reside no en hablar del genovés, sino en ponerlo como un viejo al borde de la locura o la muerte –que inclusive para él pide a su querida “Columba” quien no es otra que la reina católica- lo ayude a conquistar su tierra.

¿Por qué canonizar a un personaje que, supuestamente fue judío, tuvo hijos fuera de matrimonio y prácticamente engañó a propios y extraños para lanzarse a ese viaje hacia los confines de los mares? La razón: Latinoamérica necesitaba un santo. ¿No sería irónica la canonización por índole política o en aras de ampliar la Fe en el verdadero Dios, como solían decir los Reyes Católicos Españoles de esa época?

Es por ello que estamos ante un texto dinámico, que juega en sí mismo con su contenido, y hacia fuera con los lectores. Tomando reflexiones casi verdades, casi mentiras, diálogos que parecen robados de libros de historia, el elemento irónico se posiciona de la narración para dimensionar en forma diferente a esa navegante que, buscando la “vinlandia” se lanza prácticamente al vacío de la vida: idolatrado, rechazado, apoyado, negado, reconocido, repudiado, tuvo al mundo a sus pies, pero murió triste y abandonado en una viaja habitación. ¿Ironía o justicia divina?


Los símbolos y sus representacionesEn el texto de Alejo Carpentier, cubano universal de gran erudición y literatura histórica, presenta cuestiones como el poder, la Fe, el oro, la trascendencia ultramarina, las posesiones de tierra extraterritoriales, la Corte, los juicios y las promociones canónicas; cuestiones que de una u otra forma simbolizan, por una parte, el contexto socio-histórico en el cual está inmerso El arpa y la sombra: el apetito por descubrir aquello en mapas heredados pero desconocido para muchos; la construcción de una Fe en territorio virgen y, finalmente, la discusión atemporal de la bondad o maldad de hechos sucedidos doscientos años atrás. Parecieran símbolos de la grandeza humana, pero a la vez de su perdición.
El oro, representación tradicional del materialismo y la codicia humana, aparece en este texto continuamente en el capítulo 2, la narración en primera persona de Colón. “… oro en diminutas placas –no tanto oro, en realidad, como yo hubiese deseado-; oro que me parecía poco oro, de pronto muy poco oro, junto a los adornos, blasones y recamados que me rodeaban, junto a los paños dorados, a las mazas de los maceros, a los áureos bordados del dosel –poco oro, al fin.” (Carpentier 320) Si bien esta Corte Española prefiere el oro a otros metales preciosos, se convierte realmente en una forma de mantener las diferentes guerras que España tiene en los frentes de Flandes, Francia, Inglaterra y, de vez en cuando, con su vecina Portugal. Todo eso hace que España codicie el oro, situación aprovechada por Colón para proyectar esa necesidad de materialismo y opulencia que tiene el hombre. El oro se convierte entonces en un motivo; la cita presenta la pobre presentación ante los Reyes Católicos; y también va a representar esa necesidad del navegante por demostrar que sí existe oro en esta tierra; su búsqueda y el poco encuentro que tiene del metal, hace que se cuestione realmente la trascendencia de sus viajes; como él mismo dice, termina exiliado por no traer el oro, aquel que ayuda a sostener lo bélico.
Las islas descubiertas por Colón van a representar la esperanza por nuevas riquezas, el despertar por la codicia. Curiosamente, en las islas prácticamente no había oro, todo era verde, cultivable, lleno de especias y yerbas desconocidas para los españoles. Esta cuestión puede representar el aislamiento del resto del mundo frente a los habitantes de éstos lugares poco desarrollados. La misma descripción del territorio se convierte en un reto: “Fui sincero cuando escribí que aquella tierra me pareció la más hermosa que ojos humanos hubiesen visto. Era recia, alta, diversa, sólida, como tallada en profundidad, más rica en verdes-verdes, más extensa, de palmeras más arriba, de arroyos más caudalosos, de altos más altos y hondonadas más hondas, que lo visto hasta ahora, en islas que eran para mí, lo confieso, como islas locas, ambulantes, sonámbulas, ajenas a los mapas y nociones que me habían nutrido.” (Carpentier 305) y más adelante dice “Había que describir esa tierra nueva. Pero, al tratar de hacerlo, me hallé ante la perplejidad de quien tiene que nombrar cosas totalmente distintas de todas las conocidas –cosas que deben tener nombres, pues nada que no tenga nombre puede ser imaginado, mas esos nombres me era ignorados y no era yo un nuevo Adán, escogido por su creador, para poner nombres a las cosas. Podía inventar palabras, ciertamente; pero la palabra sola no muestra la cosa, si la cosa no es de antes conocida.” (Carpentier 305) Entre ambas citas detectamos, precisamente, cómo esta tierra puede representar la esperanza de un mejor mañana, pero a la vez, la expansión territorial y económica de un país belicoso.
Un símbolo interesante para denotar una crítica son los mismos indígenas, originarios de estas “nuevas tierras”. Al no encontrar oro, Colón confiesa que piensa salvar su empresa a través de la venta de esclavos. Los reyes, a pesar de su codicia, recuerdan la cuestión cristiana y frenen este negocio. “… después de haberse hecho en Sevilla una muy provechosa venta de una partida de mis indios capturados en la Española, había llegado, severa, fulminante, una real orden prohibiendo el floreciente negocio que yo hubiese aconsejado e instaurado. Parece que Sus Altezas, remordidas de escrúpulos, habían reunido una comisión de teólogos y canonistas para saber si era lícito el tal comercio, y los que siempre hubieses sido mis enemigos de habían pronunciado, como siempre, en deterioro de mis intereses.” (Carpentier 335) La crítica es certera: a falta de oro se puede vender otra cosa, en esta ocasión, otra vida humana.
Para esta sección, nos gustaría incluir tres símbolos generales, presentes en el título del texto (excepto el segundo) y en las denominaciones de los capítulos. Primero, el arpa: viene a simbolizar lo celestial, lo divino; la crítica nace de lo que ahí pasa: ese Papa que por razones políticas y/o personales debe decidir apoyar o no esta casusa. Los seiscientos obispos, la presión de las personas en Chile que el mismo Papa conoce en un viaje juvenil, y en sí, la esperanza de que crezca y se mantenga la Fe católica en el continente naciente, hacen que este capítulo retome la idea de divinidad y humanidad: estar bien aquí para también estarlo arriba.
El capítulo dos, donde Colón toma la narración a través de su diario o de sus delirios seniles, se llama “La mano”: a fin de cuentas, la mano puede representar el trabajo diario, lo imperfecto, lo humano, cómo un ser puede manipular las cosas a su alrededor. Y qué mejor que Colón hablando para simbolizar el crecimiento y ocaso de este navegante: la humanización del personaje nos permite simbolizar lo frágil de la naturaleza humana, la codicia, la avaricia, la mentira, la lujuria, en fin, pareciera que la mano representa todo aquello negativo que el hombre hace, el acto indebido.
Finalmente, breve pero igual de valioso, está el segmento “La sombra”. Aquí, ante una presencia espiritual de Colón que a veces quiere gritarles durante ese “juicio” para demostrar su inocencia, surge el debate ante lo trascendente: qué es importante, lo que logras o lo que dejaste de hacer, tu pasado o tu presente. A fin de cuentas, el juicio simbolizaría las posturas que frente a toda acción humana pueden haber: a favor o en contra.

Entre la historia-real y el estilo narrativo de CarpentierEl ensayo de Roberto González Echeverría presenta una introducción al marco de la novela histórica, donde el narrados que nos ocupa tiene gran parte de su obra. Se plantea, en pocas palabras, que la historia es una fuente y prácticamente un personaje en los textos del autor cubano. Pero no únicamente presentar una serie de datos históricos, sino comentarlos en un marco humano, la búsqueda del origen de un pueblo que cancela una historia para imponerse otra, y que después quiere regresar a la primera. Según González “[sus últimos trabajos] … la mayoría de estas interrogantes eran variaciones sobre la cuestión de la identidad latinoamericana. Las respuestas más convencionales flotaban a mi alrededor: lo universal en lo local, el continente mestizo, al encrucijada de las culturas y las razas del mundo, la presencia fáustica, de indios y africanos.” (26) Aquí precisamente quedan los capítulos “El arpa” y “La mano”: la búsqueda de un santo que impulse la Fe y la reflexión personal que nos permita conocer y juzgar mejor al navegante.
Especialmente en “La sombra”, el debate en torno a la biografía, vida y obra del genovés pareciera nutrirse ávidamente de una fiel documentación histórica. “La historia es el tema principal de la ficción de Carpentier y la historia de la que se ocupa –la del Caribe- es una de principios y de fundaciones.” (González 33) Si bien el personaje en cuestión es europeo, su vida afectó definitivamente a este continente. Paradójicamente, muere sin saber que ha estado en una tierra completamente nueva, para Colón, llega a la India y estuvo cerca de los lugares de leyenda descritos por Marco Polo.
Retomando una cita del texto “Había que describir esa tierra nueva. Pero, al tratar de hacerlo, me hallé ante la perplejidad de quien tiene que nombrar cosas totalmente distintas de todas las conocidas –cosas que deben tener nombres, pues nada que no tenga nombre puede ser imaginado, mas esos nombres me era ignorados y no era yo un nuevo Adán, escogido por su creador, para poner nombres a las cosas. Podía inventar palabras, ciertamente; pero la palabra sola no muestra la cosa, si la cosa no es de antes conocida.” (Carpentier 305) Colón quiere describir con su lenguaje algo que es completamente desconocido, y ahí la paradoja de este hecho; si bien ve y quiere describir lo observado, el Gran Almirante se enfrenta a dos cuestiones; por un lado, hay cosas cuyos nombres desconoce, y por otro, la necesidad de describir la abundancia del oro, cuestión que se indicó previamente, era inexistente. González dice que “En la escritura latinoamericana, el Nuevo Mundo ocupa entonces un espacio doblemente ficticio: el provisto por la tradición europea y el reelaborado por los escritores latinoamericanos. Al escribir desde dentro de una tradición occidental y en una lengua europea, los escritores latinoamericanos sienten que escriben en el interior de una ficción de la que ellos forman parte, y para poder escapar de ese cero literario deben luchar para constantemente reinventarse y para reinventar a Latinoamérica.” (37) Una idea expuesta por diversos autores ¿podemos describir lo que vemos y sabemos con una lengua que no es nuestra? ¿cómo describir en “castellano” aquello que los “indígenas americanos” viven en su propia lengua?
La historia personal de Colón, del Papa y de los enjuiciadores / defensores son finalmente elementos que van definiendo el contexto de la novela. “La empresa literaria entera de Carpentier emana del anhelo de captar ese momento de inicio en el cual la historia colectiva y la historia del ser arrancan simultáneamente; un momento en que comenzarían el lenguaje y la historia, y que sería, por consecuencia, el fundamento de un código simbólico desprovisto de fisuras temporales o espaciales”. (González 41) La fisura del tiempo la logra el capítulo “La sombra”, donde finalmente diversos elementos históricos –incluyendo al espiritual Gran Almirante- se conjugan en diversas visiones de la historia: charlatán, conocedor, manipulados, impulsador, embustero, gran convencedor; aparte de realizar en una época totalmente diferente a la propia.
Pogolotti ahonda en el estilo del autor cubano, especialmente en este texto, diciendo que “para Alejo Carpentier la razón de ser se expresa en términos de conciencia histórica. Esa lucidez necesaria no surge de la revelación concedida en estado de gracia, ni se deriva de un proceso meramente intelectual. Tan difícil conquista es obra de pensamiento y acción. De ahí que el escritor utilice con tanta frecuencia la historia como elemento indispensable en el tramado de sus obras.” (21) Y qué mejor que el mismo Colón –capítulo 2- para defenderse, decir que todo lo que hizo tuvo una razón concreta para realizar. Lo mismo sucede en los fragmentos 1 y 3: el Papa está consciente que su firma o la vía extraordinaria son una forma de manejar el poder e impulsar la fe; mientras la investigación documental y el rebate histórico permite revalorar o de plano hundir la figura de Cristóbal Colón.
Según Moreno Cortina en su ensayo sobre El arpa y la sombra el “propósito no es el de reconstruirnos una época y unas costumbres (cosa que sabía hacer Carpentier cuando quería), sino el de introducirnos en el alma de un ser humano.” (http://www.archivodenessus.com/rese/0324/index.html) Y es específicamente en el alma de Colón donde residimos: viudo, padre, vividor, embustero, pero navegante, negociador, conocedor de las tramas de la Corte, pero ávido de riqueza y de reconocimiento popular, de hacer hasta lo improbable con tal de tener financiamiento para el primer viaje a esa “tierra de vinos”. “La mano”, ese monólogo personal que vislumbra una persona senil, hace a fin de cuentas la presencia humana del descubridor de América –nombrada así por quien prueba que estaban ante un nuevo continente- no por su descubridor.
Un elemento valioso en el estilo de Carpentier en este texto, es la parodia que hace de varios personajes clave: el mismo Colón al ser un vivaracho, la reina Isabel al ignorar a su marido con tal de satisfacer su vida personal, y los diferentes defensores / acusadores de su pureza / impureza de acción. La grandeza y la pérdida de la credibilidad, que más paradoja para la ambición humana y la vulnerabilidad de quienes tienen el poder o están sedientos de riqueza.
Como personajes históricos clave: el Papa Pío IX, pieza clave en autorizar o no el proceso de canonización “por medios extraordinarios”; “Y, junto a la respetuosa solicitud, había, en foja separada, un breve mensaje dirigido a la Sacra Congregación de Ritos que, al recibir el aval de la firma pontifica, echaría a andar, de inmediato, el intrincado proceso de la beatificación del Gran Almirante de Fernando e Isabel. Su Santidad tomó la pluma, pero la mano empezó a sobrevolar la página, como dubitativa, desmenuzando una vez más las implicaciones de cada palabra.” (Carpentier 225) ¿Humano al dudar? Sí, pues nos permite conocer un lado reflexivo, lleno de dudas, de quien ejerce un poder particular.
El mismo Cristóbal Colón, judío converso, navegador y charlatán y quien durante el texto recibe diversas denominaciones como Christophoro, el Invisible, entre otros. “Carpentier hace de Colón un judío converso hijo de tabernero, mentiroso, pendenciero, mujeriego, visionario y por si todo eso fuera poco, marinero. Desde luego, la historia de cómo llegó a convencer a Isabel la Católica (a la que llama cariñosamente Columba) después de vagabundear por las cortes europeas” (Moreno Cortina http://www.archivodenessus.com/rese/0324/index.html) Más adelante, el mismo autor señala del personaje que “Un Colón que engaña para conseguir sus propósitos, que no son otros que la gloria personal, que deslumbra con visiones de oro y conquistas a los nobles castellanos y que no duda en vender esclavos en Sevilla (ante el espanto de los reyes españoles) para rentabilizar sus viajes. Y que sin embargo, no se nos presenta con tintes sombríos, sino con toda su entera humanidad al descubierto.” (Moreno Cortina http://www.archivodenessus.com/rese/0324/index.html) Nótese como esta reflexión complementa nuestra reflexión sobre el personaje, una entidad ya humanizada, que raya en lo carnavalesco: entregar incluso su cuerpo para conseguir el beneficio indicado.
No se puede pasar por alto a quien abrió las puertas de la gloria al navegante, y también según Carpentier, la de su propio cuarto: Isabel la Católica, mujer feria y aferrada a los favores personales. “No tuvieron indicios de que allí hubiese oro… detrás de mi quedaban dos islas por mí bautizadas, por mi inscritas en la geografía del mundo … el augusto nombre de Santa María de la Concepción, y el otro nombre, grato, gratísimo para mí, de Isabela.” (Carpentier 308-309) La devoción de Colón hacia la reina deja un entredicho histórico: ¿qué pudo hacer para convencerla? Una persona que en un matrimonio político, que recién unificaba un territorio, expulsaba a los Moros del mismo, y después a los judíos, comenzando su enfrentamiento a la Europa Renacentista, confiara ciegamente en una empresa llena de dudas, de imposibilidades. En fin, más allá de la descripción histórica –la cual realmente es escasa- este personaje se humaniza para mostrar un lado del chantaje personal, de la idolatría y, como en toda Corte, de la volubilidad monacal.
En resumen, El arpa y la sombra se nutre de hechos y personajes históricos, pero utiliza recursos poéticos o licencias literarias para crear una obra única, descriptiva e irónica: nada es como parece, y los grandes acontecimientos son productos de un capricho personal, no de una planeación estratégica global.

Fuentes sobre “El arpa” y “La sombra”Estos dos capítulos presentan el antes y después de la firma papal para iniciar el proceso de canonización, uno de los máximos reconocimientos que el alma cristiana puede recibir. Castañón presenta una breve nota sobre el libro de Léon Bloy titulado El Revelador del Globo; mientras que Villar Serrano con Cristóbal Colón: el secreto mejor guardado, plantean el apasionado proceso de beatificación de Colón, por un lado, y por otro, la declaración que la Iglesia Católica niega dicho proceso al estar frente a un converso judío, apoyado por ellos en una misión de reconocimiento.
También hay diversos ensayos que van abundando en circunstancias históricas y personales que rodean a los personajes y este proceso polémico: Castañón [1], Mackenbach [2], Mora [3], Palmero [4], Souviron [5], entre otros.
La novela histórica y El arpa y la sombraPara Platas la novela “con un tono y un estilo menos elevados [respecto al romance] se centra en lo cotidiano y verosímil, suele ser reflejo del mundo circundante, y muestra personajes que se inspiran en personas corrientes, dotados de caracteres entreverados (ni totalmente positivos ni negativos del todo), cuya psicología trata de ser presentada a lo largo del relato … es un género narrativo en prosa, de extensión variable y de imprecisa definición, aunque hay que partir del convencimiento de que, como toda obra narrativa, es una construcción verbal y no un trozo de realidad.” (2006: 540) También coincide con Bajtin (1991), quien marca precisamente la diferencia entre épica y novela: la primera exalta las grandes historias de los delineados héroes, mientras la segunda abre posibilidades de personajes e elimina ese determinismo antiguo. Estamos, definitivamente, ante una novela: el mundo circundante es el de Colón e Isabel, un mundo que ya no cabe en Europa y que requiere conocer nuevas fronteras. Además, toma estos personajes históricos y les da un toque de cotidianeidad: altaneros, embusteros, mentirosos, cariñosos, caprichosos, en fin, da un volumen propio de una persona “normal”, no precisamente literaria. Pero raya en lo épico, partiendo que Colón se lanza en tres naves hacia un viaje que, probablemente, no tenga fin.
Como punto clave, este texto combina narración e historia. Platas señala que la “historia” puede definirse como “Género científico-didáctico que tiene como finalidad principal la relación de hechos verdaderamente sucedidos. Participa de lo literario en cuanto que muchos de sus cultivadores han sido extraordinarios prosistas.” (2006: 376) La misma autora complementa esta definición con la distinción de “histografía”: “disciplina que se ocupa del estudio bibliográfico y crítico de los estudios sobre la Historia, sobre el arte de escribirla, sus fuentes, los autores que le han tratado y las diversas perspectivas desde las que lo han hecho, según los influjos que hayan podido recibir.” (2006: 377) Como se ve en las citas anteriores, la historia plantea los hechos “reales” y la histografía “cómo y por qué se cuentan así esos hechos”. Esta diferencia, como plantea White (1978) hacen reflexionar: si lo escrito depende del ámbito del historiador. El ámbito de Carpentier, al menos lo revisado para este trabajo, plantea una cuestión rica en documentación, con el afán de dar un ámbito complejo y certero, capaz de construir un ambiente real y verosímil. En este sentido, presenta tres momentos históricos: la propuesta de la canonización, el relato del navegante y el juicio de éste para dicho proceso, presentados en forma ficcional: narrador omnisciente en los segmentos 1 y 3, y un narrador-personaje en el 2. De esta forma, logra construir una narrativa interesante, descriptiva e intimista. Una versión posmoderna de una hecho histórico reconocido, pero ahora inyectado de humanismo, una combinación perfecta de historia y ficción, narración y recursos literarios.
Por su parte, la posmodernidad plantea un juego entre pasado y presente, de tal forma que necesito saber cuáles son mis recursos para dar el mejor resultado posible. La metaficción está entonces en debate: verificación versus veracidad. En historia, lo primero es posible, no de ser ciencia o estudio de algo determinado. La literatura, en contraparte, por su misma concepción de ficción, no reflexiona sobre este juego de quién dice qué y cómo, entonces requiere reforzar lo verosímil. Es decir, existe una interrogante para especificar qué sí puede ser real y qué verosímil, y qué se necesita para llegar a ello. “Historiographic metafiction […] the referent is always already inscribed in the discourses of our culture. (Hutcheon, 1988: 119) Aquí el punto clave –que finalmente ayuda a este proceso de posmodernidad y reflexiones literarias- es el elemento cultural; la metaficción lo hace consciente, pero el proceso tradicional de escribir historia, no. Entonces, Carpentier pareciera construir una nueva historia a partir de hechos conocidos, esa revisión humana de los personajes y de los hechos mismos que se ha comentado anteriormente, permiten dilucidar una cuestión nueva, una ironía que pretende humanizar la cuestión presentada.
Después de hablar de novela y ficción; narración e historia, así como metaficción ¿estamos entonces ante una novela histórica? Platas define novela histórica como “Género narrativo que une a hechos de importancia histórica la fabulación literaria, generalmente mediante la creación de personajes que sirven de hilo aglutinador a los acontecimientos.” (2006: 557) Por su parte, Estébanez complementa señalando “Esta recreación del pasado histórico se hace desde un punto de vista arqueológico, proyectando sobre una época lejana […] una interpretación caprichosa, con el vano intento de reproducir el espíritu de una época sobre la que, en realidad, estaban proyectando los propios esquemas culturales […]” (2006: 757) Con estos conceptos, se nota que la novela histórica es una revisión del pasado, pero a veces, desde una mirada actual. Eso realiza, precisamente, el autor cubano: cerca de los 500 años del encuentro de dos puntos, presenta su último texto con una carga de historia que, al combinarse con la documentación y un estilo irónico, da una mirada actual a un hecho que cambió al mundo: encontrar que existía otro continente más allá del océano. Sí estamos ante una novela histórica, en el sentido de los personajes y los hechos, pero ficcionalizada por los recursos utilizados.

¿La Historia o la historia?Previamente se analizó A través de la ventana de la escritora regiomontana María de Alva: la recuperación de la memoria de una familia de judíos que llega a América en busca de una mejor vida. Podría indicarse que la gran historia, de la formación o del origen aquí está: la emigración de un grupo de personas que salen de Europa por una cuestión religiosa o económica, mientras llegan a una región inhóspita, ávida de crecimiento social. Aquí podría trazarse que la novela plantea una “historia”, es decir, la visión íntima de un puñado de personajes que buscan reconstruir su memoria. El marco histórico es inclusive amplio: la Europa previa a la Gran Guerra, la conquista del norte de México, la búsqueda del “Sueño Americano”. Todo ello sirve para conocer a una niña traviesa y su padre adorador de un pasado imperial ya lejano; hermanos que buscan crecer sin importar más; la esperanza del gran amor versus el presente acomodado pero vacío.
Carpentier hace algo similar, pero va más allá: habla de la Historia, el acontecimiento de Colón y sus viajes a tierras inhóspitas, los Reyes Católicos de España buscando al expansión territorial e ideológica de su reino, así como otra serie de personajes que apoyan esta figura de leyenda o bien que tiene en sus manos la opción política de darle un santo patrono a la América Latina. Tenemos entonces grandes acontecimientos históricos que, casi sin querer, van revelando aspectos de la historia de cada uno de ellos: un Colón “juguetón y coquetón con la Reina Isabel” –a quien por cierto llama “Columba”-; el mismo Colón como embustero y vendedor de esclavos; ese “inquisidor” que se afana en hundir la figura de este mentiroso frente a un biógrafo que exalta en demasía la vida; y finalmente, un Sumo Sacerdote que tiene en sus manos el poder político y espiritual, pero que duda de su uso y trascendencia misma. Entonces, Carpentier aprovecha la Historia –el marco histórico- para plantear la “historia” –esos pequeños acontecimientos personales e íntimos.
Entonces, ambos textos plantean la Historia contextual para intimarnos en la historia personal. Por su puesto, cada una con su debida finalidad: con María de Alva reconstruir la memora familiar y en Carpentier desmitificar al navegante genovés. Cada uno con sus recursos propios, ambos describen fielmente el ambiente y el espacio de los textos, mientras combinan voces narrativas: ahora una vieja que dialoga con su hija muerta, ahora un viejo marinero que trata de dar orden a sus pensamientos; un juego del presente-pasado-futuro en Carpentier, y una estructura compleja de diarios, memoria y presente. La intertextualidad en ambos es importante: para Carpentier, usar un diario, encontrar noticias reales que vistan la canonización y el juicio al almirante, inclusive esa mención a Khan y a los viajes de Marco Polo; en De Alva, también un diario, citas, epígrafes, todo que deje huella tangible de la existencia. Así, la Historia alimenta a la historia y viceversa.

Una lectura personalLa historia es un elemento importante en el texto de Carpentier. Recobrar tres momentos históricos diferentes, describirlos y ficcionalizarlo es un reto interesante, especialmente evitando los lugares comunes. Esto nutrido por el sentido de lo irónico, enriquecen la lectura y la aproximación al texto; permite a su vez, precisamente, la variedad de interpretaciones a su alrededor.
La intertextualidad es interesante, en el sentido de ir considerando las cuestiones del ámbito en el texto, de tal forma que seamos capaces de identificar otros personajes o situaciones que a manera de “revelaciones” dejan entrever esas cuestiones que alimentan la vida personal de los personajes; también el marco histórico que pareciera dar una nueva dimensión a la historia misma. Se reinterpreta entonces un descubrimiento-encuentro como una aventura personal plagada de mentiras y engaños.
La novela como ente único que está en formación sería nuestro comentario final. Se ha revisado en este curso que la novela es un género en crecimiento y experimentación; si bien a más de 30 años de su creación, el texto de Carpentier parece más actual que nunca: toma la historia como pretexto para contar la vida personal; además, presenta una historia fraccionada en cronología e intensión; sin olvidar que combina voces narrativas y puntos de vista de dicha narración. Estos recursos hacen al texto uno vigente y moderno, que busca reescribirse como si reinterpretara una melodía al arpa, por una mano prodigiosa, a la sombra de un apacible lugar en la historia.


Referencias bibliográficas

Bajtín, Mijail. (1991) "Épica y novela. Acerca de la metodología del análisis novelístico". Teoría y estética de la novela. Madrid: Taurus Humanidades. Pp 449-485.
Carpentier, A. (1998) “El arpa y la sombra”. Alejo Carpentier, obras completas. Tomo 4. Prólogo de Graziella Pogolotti. 4ta edición. México: Siglo XXI Editores.
Castañón, Adolfo. “Alejo Carpentier y Cristóbal Colón”. Letras libres. Agosto de 1999. Octubre 24 de 2008.
http://www.letraslibres.com/index.php?art=5912
Estébanez, D. (2006) “Historia”, “Novela”, “Novela histórica”. Diccionario de términos literarios. Colección Filología y Lingüística. España: Alianza Editorial.
González Echeverría, R. (1993) “Capítulo 1. Preámbulo: Una reflexión post-carpenteriana”. Alejo Carpentier: el peregrino en su patria. México; Difusión Cultural UNAM.
Hutcheon, Linda. (1988) "Historiographic Metafiction: The Pastime of Past Time". A Poetics of Postmodernism. History, Theory, Fiction. New York & London: Routledge. Pp 105-123.
Hutcheon, Linda. (1988) "Historizicing the Postmodern: The Problematizing of History". A Poetics of Postmodernism. History, Theory, Fiction. New York & London: Routledge. pp 87-101.
“Iglesia católica desestimó canonizar a Colón “porque era judío” denuncia nuevo libro.” Noticia Cristiana. 7 de noviembre de 2004. Octubre 24 de 2008.
http://www.noticiacristiana.com/news/newDetails.php?idnew=4295&country=0
Menton, Seymour (1993). "La nueva novela histórica: definiciones y orígenes". La nueva novela histórica en América Latina 1979-1992. México: FCE. 29-66.
Moreno Cortina, M. El arpa y la sombra. Sitio creado y administrado por Pedro Jorge Romero. España. 2001. 26 de octubre de 2008.
http://www.archivodenessus.com/rese/0324/index.html
Platas, A. (2006) “Historia”, “Histografía”, “Metaficción”, “Novela”, “Novela histórica”. Diccionario de términos literarios. 4ta edición. España: Espasa.
White, Hayden. (1978) "The Historical Text as a Literary Artifact". Tropics of Discourse. Essays in Cultural Criticism. Baltimore and London: The Johns Hopkins University Press.


NOTAS:
[1] Castañón, Adolfo. “Léon Bloy - y la beatificación de Cristobal Colón”. Letras libres. Junio de 2005. Octubre 28 de 2008. http://www.letraslibres.com/index.php?art=10507[2] Mackenbach, Wermer. “El arpa y la sombra, la Conquista y la construcción del espacio americano”. Revista Intersedes. Julio 7 de julio de 2006. Octubre 28 de 2008. http://www.intersedes.ucr.ac.cr/09-art_06.html[3] Mora, Pablo. “Aproximación a El arpa y la sombra”. Revista Recre@rte. Nº7 Julio 2007. San Cristóbal, Táchira, Venezuela. Octubre 24 de 2008. http://www.iacat.com/Revista/recrearte07.htm[4] Palmero González, Elena. “El último viaje a los orígenes de Alejo Carpentier: El arpa y la sombra”. Contexto. Segunda etapa. Volumen 11. No. 13. 2007. Octubre 24 de 2008. http://cetus2.saber.ula.ve/db/ssaber/Edocs/pubelectronicas/contexto/vol11num13/dossier5.pdf[5] Souviron López, Begoña. “Entre El arpa y la sombra: la mano... Construcción y deconstrucción del personaje histórico y héroe mítico Cristóbal Colón en la obra de Alejo Carpentier”. Anales de Literatura Hispanoamericana. 2001, 30: 207-225. Octubre 24 de 2008. http://www.ucm.es/BUCM/revistas/fll/02104547/articulos/ALHI0101110207A.PDF

viernes, 3 de diciembre de 2010

Una reflexión sobre "el canon occidental"

Introducción: El canon occidentalHablar de grandes autores y grandes libros siempre nos ayuda a formar un criterio analítico. Inclusive, saber cuáles son aquellos autores que siguen leyéndose y –por qué no, imprimiéndose- nos permite inclusive entablar una plática con personas desconocidas. ¿Has leído el Quijote, sabías que Joyce es considerando un innovador? Entre otras ideas. Claro, siempre queremos leer aquello que los eruditos han leído, tal vez si leemos lo mismo ¿tendremos sus mismas ideas? En fin, entre autores importantes, lecturas básicas y juicio innovadores, debemos centrarnos en consultar a los autores clásicos –que a fin de cuentas forman el canon, especialmente el occidental- y tomar estos conocimientos para juzgar nuevas aportaciones, nuevas formas de expresar y proyectar sentimientos, pieza esencial de cualquier narración.

Parte 1. Cuatro miradas complementariasEn este sentido Foucault se lanza a reflexionar en 1970, sobre los discursos y la esencia del poder en cada uno de ellos. ¿Qué es lo evidente en un texto cualquier? La carga ideológica que un grupo determinado pretende proyectar. De esta forma, la realidad a su alrededor se plasma y llega a las masas –cuando éstas leen, claro-; aunque otras veces no permiten su permanencia en el tiempo. En sí, dice el autor “supongo que en toda sociedad la producción del discurso está a la vez controlada, seleccionada y redistribuida por un cierto número de procedimientos que tienen por fundamento conjurar los poderes y peligros, dominar el acontecimiento aleatorio y esquivar su pesada y temible materialidad.” (Foucault 11) De vemos podemos justificar ideologías como la socialista: en Rusia sólo se publicaban historias que exaltaban el sentimiento nacional de pertenencia, pues ellos mismos censuraban toda crítica presentada. Vemos se puede ir más allá del poder político; también aquellos temas “tabúes”, de los cuales se puede hablar o no con libertad; por ejemplo, México en 1968, si bien no existe un canal oficial de censura, durante años la prudencia fue la forma más certera de callarse. Ligo lo anterior con otra idea de Foucault: “Los discursos que se dicen en el curso de los días y las conversaciones que desaparecen con el acto mismo que los ha pronunciado; y los discursos que están en el origen de cierto número de actos nuevos de palabras que los reanudan, los transforman o hablan de ellos, en resumen, discursos que, indefinidamente, más allá de su formulación, son dichos, permanecen dichos, y están todavía por decir.” (21) Aquí interpreto que hay ideas que buscan permanecer en la literatura o cualquier expresión hablada o escrita de la sociedad, y quién más que aquellos en el poder que controlan dichos temas o palabras.

Reisz (1989) hace una interesante reflexión sobre qué es literatura. ¿Un texto policiaco-jurídico, una carta de vecinas, una especia de sudoko? Todo puede ser y no literatura. Para saberlo hay que ver el contexto y responder ¿logra recrear un universo por sí mismo? Cuando lenguaje y sentimiento se combinan para hacerlo, es cuando lo logra, entonces estamos ante algo literario. Recuerdo aquí un término de Vargas Llosa: la novela total; aquel universo escrito que permite recrear un universo en sí mismo, de tal forma que independientemente de la época escrita o leída, podemos reconocernos o plantear una idea ficticia. “Nuestro conocimiento de las convenciones novelísticas de nuestra época y, eventualmente, de los mundos reales evocados en la obra, nos ayudará a percibir que el autor se distancia de las marcas letales que impone a ambos pasajes y con ellas parodia …” (Reisz 19) La reflexión va hacia conocer el contexto histórico y permitir reconocer que sí es literatura y que no. A lo largo de la lectura, la autora retoma el viejo concepto aristotélico de “imitación” o “mímesis”, indicando que si logramos precisamente reproducir el mundo, entonces estamos ante algo literario; pero no debe ser una realidad-real para que estemos seguros de ella; por el contrario, es una “ficción” tan real que la consideramos probable y viable. Más adelante coincide con Foucault: lenguaje y construcción es una especia de poder, donde el nivel poético del lenguaje es aquel que permite la recreación de universos alternos o ficticios; lo incluyente o excluyente, en este sentido, está dado por las bases mismas del poder, tanto de las personas como del lenguaje mismo.

Bloom por su parte, en la introducción a su texto “El canon occidental” (1994) va más allá del poder y del lenguaje, para darnos una visión muy concreta: Occidente tiene una producción literaria especial y hay que valorarla; casi en tono religioso, pareciera que seleccionamos” “ungidos” que son ejemplos de grandeza, de sentimientos y formas, de formas de pensar autónomas. En este sentido, realiza una profunda reflexión sobre qué es la literatura para este lado del mundo y quiénes logran darle una personalidad única: Shakespeare con su invención o reinvención de lo humano va al centro, y de ahí hay autores anteriores y posteriores –una especie de antes y después de Cristo-. Y sobre todo reflexiona sobre la finalidad de éste: “Leer a los mejores escritores –pongamos a Homero, Dante, Shakespeare, Tolstoi- no nos convertirá en mejores ciudadanos. El arte es absolutamente inútil, según el sublime Oscar Wilde, que tenía razón en todo.” (Bloom 25-26) Inútil en los términos prácticos occidentales, pero sumamente profundo para lo oriental. Después el autor narra el origen de este listado de grandes autores, quienes han destacado por compilar en sus páginas estética y sentimiento; curiosamente, quienes van entrando en el canon son aquellos reaccionaron que combaten las normas establecidas; pero precisamente su valor para romper normas es aquello que permite una evolución en la forma de escritura. “La originalidad se convierte en un equivalente literario de términos como empresa individual, confianza en uno mismo y competencia, que no alegran los corazones de feministas, afrocentristas, marxistas, neohistoricistas inspirados en Foucault o deconstructivistas; de todos aquellos, en suma, que he descrito como miembros de la Escuela del Resentimiento.” (30) Si bien una visión reduccionista, no hay que negar que considera la originalidad como la clave del destacamiento. ¿Quiénes lo logran? Aquellos que realmente tienen la fortaleza para decir las cosas en una forma diferente.

Finalmente, Mignolo comienza a diferencias entre los términos canon y corpus, dos entidades que coexisten y no pueden negarse mutuamente. “ … el canon (concebido en términos de estructuras simbólicas de poder y de hegemonía) se convierte en una parte del corpus (concebido en términos de estructuras simbólicas tanto de poder y hegemonía como de oposición o resistencia a través del espacio social) …” (Mignolo 25) Curiosa distinción, pero aceptable para los términos de Bloom; canon es aquello que permanece por un poder –de nuevo el término trabajado por Foucult-; mientras cuerpo es aquello cercano a la gente, que involucra alternativas o impactos más reducidos. En otras palabras “… mientras el canon implica además de la particularidad de las obras que lo representa, la canonicidad de los géneros que se actualizan en tales obras, el corpus queda abierto a las alternativas de oposición y de resistencia que coexisten con la representatividad genérica del canon.” (26) ¿Entonces el corpus debe conocerse? Para esta perspectiva de los estudios culturas, interpreto, es un sí. De esta forma, podemos conocer aspectos culturales complementarios a los grandes grupos del poder –a fin de cuentas en el canon, hablando de literatura- que van conformando la sociedad complejas donde cohabitamos diariamente –por un decir, esa literatura de las minorías sexuales o de género, incluso de acceso a la educación-. El texto va retomando conceptos de cultura, trascendencia, inclusive de ficción y no ficción, folklore y todo aquello que permiten un análisis más integral de las cuestiones a nuestro alrededor.

Con los cuatro artículos revisados llegamos a un complemento: reflexionamos sobre el lenguaje y su expresión, sobre el poder y, en especial, sobre la cuestión de textos valorizados y aquellos que debemos considerar en un futuro próximo: renovarse o quedarse ahí.

Parte 2. Análisis comparativo Bloom y MignoloUno define lo canónico, el otro lo cuestiona. Bloom indica la trascendencia de ciertos autores y Mignolo retoma aquellos ignorados –como si la Escuela de los Resentidos en uno apresta y en otro se revalora-. En este sentido último, Bloom plantea qué autores y por qué consideramos sus obras como clave para nuestra cultura occidental; mientras Mignolo nos invita a reflexionar sobre esos textos y autores, cuyas temáticas nos permiten un estudio multicultural más acertado: las sociedad no se conforman sólo por las élites, sino también por las minorías.

Por una parte, “Las defensas ideológicas del canon occidental son tan preniciosas en relación con los valores estéticos como las virulentas críticas de quienes, atacándolo, pretenden destruir el canon o abrirlo como proclaman ellos.” (Bloom 32) Por otra, “Mientras que el canon pareciera implicar una relación de tipo substancial entre prácticas discursivas y paradigmas culturales, el corpus necesitaría sólo de una manejable delimitación espacial y temporal, Mientras el canon implica cuestiones de identidad… el corpus necesita de parámetros locativos …” (Mignolo 28-29). Dos ideas interesantes, pues para uno lo clásico es lo valioso e innegable, mientras para otro eso menor es aquello que finalmente dimensiona una literatura. Es creer que sólo lo occidental o lo dominante es lo “bueno” mientras que lo oriental y lo menor no merece ser leído.

Otra idea comparativa. “… aquellos que son capaces de escribir una obra canónica ven sus textos como algo mucho más importante que cualquier programa social, por muy ejemplar que éste sea. La cuestión clave es la contención, y la gran literatura insiste en su autosuficiencia ante causas más nobles: el feminismo, la cultura afroamericana y todas las demás empresas políticamente correctas de nuestro tiempo.” (Bloom 38) Mientras que Mignolo retoma un estudio de Harrison: “Prácticas marginadas por el canon literario latinoamericano y por la definición implícita de la literatura, que habían sido relegadas al “folklore” o a la apropiación oximorónica de “literatura oral”, ocupan en el libro de Harrison una dimensión equivalente a la de las “grandes obras” literarias” (29). Un contraste valioso: para uno lo menor e intrascendente por su forma no totalizadora, es para otro la materia prima de su estudio.

Estas visiones diferentes tienen sus puntos a favor: un canon bien delimitado y establecido permite un estudio más preciso de las obras y su aproximación a ellas mismas; y una vez que estas reglas se establecen, podemos entonces “abrir” el canon y decir: qué es lo revolucionario, el tema mínimo, la minoría… todas aquellas voces que realmente presentan una parte de la sociedad. No niego la exista de un canon básico, pero éste debe permitir también ese cuerpo textual que nos haga ver otras realidades, esa es la única forma de construir una sociedad más igual. Si bien para Bloom esto es “inútil”, para la perspectiva de Mignolo es valorizada, sobre todo por la aproximación cultural que se puede construir de una sociedad en particular.

Conclusión: canon o corpusSi deseamos la construcción de una sociedad más incluyente, donde todas las voces son más valiosas, hay que buscar consolidar un cuerpo que, precisamente, nos permitan combinar experiencias, sentimientos, estructuras, representaciones que nos definan cómo somos y cómo seremos.

Definitivamente una universidad o colegio que habla de humanismo, un canon es contraproducente, pues limita esa libertad de pensamiento que se busca; un cuerpo es más amplio, pues puede contener a los clásicos y a los alternativos. El acceso a la información, puntos de venta o distribución, y en especial, preparación para la lectura, son los factores que pueden facilitar esa apertura a “escuchar voces nuevas”.

En este sentido, reafirmo que la construcción de un cuerpo con clásicos y nuevos valores es vital para una mejor sociedad: la disponibilidad de una literatura que incluya más allá de simples textos, sino verdaderas representaciones estéticas una vida que evoluciona diariamente.
Para la investigación realizada recientemente sobre la producción local, es una forma de abrir el canon, de fijarnos en el corpus. El canon puede ser un Vargas Llosa, Neruda, García Márquez, Cortázar, Borges, por mencionar algunos; pero el corpus incluye todos esos autores locales que nos quieren hacer ver que no todo es realismo mágico o intelectualismo; es también cabrito y desierto, cuestiones de soledad o permanencia de los momentos ínfimos. En sí, nos permite reconocer que en la pequeña producción literaria también pueden existir grandes voces o gritos que denuncian una situación particular, presentan una realidad alternativa o, simplemente, nos dejan entrever que somos una sociedad diferente, en busca de su propia definición.


Referencias bibliográficasBloom, Harold. (1994) "An Elegy for the Canon". En H. Bloom, The Western Canon. The Books and School of the Ages New York: Harcourt Brace. PP. 1-39.
Foucault, Michel. (1980) El orden del discurso. Barcelona: Tusquets. PP. 38-64.
Mignolo, Walter. (1994-95) "Entre el canon y el corpus. Alternativas para los estudios literarios y culturales en y sobre América Latina". Nuevo texto crítico. PP 23-36.
Reisz, Susana. (1989) "¿De qué hablamos cuando hablamos de literatura?". En S. Reisz, Teoría y análisis del texto literario. Buenos Aires: Hachette. PP.13-32.

miércoles, 1 de diciembre de 2010

Voces del cabrito: a la búsqueda de una nueva novela

Monterrey ha sido conocida nacionalmente como un foco de desarrollo industrial. El clima y las condiciones geográficas han hecho de esta tierra un reto para quienes aman el trabajo y el esfuerzo diario. En los últimos años, la tierra del cabrito y la carne asada ha sido sede de eventos culturales, como el Fórum de las Culturas 2007. Esta efervescencia invita a reflexionar: ¿qué producción literaria existe en “Monterrey de las Montañas, tú que estás a par del río” citando al universal Alfonso Reyes? Definitivamente, se debe releer a este autor pero es tiempo de olvidarnos de las antologías y reediciones para adentrarnos en la nueva narrativa.

Si hiciéramos un recuento “de los daños”, en la entidad neolonesa existen narradores famosos. Por mencionar algunos: Ricardo Elizondo Elizondo (Monterrey, 1950) [1] quien combina su trabajo en el Tecnológico de Monterrey con su compleja escritura [i]. David Toscana (Monterrey, 1961) [2] señalado por sus lectores como “uno de los escritores más sagaces y originales de su generación” [ii]. Felipe Montes (Monterrey, 1961) [3] quien también apoya a nuevos valores y espacios creativos [iii]. Hugo Valdés (Monterrey 1963) [4] que ha apoyado significativamente el desarrollo de talleres y espacios literarios, además de mantenerse en el ámbito editorial [iv].

Ahondando en la producción local, Ofelia Pérez-Sepúlveda publicó en “El Norte” [5] un artículo sobre la multipremiada novela El Último Lector de David Toscana; donde también recomendó novelas regiomontanas: El Crimen de la Calle de Aramberri de Hugo Valdés Manríquez; El Camino de Santiago por Patricia Laurent; Mercedes Luminosa a cargo de Dulce María González; Nostalgia del Lodo de Óscar David López; Esa Llaga, la Memoria por Héctor Alvarado Díaz; El Enrabiado escrita por Felipe Montes. Eduardo Enrique Padilla [v] , Alejandro del Bosque [vi] ; o Armando Alanís Pulido [6], quien de pintar bardas con su Acción Poética ha logrado publicar [vii], han luchado por colocarse en la poesía, aunque el éxito se reduce a un grupo de fieles lectores o alumnos universitarios.

Paralelo a esto, hay un esfuerzo por el Fondo de Cultura Económica del Estado de Nuevo León o bien de editoriales independientes [viii] por hacer de este desierto un oasis literario. Por ejemplo, el espacio electrónico “Nuevo León Literario” (http://www.nuevoleonliterario.com/) que proyecta la creativa neoleonesa [7]. También existió “Monterred” [8], aunque para esta revisión no se encontró disponible.

Pero ¿qué va caracterizando a la literatura de esta región? Hay novelas, cuentos, ensayos, poesía e incluso teatro. [9] Es decir, hay proliferación de autores pero la difusión –o la mercadotécnica deberíamos señalar– no ha sido suficientemente efectiva para lograr el reconocimiento de los mismos. Menos hoy, donde el libro es un producto dirigido a un mercado determinado, y debe lograr el mejor desempeño de ventas y desplazarse a otras ediciones e inclusive vendiendo sus derechos para adaptación a cine y otros medios audiovisuales.

Un estudioso de la región es Miguel G. Rodríguez [10]. “El conocimiento de esas obras y esos autores [de los estados norfronterizos] se convierte cada día en una necesidad, para tener una visión más clara y objetiva de los procesos culturales en los que se inserta la literatura en general; por supuesto, tal situación implica asumir la diversidad de la producción literaria y salir de la visión centralista y homogénea que impera en los diferentes extremos de observación alrededor de la literatura.” (Rodríguez 7-8) Estos autores tienen obras breves donde lo importante es la historia, no así la estructura o el lenguaje; inclusive en la poesía, se rompen modelos clásicos para buscar la expresión autónoma. No pretenden renovar la narrativa latinoamericana; por el contrario, se satisfacen con hablar de temas a nuestro alrededor, como señala Rodríguez. Inclusive se dice que las letras mexicanas –a raíz del Crack– ubican las historias en las grandes urbes de México o del mundo, a la vez que pretenden la universalidad de su trama. Atrás quedaron las revisiones indigenistas, revolucionarias o la recuperación de la memoria, obsesión de Fuentes, Monsiváis, Poniatoswka, del Paso, y otros.

Tenemos entonces un contexto socio-cultural de búsqueda de voces propias para sobrevivir en un mundo aguerrido y comercial. Nos detenemos entonces en una autora que no figurado en listados o recuentos anteriores. Nacida en esta tierra del cabrito, finalista en el IX Premio Fernando Lara de Novela 2004 (España) y que a través de Editorial Planeta publicó su primera novela: A través de la ventana, María de Alva (Monterrey, 1969). Es profesora de planta en el ITESM y colabora con el Bachillerato Internacional, que requiere una mayor preparación como profesor y asesor de investigaciones juveniles. Es Licenciada en Letras Españolas, con Maestría en Educación-Especialidad en Humanidades y en Estudios Latinoamericanos-Especialidad en Literatura. Ha publicado artículos en la Revista Mexicana de Literatura Contemporánea y trabajó como periodista en los diarios Reforma y El Norte. Entre sus autores preferidos destaca Mario Vargas Llosa, Clarice Lispector, Rosa Montero o Tomás Eloy Martínez, y aquella literatura que exige un involucramiento total del lector. En sus palabras “le gustan las novelas que parecen cocerse a fuego lento”.

En A través de la ventana, retrata una odisea familiar (de su ascendencia materna) y su contacto con la gran literatura la lleva por un camino opuesto a la narrativa actual. Inspirada en lo latinoamericano –polifonía narrativa, saltos temporales, estructura circular-dinámica– busca recuperar la memoria de su familia. De hecho, lo proyecta en Gustaf, personaje quien ya adulto y en medio de un conflicto existencial, decide recuperar la historia de sus padres a través de diarios fechados en 1950. “El pasado es un muerto, un cadáver: no cambia, no crece, solamente se olvida, se pierde en la distancia. Monterrey, mayo de 1950. [11]” (De Alva 11)

Retomo aquí unas palabras de Sergio Ramírez [12]: en la literatura se escribe la Historia con H mayúscula –aquella del país y grandes acontecimientos mundiales– y la historia con h minúscula –la privada, íntima de cada persona–. María de Alva va creando a paso lento dos grandes atmósferas. Una de ellas, aquella de Europa, Estados Unidos y México con sus transformaciones; y la otra, a familia Levi-Meyer, sus orígenes, enfrentamientos religiosos, adaptación al cambio, en fin, aquello vivido diariamente en un seno familiar envuelto en un contexto apremiante.

La trama es encabezada por Ida, mujer aguerrida que obligada por su padre –descendiente de un héroe de las guerras napoleónicas– debe abandonar Hannover, Alemania, para viajar por América y establecerse en Monterrey, una inhóspita ciudad rodeada de cerros y envuelta en polvo. Ella tiene una triple participación: de joven recuerda al México del Porfiriato y aquel de la Revolución; de niña recuerda los grandes regalos y la vida apacible en una Alemania donde los judíos vivían tranquilamente en una nación todavía imperial; y un diálogo con su hija muerta –curiosamente la única niña que tuvo–, donde de pronto cambia la primera voz por una segunda del singular, siendo el tú la presencia de un narrador omnisciente que la obliga a reflexionar sobre puntos clave de su vida. “El silencio apoderándose de todo, con garra abierta y la vida siempre más allá. Este lugar, esta cuadra, esta calle… [13] Mientras, los ojos azueles te perforan, te interrogan, te miran ávidos de respuesta, de patria, de consuelo, de soledad. Azules como las montañas, amoratadas y enormes. ¿Serás tú esa ventana al país que te deja atrás, el abrazo lanzado al vacío de la nueva tierra que has buscado desde hace tiempo?” (De Alva 17)

Estructuralmente, las líneas argumentativas parecen vasos comunicantes: el diario de Gustaf en 1950; Ida de joven casada; Ida de niña entablando diálogos con su madre muerta, Ida ya adulta hablando con su hija muerta (invocando así el elemento fantástico); a la vez, presentando el ocaso de una época y el éxodo de familias judías. “¿Por qué Dios nos dejó solos? Tal vez se olvidó de nosotros porque nos vinimos acá, a este lugar al que llamaron el Paraíso. La tierra prometida está siempre del otro lado del mar.” (De Alva 12) En ello, va combinando intertextos en alemán e inglés, así como cartas personales y diarios comerciales. Su lenguaje se llena de símiles, abundantes descripciones, y otras figuras retóricas que hacen la narración compleja. Aproximadamente en el último tercio de la novela, van apareciendo epígrafes de Fernando del Paso, José Emilio Pacheco, Octavio Paz e inclusive extractos de La visión de los vencidos, que van dándole forma al presente.

Todo esto evoca una gran literatura, seguramente producto de una lectura apasionada y detallada, homenajeando a ese “boom” que buscó una historia simple con una estructura compleja que obliga al lector a fijarse hasta en los detallas más insignificantes. Inclusive, cual Clarice Lispector, Gustaf llega a la reflexión del proceso creativo al darle forma a la historia familiar. “Hasta aquí, esta historia me parece que está un poco confusa. No me he ocupado enteramente de respetar la cronología, y los sucesos se reparten al azar entre la segunda mitad del siglo diecinueve. Además, hay poca información, salvo algunos papeles dispersos y fotografías […] Todo esto me impulsa a dejar de escribir, pues me siento bastante impotente para poder reconstruir los hechos como me he propuesto.” (De Alva 166)

A su publicación, en el marco de la Feria Internacional del Libro de Monterrey 2005, se presentó el texto a cargo de la doctora Inés Sáenz, catedrática del ITESM. Ésta mencionó que “leyó con placer la novela y se contagió con la nostalgia de Ida, el personaje principal.” En la misma presentación comentó Felipe Montes: “El libro de María de Alva es un paseo por tiempos y espacios con un lenguaje claro que el lector agradece; define un viaje y entramado muy elaborado y de muy buena escuela; varias voces narrativas, tres personas que van y vienen muy a gusto”. (Crónica Intercampus http://www.itesm.mx/cronicaintercampus)

Por otra parte, destaca una crítica realizada por Laura Barbas Rhoden, donde dice: “The plot moves slowly at times, but as a whole, the book is well written and reads easily. Recommended for libraries and bookstores interested in contemporary Mexican literature and in Jewish studies in the Americas”. [ix] Una buena reseña para una ópera prima. Otra crítica es de “El Castellano”, “Aunque parte de un hecho real y está plagada de datos recuperados por una extensa investigación, la historia es ficticia, construida con las ventajas que brinda la literatura.” Además, poco tiempo después apareció un ensayo de Ana Portnoy Grumberg, llamado “La construcción del sentido y la identidad en A través de la ventana” de María de Alva” [14], donde hace un recuento de lo judío y su transformación frente a lo mexicano.

Hablar de por qué este texto no ha sido reconocido a nivel local o nacional se puede deber a, por un lado, una deficiente promoción del texto; inclusive la autora comentó que después de la publicación Editorial Planeta México sufrió la salida de un buen porcentaje de sus trabajadores, abandonándose así promociones y proyectos. Por otro, la falta de una difusión en medios locales a voces nuevas, pareciera que es responsabilidad del mismo autor promoverse. Un elemento adicional pudo haber sido el precio de introducción (entre 200 y 220 pesos, que en promedio es alto para un autor nuevo). En una entrevista a la escritora, ésta señala: “[el reportero] -Eres la primera regiomontana en publicar en el sello Planeta. ¿Cómo llegó allí tu novela? «Te aseguro que si tienes un buen texto y te empeñas en publicarlo, se publicará. Tienes que estar seguro de que es bueno y no dejar de moverlo, porque si no nadie más lo va a mover. Yo lo mandé al concurso en España, porque me parecía más fácil publicar allá en tanto hay mucha producción editorial.» dijo María de Alva” (De la Fuente http://www.elnorte.com/)

No podemos pasar por alto un simple hecho: la narrativa es más compleja que gran parte de los mencionados autores locales. Éstos son breves, si bien provocadores, no requieren tanta atención al momento de la lectura. Es como decir “a los lectores no les gusta batallar”. Pero es precisamente eso lo que personalmente veo valioso en este texto: a través de una complejidad nos rescata temas propios de lo mexicano, una narrativa que retoma constantemente sus temas para darles una nueva dimensión; a la vez explorar un fenómeno a veces ignorado: la migración de judíos a tierras aztecas.

Creo que esta novela es realmente una ventana a una nueva voz narrativa en la tierra del cabrito: propone releer a los nuevos clásicos latinoamericanos, para catapultarlos con una inquietud narrativa, casi familiar, casi propia, y proponerlos a los lectores un esfuerzo, el involucramiento total entre narrador-texto-lector. En otras palabras, el libro es la casa y nosotros vemos a través de sus ventanas.


Referencias bibliográficas“Autora narra historia novelada de primeros judíos en Monterrey”. El Castellano. Asociación Cultural Antonio de Nebrija. Septiembre 1 de 2005. Consultado el 26 de agosto de 2008.http://www.elcastellano.org/noticia.php?id=157

Barbas Rhoden, Laura. A través de la ventana. (Through the Window). Críticas. Enero 15 de 2006. Consultado el 26 de agosto de 2008.
http://www.criticasmagazine.com/article/CA6502246.html

De Alva, María. (2005). A través de la ventana. México: Planeta.

De la Fuente, Daniel. “Navegan por la Red letras regiomontanas”. El Norte. Junio 6 de 2001. Consultado el 26 de agosto de 2008.
http://www.elnorte.com/

-----. “Plasma en su novela valor de la memoria”. El Norte. Agosto 23 de 2005. Consultado el 26 de agosto de 2008. www.elnorte.com

Duke, Gregory. “Advierten de la moda de literatura norteña”. El norte. Octubre 15 de 2005). Consultado el 28 de agosto de 2008.
http://www.elnorte.com/

“María de Alva, profesora de la preparatoria Eugenio Garza Sada alivia desde su ventana a quienes han sufrido una pérdida”. Crónica Intercampus. Noviembre 25 de 2005. Año 3 no. 21. ITESM. Edición electrónica. Consultada el 29 de agosto de 2008.
http://www.itesm.mx/cronicaintercampus/no_21/publicaciones.html

Pérez-Sepúlveda, Ofelia. “La seducción de una novela”. El norte. Febrero 25, 2006. Consultado el 28 de agosto de 2008.
http://www.elnorte.com/

Rodríguez Lozano, Miguel G. (2002). El norte: una experiencia contemporánea en la narrativa mexicana. México: Fondo para la cultura y las artes de Nuevo León.

Notas informativas[1] Profesores de la EGADE. http://egade.itesm.mx/profesorado/adjuntos/elizondo_ricardo.htm
[2] Fichas de escritores de la Feria Internacional del Libro de Guadalajara http://www.fil.com.mx/prog05/fichas/fron_tosc.htm
[3] Felipe Montes. http://www.felipemontes.com/
[4] Valdés Manríquez, Hugo. http://www.nuevoleonliterario.com/site/?page_id=29
[5] Febrero 25 de 2006.[6] Armando Alanís Pulido. http://autordelasemana.uchile.cl/mexicanos/alanis.html
[7] Visitar http://www.nuevoleonliterario.com/site/index.php o la reflexión de Dulce María González en http://www.teatrodenuevoleon.com/articulos/liter1.html
[8] Citado en un artículo de Daniel De La Fuente, “Navegan por la Red letras regiomontanas”.[9] Por citar dos ejemplos: el análisis de Rocío Galicia (“La dramaturgia norteña como geografía de conflicto: tres ejemplos de teatro y entorno “ en Revista de Literatura Mexicana contemporánea. Mayo – Agosto 2001. Año IX. Número 23. Universidad of Texas at El Paso y Grupo Editorial Eón. Pp 111-116) y la compilación Antología Teatral. Dramas Nuevo León. México: Fondo Estatal para la Cultura y las Artes de Nuevo León, 1998. Que incluye obras de Reynol Pérez Vázquez, Hernán Galindo, Rubén González Garza, Virgilio Leos, Fernando Esquivel y Blanca Laura Uribe de Rocha.[10] Tanto en la Revista de Literatura Mexicana Contemporánea o en una compilación de sus artículos.[11] Las itálicas son mías.[12] Mentiras Verdaderas. México, Alfaguara, 2001.[13] Cambio de párrafo en el texto original.[14] En Revista de literatura mexicana contemporánea, No. 30. 2006. pp. 1037-1043.[i] Tiene en su haber: Relatos de mar, desierto y muerte (colección de cuentos, 1980); Los Sefarditas en Nuevo León (1987); Setenta veces siete (1987); Maurilia Maldonado y otras simplezas (colección de cuentos, 1988); Ocurrencias de Don Quijote (CD Interactivo, 1992); Narcedalia Piedrotas (1993); Lexicón del noreste de México (1996); Polvo de aquellos lodos (Libro y CD Interactivo, 1997); Lecumberri: Ángel y Escorpión (2000), Oasis Verde (2007). Su obra ha sido analizada por Vicente Francisco Torres (“Ricardo Elizondo: novela, destino y droga” en Revista de Literatura Mexicana Contemporánea. Oct 1996 - Ene 1997. Año II. Número 4. Universidad of Texas at El Paso y Grupo Editorial Eón. Pp 48-52) y Miguel G. Rodríguez Lozano (“El mundo cuentístico de Ricardo Elizondo: una aproximación” en Revista de Literatura Mexicana contemporánea. Ene-Abr 1998. Año III. Número 7. Universidad of Texas at El Paso y Grupo Editorial Eón. Pp 73-80) También en la tesis de Nora Guzmán Sepúlveda (“Ricardo Elizondo Elizondo y Eduardo Antonio Parra, dos escritores representantes de la literatura del norte de México”. Universidad Autónoma de Zacatecas, Junio de 2007.)[ii] Ha publicado: Las bicicletas (1992), Estación Tula (1995), Santa María del Circo (1998), Duelo por Miguel Pruneda (2002), El último lector (2004) y El ejército iluminado (2006); así como un libro de cuentos: Historia del Lontananza (1997).[iii] Ha escrito: Casa natal (1996); El Vigilante (2001); El Enrabiado (2003); Sólido azul (2003). Prepara actualmente un texto sobre “El niño Fidencio”.[iv] Destaca en su escritura: The Monterrey news (1990), Días de nadie (1992), El crimen de la calle Aramberri (1994) y La vocación insular (1999); entre sus libros de ensayo se encuentran: El laberinto cuentístico de Sergio Pitol (1998), El laboratorio del crepúsculo y otros ensayos (2002) y Ocho ensayos sobre narrativa femenina de Nuevo León (2006).[v] Con su publicación “Poemas” (2006)[vi] Ha publicado “La ciudad está bien lejos” (1994) y “Pobladores de una larga noche” (1998)[vii] Destacan: “Carrusel” (1993), “Todo lo que diga puede ser usado en mi contra” (1994), “Ligeras sospechas” (1995), “Saltos en la luna” (1996), “Gritar por poder gritar” (1997), “Descorazonamiento y fatiga” (1998), “Los delicados escombros” (1998), y “La tristeza es un somnífero interesante” (1999)[viii] Otros escritores apoyados por Conarte –Joaquín Hurtado (Monterrey, 1961); Luis Javier Alvarado (Monterrey, 1966); Ignacio Mendoza (Monterrey, 1972); Gabriela Riveros (Monterrey 1973)– ; o “Libros de la mancuspia” –Memorias del aljibe (1998) de Guillermo Meléndez (Monterrey, 1947); Háblame en la lengua de la ausencia (1996) de Anna Kullick Lackner (Monterrey, 1960); Asedio (1996) de Graciela España (Monterrey, 1964)– van dándose a conocer a través de universidades, diplomados y cafés literarios.
[ix] Crítica completa: In this debut novel, Mexican professor and journalist De Alva traces several generations of a 19th-century German family that migrates to Mexico. Their story, which is loosely based on De Alva’s own family, requires an active reader to follow the many voices of different family members. One of the main characters is Ida Meyer, a German Jew who makes a new life in Mexico with the husband she marries there. Readers follow her life from the loss of her mother in Germany to the death of her daughter decades later. De Alva opens a world of hope and loss on two continents, exploring the history of Mexico and the Jewish population there. The plot moves slowly at times, but as a whole, the book is well written and reads easily. Recommended for libraries and bookstores interested in contemporary Mexican literature and in Jewish studies in the Americas.—Laura Barbas Rhoden, Wofford Coll., Spartanburg, SC