martes, 16 de noviembre de 2010

Las voces de “Los años falsos”

Como se menciona en el prólogo de la edición de Fondo de Cultura Económica (México, 2008) Josefina Vicens es una gran voz mexicana que ha pasado del silencio al olvido. Fuera de los grandes contextos y temáticas literarias de su generación, la autora sólo publicó dos novelas, El libro vacío (1958) donde retrata la vida monótona de un aspirante a escritor; y un poco más de 20 años después Los años falsos (1982) texto que será analizado a continuación. Breve texto cargado de reflexiones que rayan en lo edípico –aunque sería más certero hablar de Elektra, por la obsesión paterna– el texto presenta la vida de Luis Alfonso Fernández, negado a ser “Poncho”, un adolescente que vive la muerte temprana de su progenitor, quedando a cargo de su madre y hermanas gemelas; y es tal el conflicto de Luis Alfonso que no sólo hereda el título de “hombre de la casa” sino que prácticamente toma el empleo del padre, a su amante, sus actitudes cotidianas y, en una especie de fantasía íntima, está con su padre en la tumba, viendo cómo pasa la vida a su alrededor.
La historia, con una estructura circular marcada por la limpieza de la tumba y el rezo ante ella, define un protagonista que extraña en demasía al padre y que es capaz incluso de eliminar su vida con tal de tomar su lugar. Todo a través de una voz propia, externada en diversas voces: el yo, el tú, el nosotros, el ellas. Domina el yo y el nosotros –como se explicará más adelante– pero la trama va más allá de ser un diálogo interior. Ese juego de voces se da en una compleja estructura en viñetas, pequeños capítulos donde el personaje recrea quién es él construyen en sí quién es su padre. Y a medida que avanza va deseando ser más el padre, y a la vez, descubriendo el vacío que eso ha provocado.
El tema es la recuperación del padre, donde un personaje lleno de dolor recuerda anécdotas de su progenitor. Pero va más allá: una suplantación de personalidad hace de Luis Alfonso un ser complejo, que sin querer hace una de crítica al hombre que se sobrepone a la mujer, a la política del compadrazgo y la corrupción existentes en el sistema político mexicano, y de paso, el enfrentamiento de un joven que se siente vacío sin su progenitor, y por ello lo suplantará en la vida diaria: en la casa, en el trabajo, en la vida alterna y oscura.

Narrador y polifoníaVicens presenta un narrador-protagonista, Luis Alfonso Fernández, quien en primera persona va presentando la historia. Éste es un narrador equisciente “relato en primera persona, se habla de sí mismo.” (Domínguez, 2005: 2) Esto permite a “Poncho” –apodo por cierto repudiado– apoderarse de la historia y convertirla en una reflexión personal: “Cuando dijiste que debían levantarles una estatura, yo decidí mi destino: sería bombero y un día tú podrías contemplar orgulloso la estatura de tu hijo”. (Vicens, 2008: 254) El fragmento anterior enuncia en primera persona el profundo respeto y admiración que tenía a su padre, y establece así la búsqueda de complacerlo, de hacer lo que al padre le hubiese gustado. El mismo fragmento representa el juego de voces destacado en la novela: hay yo (yo decidí) y hay tú (de tu hijo) Este juego nos hace ver un narrador dinámico: busca contar su historia, pero no sólo para sí mismo, sino para su padre muerto. Esta evocación directa le vandando forma al protagonista: insatisfecho por la ausencia, busca la presencia en los recuerdos, y lo materializa al tomar su lugar en los diferentes escenarios donde el padre se desplazaba.
Aprovechando los ejemplos siguientes, se puede destacar que la polifonía se complementa con el uso de diversos estilos narrativos. Esa combinación yo-tú destaca en otro fragmento: “A lo mejor a él le gusta que se luzca su cruz y que no se tape su nombre”. (Vicens, 2008: 228) Este ejemplo, de acuerdo a la clasificación de Domínguez (2005: 3) es un estilo indirecto libre “en tercera persona que deja saber lo dicho por el personaje sin acotar las explicaciones”. El fragmento no habla de un diálogo, sino que permite conocer no el pensamiento de Luis Alfonso Hijo, sino del padre. Esto caracteriza el texto de Vicens: es el hijo quien da voz al padre, a veces en un diálogo del pasado, pero la mayor de las veces a través de su propia voz. Así, el protagonista quiere que el padre continúe viviendo, aunque eso implique que use su voz y la propia quede relegada. También se recurre al estilo indirecto, especialmente cuando Luis Alfonso retoma diálogos de su madre o su padre. “Yo no entendía que pudieras dormir con ella, en la misma cama. Cuando te preguntaba por qué lo hacías, me contestabas que las mujeres eran muy miedosas y que las asustaba la oscuridad.” (Vicens, 2008: 236) El autor recrea un diálogo del padre, de tal forma que a través de él cobra existencia. Uno de los primeros fragmentos sirve para ejemplificar el estilo directo y el juego de voces: “Como siempre, yo no hago absolutamente nada. Me cruzo de brazos. Estoy de visita con mi corbata negra. Vengo a verme, me recibo en silencio y agradezco las flores que traje.” (Vicens, 2008: 227) Si bien el yo habla de un estilo directo donde el protagonista presenta su propio pensamiento, el juego vengo a verme representa la traslación hijo-padre que pretende hacer: es él mismo quien yace con su padre y eso le da una fortaleza frente a las mujeres que lo rodean. Con la diversidad de estilo para representar el discurso, Vicens va construyendo un personaje único: es un joven que de pronto crece, pero junto con ello la imagen idealizada del padre; y para complacerlo en todo, no sólo adopta su nombre, sino su vida profesional y personal. “Había cavado un hoyo bastante grande en el centro mismo de la tumba y lo suficientemente amplio como para que tú pudieras salir y yo entrar. Y los dos lo hicimos.” (Vicens, 2008: 271) Su deseo se cumple: físicamente pretende que el padre deje la tumba para intercambiar papeles.
Las voces ayudan a construir al personaje y se enuncia un fragmento para representar dichas posibilidades. “Quedé así como dividido en tres: el heredero de ti; el huérfano de ti, y el encargado de acompañarme y consolarme. El primero vivía tu vida resignado, con tu peso a cuestas; el segundo sufría tu muerte y su propia muerte, y el tercero, recién nacido, torpe, no sabía si hacerte reproches, para darme alivio, o sufrir conmigo tu ausencia. Era un ser dependiente, sin la menor iniciativa, cándido, cálido y fiel. Yo lo abandonaba o rescataba, algunas veces a mi antojo: las más, al tuyo.” (Vicens, 2008: 300) Los “tres Luis Alfonsos” son las voces narrativas que nos indican la vida del adolescente quien de pronto se ve como cabeza de un hogar, trabajar en un ambiente político hostil, buscando refugio en los brazos de la amante de su mismo padre. Nótese los diversos recursos del narrador y la polifonía existentes para crear al personaje y en sí, la trama de Los años falsos.

Enunciación e individualización del personaje
Las primeras líneas del texto plantean una individualización compleja: “Todos hemos venido a verme… Como siempre, yo no hago absolutamente nada… Vengo a verme, me recibo en silencio y me agradezco las flores que traje… Ellas –mi madre y mis dos hermanas, gemelas, de trece años y desesperantemente iguales– son las que hacen lo habitual en estos casos…” (Vicens, 2008: 227) Nótese el manejo del “yo” para señalar que se está ante un narrador personaje, quien en primera persona da su relato. Más adelante, frente al padre muerto; el protagonista se habla a sí mismo, aunque con tono de “tú”, para revirir a su padre: establece que su relato va dirigido al padre, esa figura que lo envuelve y lo sustituye. Se desplaza así el pronombre “él”, que debe ser referido al padre, para sustituirlo con el “tú” o con el “yo”.
Como se ha mencionado, el narrador funde el “yo” y el “tú para referir situaciones. Sin embargo, cuando va presentando la historia sí habla de su padre en tercera persona. “A lo mejor a él le gusta que se luzca su cruz y que no se tape su nombre. No lo dudo.” (Vicens, 2008: 228) A partir de la segunda viñeta o capítulo esa mención desaparece: “Hace unos días vine a vernos, solo.” (Vicens, 2008: 231) Con esto, el narrador personaje, Luis Alfonso, establece que existe a través del padre, su vida parece una extensión de su progenitor.
Para complementar esta idea, “con el yo del prefijo, una situación compleja de interlocución es la que parece contribuir al sentido completo del enunciado. Ahora bien, a esta situación de interlocución pertenece el hecho de que a un locutor en primera persona corresponda un interlocutor en segunda persona al que se dirige el primero.” (Ricoeur 22) En el texto, el conflicto del protagonista se extiende durante toda la narración, manifestando esa impotencia de deshacerse de su recuerdo cuando, ante la tumba, recuerda por qué sigue ahí. “hoy que es tu cuarto aniversario, aquí, de pie ante la tumba, suceda lo que he deseado intensamente, todos, todos los días: morirme, tener mi caja, mi lápida, mi reja de alambrón, mi cruz, mi bugambilia, mi lagartija, y mis propios gusanos, mis propios gusanos, míos, míos.” (Vicens, 2008: 330) Con ello, el personaje pretende existir por medios propios pero no lo logra: tiene el lugar del jefe de familia, tiene el trabajo de su padre, sus actitudes y forma de vestir, incluso, a la antigua amante de “Poncho Fernández”, entonces, el hijo, sólo existe a través del otro, limitado, buscando su propia muerte para existir libremente.
Como parte de la enunciación, Ricoeur menciona dos categorías concretas: “la de los performativos y la de los constatativos. Los primeros se distinguen porque el simple hecho de enunciarlos equivale a realizar lo mismo que se enuncia … no tienen la virtud de hacer diciendo más que expresados por verbos en primera persona de singular del presente de indicativo.” (21) Un ejemplo de enunciado performativo es: “Ahora comprendo que obedecía un instinto oscuro, turbio, femenino, para provocar tus celos. Y lo lograba.” (Vicens, 2008: 238) “Comprendo” nos indica el tiempo señalado, indicando que el personaje en ese momento comprende una parte de su misma historia, de su actitud frente al padre. Más adelante se narra: “También esto quiero explicártelo. No era ponerme tu ropa, era vestirme de ti.” (Vicens, 2008: 242) Aquí el deseo de explicar representa una promesa, el deseo de hacer algo, un ejemplo de constatativo. No puede ser realizado, el padre está ausente, pero el deseo por hacerlo prevalece. Esto puede ser una especie de motivación para el personaje: explicar qué le sucede para que su vida tenga más sentido.
Hay que recordar que la reflexión de la enunciación va, comúnmente, hacia lo cotidiano. “… la reflexión del hecho de la enunciación, en el sentido del enunciado, forma parte integrante de la referencia de la mayoría de los enunciados de la vida cotidiana en la situación ordinaria de la interlocución.” (Ricoeur 20) El ejemplo seleccionado de Vicens es: “A medada que crecían nos íbamos desinteresando más y más de ellas. Hasta que las pobres admitieron inconscientemente que la familia estaba dividida: de un lado, el prepotente y ruidoso mundo de los hombres; del otro; el sumiso y mínimo de las mujeres. En el nuestro, ni mi madre ni ellas tenían nada que hacer.” (Vicens, 2008: 240) Lo cotidiano es la situación familiar: hombres y mujeres por separado, el deseo de ser superior al otro. El narrador simplemente marca la diferencia, pero le hace ver a su interlocutor, el padre, que él comparte su ideal de superioridad machista, o al menos lo adopta para parecerse a él.
También se menciona que “el acto ilocutivo… en lo que el hablante hace al hablar; este hacer se expresa en la fuerza en virtud de la cual, según los casos, la enunciación equivale a constatación, mandato, consejo, promesa, etc.” (Ricoeur 22) Pocas veces Luis Alfonso toma una postura impositiva ante el padre: “No protestes por tu “cruz de señorita” no por tu lápida concisa. Hoy es nuestro aniversario, no me obligues a hablar. Cállate y deja que esas mujeres que me heredaste aliñen nuestra tumba, eficientemente.” (Vicens, 2008: 241) Aquí puede interpretarse que empieza a cansarse de su papel de hijo fiel, empieza a comprender que el padre está muerto y con él debe estar todo su pensamiento.

Individualización del protagonistaLa constancia polifónica genera una sensación de complejidad y dicotomía: el protagonista es él y es su padre. La constante mención que ambos están muertos, o que Luis Alfonso ha adoptado tal postura del padre, van construyendo un personaje llevo de reflexiones, a la vez de vacío: está en sí porque su padre dispuso algo, por sí mismo no tiene fuerza para vivir.
En cuanto al espacio que comparten padre e hijo, se manifiesta lo siguiente. “Allá abajo el cuerpo espera quieto y a su tiempo empieza a vivir su transformación. Acá se queda quieto también, sorprendido, atemorizado, invadido, pero no se transforma ni se aniquila: permanece igual y ya no es igual.” (Vicens, 2008: 241) El narrador señala que en el allá yace el cuerpo inerte del padre, mientras que el espacio donde está él, su cuerpo está invadido por el progenitor, de esta forma, su individualización es mínima, mental y físicamente –hay que recordar el parecido del padre en cuanto al vestir, caminar, incluso la forma de mover las llaves o las manías– es su padre. Comparten el nombre, pero eso ya no lo quiere compartir, de ahí la imposición a los amigos de su padre de no ser “Poncho” sino “Luis Alfonso”. Diversos ejemplos van proyectando que el personaje no vive por sí mismo, lo hace a través de su padre: su herencia y su maldición de vivir a la sombra de su nombre, trabajo y amante.

La falsedad descubierta
Ricoeur señala que “la reflexividad de la que hasta ahora hemos venido hablando, ha sido atribuida constantemente, no al sujeto de la enunciación, sino al propio hecho de la enunciación.” (27) Esto se puede ver en la novela en la situación de interlocución: un yo (hijo) a un tú (padre) Independientemente de que hable el hijo, el único destinatario del relato es el padre, a él le dedica las reflexiones, las recreaciones, la búsqueda de su esencia en cada rincón donde solía estar: su cama, su casa, su esposa e hijas, su trabajo, incluso su amante. La enunciación con el juego yo / tú/ nosotros van dando forma al vacío del protagonista: existe para satisfacer los antiguos deseos o disposiciones de tu progenitor y eso es lo realmente presentado aquí.
¿Dónde reside la falsedad indicada en el título? En la vida vacía de Luis Alfonso: vive lo que padre dispuso u ordena. No puede librarse de eso. Físicamente está atado a él y el vacío que siente por su padre lo lleva a también tomar sus actitudes. Los cuatro años que hace referencia el texto han sido vacíos: vividos únicamente para su padre, no para él. Luis Alfonso parece no existir, está en cuerpo, pero dicho cuerpo invadido por el ser de su padre.


Referencias
Beltrán, L. (1992) Palabras transparentes. La configuración del discurso del personaje en la novela. Madrid: Cátedra.
Domínguez, R. (2005). “Introducción, algunas consideraciones previas al tema de la voz narrativa”. Material del curso La novela y sus discursos. ITESM: Sin publicar. México.
Ricoeur, P. “La enunciación y el sujeto hablante en una novela”. El sí mismo como otro. Taurus. PP 18-36.
Vicens, Josefina. “Los años falsos”. El libro vacío / Los años falsos. Prólogo de Aline Pettersson. Colección Letras Mexicanas, no. 140. México: Fondo de Cultura Económica, 2008.

domingo, 14 de noviembre de 2010

Detrás de las novelas...

... yace la vida misma. Así puede resumirse la experiencia de Historia secreta de una novela (1971) de Mario Vargas Llosa, quien en breves 78 páginas relata cómo se creó una de la grandes obras del boom latinoamericano, La casa verde.

Y es que para Vargas Llosa lo esencial en la vida de todo escritor es la vivencia que ha tenido, de tal forma que la ficción se nutre incansablemente de la realidad que lo rodea, de sus experiencias, de sus vivencias diarias.

Así, nos enteramos que Piura nace de la experiencia infantil del autor, y que Santa María de Nieva es sitio surrealista existente en la selva peruana. De tal forma que todo ha existido alguna vez: el desierto, la selva, la historia de los explotadores de indios, las monjas que arrancan niñas de sus familias de indios nativos, los músicos, las referencias históricas, inclusive los nombres y los tormentos que caciques usan para "meter en cintura" a los rebeldes.

Lo más interesante es que existió un prostíbulo enigmático en su juventud, pintado de verde, donde existía un trío musical, donde había personajes llamativos y novelables, donde la realidad y la irrealidad se fundían cada noche.

El autor no sólo desnuda su proceso creativo, también el origen de ser escritor. "Es muy difícil pensar en "ser un escritor" si uno ha nacido en un país donde casi nadie lee: los podres porque no saben o porque no tienen o smedios de hacerlo y los ricos porque no les da la gana. Es una sociedad así, ser escritor no es optar por una profesión, sino un acto de locura." (27) Muchos dirán, qué bueno que siguió con esta locura, porque ha regalado profundas reflexiones sobre aquello que nos hace ser humanos.

Otra cosa que Vargas Llosa hace es indicar, no sólo de las historias vividas o narradas se logran grandes argumentos, también de la obsesión de realizar notas, de realizar investigaciones que permitan una profunda documentación y, por supuesto, la necesidad de ser escritores con rutina: dedicarse algunas horas a escribir, ser disciplinados al deseo de escribir, ser constantes en la edición. Todo ello hará de cualquier persona un buen escritor, al menos un escritor.

Un texto ágil, escrito a manera de discurso, nos permite adentrarse en una gran obra latinoamericana y en el proceso creativo del ahora ganador del Premio Nobel de Literatura 2010.

jueves, 11 de noviembre de 2010

La casa verde: Personajes y espacios

Di muchas vueltas y finalmente me atreví a leer La casa verde (1965) de Mario Vargas Llosa. Y digo me atreví porque es un "portento" de novela, en cuanto a argumento, lenguaje,, narrativa, líneas temporales... un largo etcétera.

Editada varias veces, tuve en mis manos la "ediciòn definitiva", que se supone ha sido revisada exhaustivamente por el autor, por el editori y algún experto, sobre todo para cuidar la presentación del texto en su totalidad y, podría decirse, hasta ver que las tildes y guiones estén en su lugar.

Reconocida internacional como uno de los textos clave de Vargas Llosa e inclusive del Boom Latinoamericano, la novela se desarrolla en el Perú, es una especie de atemporalidad que enriquece la oportunidad de situarla en cualquier década; mientras que sus espacios permiten lo mismo. Entre sus premios, destaca el Premio de la Crítica (1966) y el Premio Internacional de Literatura Rómulo Gallegos (1967)

Domina en el texto un narrador omnisciente que, todopoderoso, va desarrollando a paso lento personajes y situaciones, y no solo eso, sino que decide quién y cuándo hablará, de tal forma que en los diálogos se combinan pares o grupos de personajes diferentes, y además, líneas temporales diferentes. Son los mismos personajes o un pequeño disparador el que permite conectar estos "vasos comunicantes".

Principalmente hay dos historias: La vida en la selva, con las explotaciones que sufren los nativos de estas regiones, las enfermedades, el deterioro humano, la situación ecológica entrevista, e inclusive, la vida de las misioneras y el hecho que invocar una misión para "adoctrinar" en la verdadera religión a las niñas nativas. La otra, la vida de un pueblo perdido en el desierto del Perú, donde sus habitantes viven entre soldados y explotadores de recursos naturales, y donde la corrupción, el compadrazgo y la mediocridad viven cada día.

¿Qué conecta estas dos historias? Un singular grupo de personajes que van dando forma a esta "novela total": soldados, políticos, caciques, aventureros, indios y selváticos, ignorantes y cultos, donde abundan los abusos físicos y psicológicos... y todos ellos se relacionan de una u otra forma en La casa verde, un afamado prostíbulo que encierra placeres y personajes aún más singulares que los anteriores.

En sí, la novela es la historia de las vidas de estos personajes, pues resulta que las dos líneas argumentas también están en tiempos y espacios diferentes... entonces la crudeza de la historia se entremezcla con un verdadero ejercicio lector.

Su lenguaje es denso, al retratar el habla de selváticos, los castellanizados, los cultos, e inclusive, del singular lenguaje que alrededor de La casa verde se da. Y es que más allá de la prostitución voluntaria o por necesidad, nos enfrentamos a una tierra desolada, donde existe un abuso físico a las personas, la explotación comercial sin medidas, la frustación ante la enfermedad o el hambre, la ínfima valoración de la mujer, el poco valor al amor o lo enredado que pueden ser las relaciones humanas.

Y es que también nos enfrentamos al papel de la Iglesia y al de la política, a la valoración de la relación personal frente a la comercial, al compromiso con la tierra propia, inclusive a temas poco agradables como el asesinato, el aborto, la lepra.

Algunas veces plenamente identificados y otras simplemente implícitas, las diveresas temáticas presentadas invitan a una segunda lectura, en especial para dar orden a este caótico universos de hechos, inferencias, diálogos, descripciones y un distintivo color verde que se distingue inclusive a gran distancia.

Lo que bien es cierto, es que Vargas llosa logra construir una serie de personajes inolvidables: Aquilino (un viejo comprometido a ayudar a un antiguo socio de negocios), la Selvática (chica arrancada de la selva -de ahí su sobrenombre- adoptada y expulsada de La misión por dejar libres a sus coterráneas), Fushía (enigmático castallanizado que buscará negocios ilícitos para sobrevivir y representa lo peor del espíritu humano), Julio Reátegui (el poderoso político y explotador), Don Anselmo (llamado "el arpista", quien aparentemente da un servicio a la comunidad con la "original" casa verde y su propio instrumento de este color) y el Padre García (singular sacerdote que conoce cosas más allá del simple secreto de confesión)... por mencionar algunos.

En fin, contento por "palomear" esta novela, invito a leerla una vez "entrenado" en lecturas que obligan un verdadero ejercicio de atención, y cuando se puede estar seguro que entrar a la casa verde no causará asombro.

martes, 26 de octubre de 2010

Enterrando el pasado

Se supone que un entierro causa dolor, y alegóricamente es el fin de una etapa. Chávez y Santajuliana toman este concepto y proponen la denominada La generación de los enterradores. En sus textos proponen una revisión a la escritura mexicana y, en el proceso, una revisión biográfica y literaria de autores mexicanos nacidos en la década de 1960. En particular, el concepto de enterradores propone que los escritores “rompen” con generaciones anteriores (padres y abuelos literarios) para construir una nueva literatura. Se “entierra” de esta forma no sólo las temáticas tradicionales –por ejemplo la revolución y lo indigenista- sino las estructuras y características lingüísticas de la época. Se transforma de esta forma el marco literario mexicano o, como bien se reflexiona, se absorbe por el sistema establecido (para bien o para mal)

Los autores de este texto tienen una historia interesante: han escrito a cuatro manos ensayos y ficción. Cada uno, por su parte, ha escrito novela o cuento, inclusive han sido acreedores a premios y reconocimientos literarios. Chávez forma parte del “Crack” una especie de movimiento con declaratoria que Estívil, Padilla, Urroz y Volpi empiezan con el laureado cuento “Variaciones sobre un tema de Faulkner” (1989) y posteriormente sellan con Palou y el mismo Chávez en el “Manifiesto del Crack” (1996); y ha escrito novela, donde destacan “El libro del silencio” (2007) y “La conspiración idiota” (2003). También más de 10 títulos de literatura infantil, sobresaliendo “Las peregrinas del fuisoysere” (2007) y “El beso más largo del mundo” (2005). En estos dos últimos géneros, ha obtenido diversos premios nacionales e internacionales. Con este contexto, a veces institucionalizado y otras rebelde con causa, Chávez Castañeda planea, critica, señala y, a diferencia de otros tantos, escribe. Pareciera que su conocimiento de la generación que comenta se fundamente, no sólo en una visión crítica sino en formar parte activa de ella.

Su mancuerna en “El final de las nubes” (2001) es Celso Santajuliana, también mexicano y escritor de vicio y oficio. Además de sus obras propias -las novelas “Historia de Lorea” (1990) y “Palabras que sueñan como si vuelves” (1993) y las colecciones de cuentos “Salón de usos múltiples” (1993)” y “Ninantla (1992) por mencionar algunas-, Celso coordina su propio laboratorio de novela, el cual “es un curso de vida. (…) teórico práctico sobre cómo encontrarnos a nosotros mismos, ya sea escarbando en nuestro interior todo lo que tenemos, ya sea buceando en nuestros profundos posos de sentimientos internos, algunos de los cuales están, incluso, encarcelados.” (Santajuliana) Celso no se ha limitado a la ficción, también ha sido ensayista e incluso entrevistador del Subcomandante Marcos.

Para llegar a donde lo hacen, Santajuliana y Chávez revisan personalmente un conjunto de obras selectas, entrevistan a los autores y se lanzan a una cruzada monumental de documentar textos publicados, ignorados por los lectores o guardados en un cajón, para dar forma a una generación que pareciera perdida entre la burocracia gubernamental y la aparente “chispa de genialidad”. Se enfatiza “aparente” porque estos críticos se toman con el hecho de enfrentarse a textos prometedores, a narradores conscientes de su oficio y de la necesidad de explorar vericuetos que atraigan a lectores –y por qué no señalarlo- a editoriales capaces de imprimirlos y distribuirlos en diversas geografías.

Y resulta, como hallazgo interesante, la existencia de autores que han librado el vaticinio de una excelente opera prima, mientras otros se han perdido en el laberinto de la burocracia creativa o la diplomacia internacional, o bien entre becas y fondos que impulsan su escritura pero los condena al anonimato. Otra cuestión interesante representa el mapa literario mexicano, donde existen –más que obras- autores que luchan por estar en la presencia de lectores y de autoridades que apoyan su creatividad. ¿Existe entonces un futuro literario? Diría que su planteamiento es más bien: hay esperanza en tener un cúmulo de obras que permitan acrecentar la reflexión humana y la originalidad emocional.

Otra identificación valiosa es su distinción de la literatura pura e impura; si bien no es el “hilo negro”, sí remarca la cuestión económica entre lo popular y lo selectivo. Dado que la primera marca la innovación literaria como singularidad, la segunda remarca que lo valioso es lo prefabricado y lo comercialmente exitoso. Esto se enfatiza, en el caso México con el festejo del Bicentenario de la Independencia y el Centenario de la Revolución: escritores consagrados como Palua y Silvia Molina han lanzado textos de esta naturaleza (“Pobre patria mía” y “El resplandor de la montaña” respectivamente) Aquí la pregunta que surge es ¿los puros se han vuelto impuros? ¿lo “nacionalista” es lo importante en este momento?

Paradójicamente, mencionan que algunos autores reseñados se pierden en las ediciones propias o poco difundidas, y su análisis presentado en dos volúmenes está fuera de circulación por parte de la editorial que los cobijó. Tal vez esto represente una de sus grandes denuncias: La literatura mexicana también es presa de la mercadotecnia, de la venta rápida y los libros digeridos para los lectores promedio.

Si bien tiene un lenguaje accesible y un ritmo propio, el libro no puede ser completamente “disfrutado” por cualquiera, hay que saber un poco de historia, de creación literaria, de las condiciones políticas y culturales de México, incluso, del Servicio Exterior Mexicano y la necesidad de expresarse libremente sin imitar a otros autores ni a fórmulas dictadas por el éxito comercial. Su metodología es básica pero necesaria, en especial para revisar lo escrito por su generación, aunque no todos sean autores reconocidos. Tal vez esto mismo es lo que lleva a los que “enterradores” sean así mismos “enterrados” en un catálogo editorial.


REFERENCIA
Chávez Castañeda, Ricardo y Celso Santajuliana. La generación de los enterradores II. Una expedición a la narrativa mexicana del tercer milenio. México: Nueva Imagen, Grupo Patria, 2003.
----- La generación de los enterradores. Una expedición a la narrativa mexicana del tercer milenio. México: Nueva Imagen, Grupo Patria, 2000.

domingo, 17 de octubre de 2010

Construyendo un edificio

Ana García Bergua es una de las narradoras más reconocidas de México. Con grandes colecciones de cuentos y narravita en diversas editoriales, sorprende con sus situaciones comunes y su lenguaje sencillo, pero fortaleciendo su habilidad como narradora.

Con Edificio, García Bergua construye un mundo propio, departamento a departamento, cuarto a cuarto, puerta a puerta. Con un lenguaje coloquial, arranca situaciones comunes para plasmarlas en sus cuentos.

Destaca en esta colección, ¿Y si no abro los ojos? una historia donde el personaje duerme, y es tal su sueño que se niega a despertar incluso cuando creen que está muerto; a manera de la técnica de corriente de conciencia, él asegura que solo descansa, pero no sucede así para el resto del edificio.

En Los coches, se presenta a un singular vecino: posee y vende automóviles de lujo. El viejo portero Aristarco cuida y lava sus automóviles, sin conocer el secreto mejor guardado que la procedencia de los autos.

La adolescencia y el miedo al sexo opuesto se conocer en La bolsa, historia de un chico que va por las "cocas", y por todas las demás cosas que se le ocureen a su madre mientras su padre festeja algo, él nunca sabrá qué, pero hay un festejo importante.

En un franco tono satírico, Bigamia cuenta la historia de un hombre y las dos mujeres que viven con él... y de pronto cómo cada una exige su propio departamento, y después comienza la ironía: una lo deja, la otra también, y el se convertirá -tal vez- es el segundo hombre de una de ellas.

Los tormentos de Aristarco, último cuento de la colección, arranca un trozo de la realidad contemporánea: Cómo el viejo portero cuida celosamente a una e las inquilinas, incluso con obsesión que raya en el amor incondicional, hasta que descubre cómo sobrevive a los días. Resulta que a través de su gatita, conoceremos la reverencia y el odio, al grado tal que decidirá encerrarla como muestra del desamor... hasta que otra sorpresa se descubra en el edificio.

Una colección que vale la pena leer, ágil, divertida, y también que invita a la reflexión más profunda que pueda existir: Todos podemos estar en el mismo edificio, y conoceremos la puerta, pero no el interior de la habitación de cada uno de nosotros...

sábado, 16 de octubre de 2010

Demasiadas vidas: Encrucijada y destino

En 2001 se publica Demasiadas vidas de Pedro Ángel Palou, una novela corta en extensión, con un lenguaje sencillo y proponiendo cómo el destino se entremezcla con la fantasía y el deseo.

Narrada en primera persona, la novela explora el misterioso regreso de Horacio, quien aparentemente buscando a su padre se encuenta con Gregor, y a un pueblo del cual había huído años atrás, donde el faro es el lugar más representativo.

Horacio comienza, a manera del Ulises, a enfrentarse al pasado y a otros personajes y lugares: Un restaurante, una plaza, inclusive su vieja casa. Su padre ha muerto, y también, Lucía. Parece que en la casa en ruinas de su padre, está el secreto de su viaje, pero sólo encuentra una foto de Lucía.

Poco a poco, entre esos abundantes diálogos, nos enteramos que su padre ha muerto, y también Gregor. Él resulta ser un extranjero, marino y poeta, a cargo del viejo faro. Ahí, Horacio resolverá cuántas vidas ha tenido y cuántas ha enfrentado. Al final ¿qué vida es realmente la de Horacio?

Explorando la tierra nativa

Ganadora del Nobel 2009, Herta Müller sorprendió a propios y extraños. Y es que su literatura se podía considerar -en gran parte del mundo- como marginada: Temáticas humanas y enclavadas en uno de los rincones olvidados, Rumanía.

Y es que en castallano, al momento de anunciarse a la ganadora, de ella había muy pocas publicaciones... y el resto del mundo también. Se puede decir entonces, que el premio le permitió a su voz propagarse y hacernos partícipes de su memoria.

En el libro En tierras bajas, Müller hace un recuento de un pueblo y sus habitantes. Con ello, se hace una exploración de las más significativas personalidades que rodean a una pequeña narradora, y otras, de una polifonía que permite conocer aquellos secretos que se guardan en cada casa.

Muchos de ellos relatos breves, nos van presentando un funeral, los ritos ligados al baño, la conformación familiar y cómo habitan en una misma casa, la música, la locura, e inclusive un simple día laboral.

Pero a la vez, en forma a veces explícita y otras implícita, se presenta la violencia familiar, la madre de familia oprimida y condenada a no salir de casa, la religión, el valor de la mujer y su menosprecio familiar, la importancia de la virgnidad, y la conformación familiar moderna de un padre con dos mujeres.

En el relato que da título a la colección, la autora rumana radica en Alemania a raíz de la dictadura comunista que imperó durante Ceauşescu, presenta esta compleja situación de violencia familiar en un pequeño pueblo y cómo va cambiando la fisonomía a raíz, precisamente, de este tipo de gobierno.

Se dice que esta colección fue censurada durante la década de 1980, por ese lenguaje sencillo y crudo con el cual retrata la violencia, la represión, y el destino opresivo que familiar y gubernamentalmente se ciñe sobre sus personajes.

Un texto a veces denso, a veces irónico, lo que sí es que asemeja a una fotografía que no nos gusta ver, pero que nos presenta esa realidad imperante en cualquier lugar del globo.