lunes, 29 de junio de 2020

Shanghai Baby: la occidentalización de China


La novela Shanghai Baby de Wei Hui (2003, Booket) se promovió como “el libro prohibido en China”… y con rotundo éxito.

El texto plantea una de las ciudades que mayor transformación hacia lo occidental ha tenido en el territorio chino a partir de la apertura comercial en la década de 1990: Shanghai. Privilegiada por su ubicación geográfica, con una amplia salida al mar, su catalogación como zona económica especial relevó a sus habitantes las ventajas de una economía libre (pero controlada)

Esto trajo no solo una enorme cantidad de extranjeros hacia la ciudad, la comercialización desquiciante y el crecimiento de la propia ciudad, sino los vicios y las “malas costumbres”: la droga, el alcohol, el sexo, la socialización desmedida… el contrasta generacional se volvió enorme y la sensación de búsqueda y de perdida de una cierta generación, apareció aquí.

La protagonista Cocó, como la famosa diseñadora francesa, tiene publicada una novela y algunos cuentos, goza de cierta fama y tiene lo que puede desear cualquier mujer moderna: un apartamento, libertad para andar por la ciudad, un ingreso más o menos estable, vive con su novio… pero aquí comienza “lo prohibido”: el novio es impotente y ella, se puede decir, es amante del sexo.

Las descripciones de sus deseos y sus satisfacciones rompen con tabús en China (y claro, con mucho de la literatura escrita por mujeres), y no solo eso, sino la vivencia de sus amantes y encuentros también se nutren.

El novio, Tiantián, es un sensible y talentoso ilustrador, abandonado por su madre que viaja España –no regresa y solo le dice que su padre ha muerto, enviándole las cenizas- sabe de su dolencia y no limita a Cocó… su refugio son sus herramientas de dibujo y las drogas.

La pareja se mueve en el ambiente cultural de la ciudad, lo que permite conocer a un abanico de personajes cuyos excesos y vivencias sin límite, también forman parte de este universo “pervertido”, propio de la contaminación de occidente.

La novela va a ritmo lento pero preciso, con un amplio conocimiento de la cultura popular mundial, y con epígrafes en cada inicio de capítulo, diálogos abundantes y un toque de lo místico y espiritual propio del lejano oriente.

En el argumento, Cocó intenta escribir una nueva novela (y toda la descripción del mundo literario en ese país es muy interesante) y con ello es capaz de estar días completos en bata, satisfaciéndose y avanzando todo lo más posible en la historia por contar. Mark, un alemán que queda prendido de ella en una fiesta, será el triángulo amoroso que detone la adicción de Tiantián y el regreso imprevisto de la mamá de éste.

Narrada en primera persona, la novela se convierte en una muestra de los excesos y los límites que puede vivir la nueva generación de chinos ante ciertas libertades –o libertinajes- de occidente, y en cierta medida la nostalgia por una forma de ser que no regresará, y que posiblemente no quieren muchos que así sea.

Se vuelve un texto divertido, honesto, franco, sin filtros a veces, con una sinceridad que, seguramente, es lo que hace un texto atractivo. Posiblemente en la tradición de El amante de Lady Chatterley o Trópico de Cáncer, la novela busca simplemente narrar las vivencias y las sensaciones, con un marco cultural e histórico que la hacen una pieza valiosa por conocer.

Para vivir de otra manera las consecuencias de esta apertura comercial en el país asiático y cómo los jóvenes, no importa dónde vivan, buscarán siempre expresarse sin limitaciones.

lunes, 15 de junio de 2020

A la sombra del árbol violeta: Imágenes de esperanza desde la guerra


Si algo me ha permitido la cuarentena es leer algunos libros que por una u otra razón yacían ordenados alfabéticamente en el libro de casa. La necesidad de recorrer otras visiones del mundo me llevó a tomar este. Lo escogió mi esposa en una visita a la librería y estuvo guardado un par de años. El descubrimiento fue fantástico, hacía mucho que un libro de un autor que no he leído me atrapaba de tal forma.

Y es que A la sombra del árbol violeta (2014, Salamandra) de Sahar Delijani nos permite conocer la vida cotidiana de un país que se debate entre la revolución pacífica y la transformación religiosa extrema.

Ubicada en Irán entre 1983 y 2011 en diferentes ciudades (y eventualmente países) los 6 fragmentos que conforman el texto nos permiten vivir el ir y venir de la esperanza, la persecución, la fidelidad, el amor.

Un texto de la autora iraní, debut narrativo, que nos deleita con diversas postales: la imagen de un árbol, un atardecer, la decoración de una sala, el desierto, la noche llena de estrellas… todo es un pretexto para reafirmar que hay belleza y hay esperanza en medio de la guerra y la desolación.

Los personajes, que poco a poco descubrimos cómo conviven cual vasos comunicantes, están enmarcados en la más profunda realidad: seres que se saben perseguidos, que violan las normas fundamentalistas, que quieren amar sin barreras, que deben comportarse de una forma en casa y de otra afuera de ella, que quieren gritar y denunciar pero a la vez guardar silencio y ser prudentes, personas capaces de odiar pero también de dar la vida por otro.

Ya sea en la prisión de los presos políticos, en la casa donde se ha nacido, en el desierto para huir de los bombardeos, o en los rincones donde los amantes se escoden de la guardia islámica, todos irán a vivir con miedo y sin saber qué les depara el futuro, pero también con ese dejo de esperanza que nos hace ser humanos.

Hermanos, padres, amantes, abuelos, hijos, esposas, todos han perdido o buscan a alguien: al pariente encarcelado, a los amigos que huyen con visados a otros países, e incluso, a personas leales al régimen para conseguir ver a los suyos o lograr escapar de una aparente guerra civil interminable.
Pensar diferente está mal, abandonar a los tuyos también, dejar tu casa es impensable… hasta que te orillan a ello.

Cada historia se centra en un personaje, y vamos conociendo lo que los gobiernos nos capaces de hacer, pero también los prisioneros o los abuelos, las parejas o los hijos… algunos guardan la esperanza y luchan a su manera por un cambio; otros lo han perdido todo y saben que una palabra o una mirada puede hacer que desaparezcan.

A veces exiliarse es obligatorio, otras es la única opción para vivir en libertad. Pero vivir en otras tierras trae nostalgia: no puede haber los mismos alimentos, ni las mismas costumbres, tampoco los momentos cotidianos que te hacen reír, llorar, dormir en tranquilidad.

La autora Delijani mantiene un ritmo interesante entre las 6 historias: unas cortas, otras más largas, plagadas de diálogos precisos y descripciones que, precisamente, nos hacen buscar cada árbol violeta que funciona como detonador de un recuerdo, de una anécdota, e una esperanza.

En la narrativa conocemos muchas palabras y costumbres del país, el valor de los musulmanes ante la familia o el extranjero, el profundo respeto que guardan por la vida y por Dios, y sobre todo, el lado más humano de personas que viven con un gobierno que se empeña en que guarden silencio o que se alineen a una creencia fundamentalista.

Lo cierto, conocemos ese otro lado de Irán y de sus habitantes, quienes día a día buscarán esos pequeños grandes detalles que les permiten seguir viviendo y creen en Dios. Y tampoco se trata de hacer una crítica desleal a un régimen, ni de enaltecer lo terrible de una guerra civil; la autora logra un balance entre conocer hechos históricos y conocer a sus personajes que buscan presentar una historia, a veces sencilla, a veces dramática, otras llenas de amor y de conflictos en casa; de nuevo, el simple valor de lo cotidiano.

Una esperanza en medio de lo negativo, una novela que vale la pena leer y disfrutar. Lo lírico también es novela y se demuestra en cada página.

lunes, 1 de junio de 2020

El año de Saeko: entre la fidelidad y la ética reproductiva


A Kyoichi Katayama lo conocí por la popular Un grupo de amor desde el centro del mundo (http://literaturaexperienciaviva.blogspot.com/2010/04/un-grito-de-amor.html), que lo catapultó a la fama internacional y se ganó el corazón de millones de lectores.

Así que naturalmente al encontrar otro título del autor había que leerlo; tiene poco editado en español, así que hay que buscar en una oportunidad.

El año de Saeko (2011, Alfaguara) comienza con una pareja de moderna, Shun’ichi que es un programador informático con buen ingreso y Saeko, responsable meticulosa de la reposición y el mantenimiento de tres máquinas expendedoras que están en las afueras de su departamento.


La cotidianeidad de la pareja ronda en paseos ocasionales, comidas esporádicas por fuera, las vecinas y sus pláticas –especialmente de una que ha dado mucho de qué hablar al buscar a su marido en todas horas y en todos los lugares posibles en un frenético arranque de celos- mientras transcurren los días. Ellos prefieren estar en casa y platicar, disfrutar su departamento.

La historia va ritmo lento, adentrándose en el carácter de cada uno de ellos, de sus aspiraciones y deseos, pero también de sus miedos, y de los familiares que viviendo lejos o cerca tienen influencia entre ellos.

Espirituales, rodeamos de la filosofía casi mítica que se vive en el Japón, con creencias firmes en la comida o en las reacciones, se va tejiendo una historia llena de momentos humanos, de cosas tan cotidianas que un día cualquiera podría estar en cualquier edificio, en cualquier departamento, en cualquier pareja.


La historia tiene un giro cuando nos enteramos que Saeko está embarazada. Aunque ella y su esposo han decidido no tener familia, incluso ha sido uno de los motivos por los cuales están juntos. Él viene de otro matrimonio y ella de disfrutar su soledad. Los niños traen responsabilidades y cambios que parecieran no dispuestos a afrontar.

La razón del embarazo y la transformación no solo física sino mental de la protagonista constituyen el verdadero trasfondo de la novela ¿a qué estamos dispuestos por solidaridad o por ayudar a un familiar? ¿qué es lo legal o lo moralmente permitido en un embarazo? ¿quién cubre los gastos y qué otro tipo de compensación se necesita? ¿cómo puede cambiar una pareja ante un embarazo? ¿y el contexto cómo afecta de una u otra manera?

Éstas y otras preguntas se contestan durante la novela, que termina siendo una reflexión ética sobre los embarazos y la propia vida que hemos construido en esta modernidad que vivimos.

Sin afán moralizante, los personajes de la novela tienen amplios diálogos, que nos permiten conocer su sentir, su visión de la modernidad y la situación que están viviendo. A qué le tenemos miedo y qué decidimos enfrentar serán otras preguntas otros temas que complementan la novela.

Con un narrador omnisciente que deja que los personajes hablen, Katayama retrata de manera acertada los conflictos de las parejas contemporáneas y los límites que estamos dispuestos a poner y a vivir día a día.

Personajes bien definidos, un ritmo lento pero atractivo, imágenes cotidianas y poéticas, complementan este texto que vale la pena leer. 

lunes, 18 de mayo de 2020

Mira si yo te querré: entre las arenas y el amor

Después de varios años de estar en el estante finalmente tuve tiempo de leer Mira si yo te querré (2008, Punto de Lectura) del escritor español Luis Leante, ganador del Premio Alfaguara de Novela 2007.

Lo que arranca con un bolero de antaño de convierte en una historia apasionante de amor
 y de búsqueda, de autodescubriento y de aprendizaje.

Hay dos grandes historias en la novela: una doctora cansada de todo se voluntaría en tierras lejanas de Argelia y una fotografía le recuerda a una persona que amó en su juventud. Conocer qué ha sucedido detrás de la fotografía y cómo se comportan las mujeres de esa zona, hace que salga hacia el desierto, es secuestrada y comienza una aventura sin igual.

En paralelo, conocemos a una chica de Barcelona en plena época franquista, donde el recato y las buenas costumbres reinan en los hogares. Un día, al ir a la escuela, conoce a un joven que la aborda en un autodescapotado. Al día siguiente también se encuentran. Poco a poco el coqueteo llevará a escaparse de clase, recorrer la región en comidas al aire libre y bailes en los barrios donde una señorita no debería estar.

La doctora conoce a una mujer musulmana, su enfermera, quien terminará siendo su guía en la región que quiere conocer y en la cultura que no entiende pero que va descubriendo como una rica valoración familiar, de costumbres, de hospitalidad, de amor al prójimo.

Montse, la chica de Barcelona, despierta en los brazos de la pasión al grado de quedar embarazada. Hasta que descubre al amor de su vida con otra mujer. Una guarda silencio y el otro decide ir a la Legión Extranjera en el territorio español que un día será Argelia, junto a las dunas inhóspitas del Sahara. Ahí, Santiago retomará sus dotes sociales para relacionarse con los locales, seres musulmanes que viven en otras barrancas y cuyas costumbres muchos ignoran, pero que su propio pasado lo obliga a conocer.

En su viaje por el Sahara, la doctora se reencontrará a sí misma, a medida que otras mujeres le enseñan el valor de la risa, de la melancolía, de la entrega, de la familia, y de una religión que encierra un profundo amor por Dios y por el otro.

Santiago terminará preso en medio del ajetreo político, donde los españoles van perdiendo fuerza y los locales, motivados por un líder poderoso, incita a la revolución. Una invasión del extranjero será el aderezo para detonar que pueda o no escapar de la cárcel y ayudar a la causa que realmente cree valiosa.

En un singular rezo en el desierto presenta y pasado se conjuntarán, la búsqueda llegará a un final, y la novela nos permitirá casi todas las arenas que envuelven a los personajes.

Un excelente ritmo narrativo la hacen una apasionante historia, una novela con tintes históricos y un misterio por resolver ¿Santiago realmente murió o es esa persona que Montse cree estar retratado en la fotografía?

Nos ensaña un poco de la religión y las costumbres del norte africano, a medida que la solidaridad y las causas nobles se enredan con el amor. También el dolor de una pérdida, una pareja o un hijo, mientras la guerra o las buenas costumbres impiden llorar o sufrir plenamente.

Diálogos precisos, descripciones adecuadas y personajes llenos de humanidad nos permiten adentrarnos en ese canción que habla de todo lo que uno es capaz de hacer por amor, en otras palabras, Mira si yo te querré

lunes, 4 de mayo de 2020

Nuestro mundo muerto: de Bolivia hacia el futuro


Una interesante colección de cuentos desde Bolivia es Liliana Colanzi, con la antología de cuentos Nuestro mundo muerto (2016, Almadía)

Los ocho cuentos que conforman la antología nos permite reconstruir un mundo en crisis, a manera apocalíptica y ante nosotros mismos como seres humanos.

Con un lenguaje franco, abierto, juvenil, la autora va construyendo diversos mundos. Entre lo grotesco y lo sexual, Colanzi va retratando momentos llenos de humanismo con un toque de fantasía sobre el apocalipsis o el fin de muestro mundo.


En El ojo, una chica y su controladora madre conviven todos los días, siendo la prudencia ante el otro sexo lo que controla vida… hasta que un encuentro sexual en un cine detonará el encuentro ante el Enemigo y la razón de existir de la chica.

Alfredito pareciera la historia de una ciudad o pueblo cualquiera, donde un día la narradora –una niña de unos 10, 12 años- mientras su nana la peina escucha que ha muerto un compañero de la escuela, Alfredito. Esto detonará una serie de reflexiones y, por qué no decirlo, de diálogos familiares y de amigos entorno a la muerta y a las posibilidades del más allá, donde el niño muerto será el centro.

En La Ola, se entreteje una historia de males y casi magia. Extraños sucesos cada cierto número de años, provocando pleitos y riñas familiares, enfrentamientos de pareja, discusiones inesperadas, incluso vergüenzas. La narradora, que va desde adulta a niña y de niña a adulta narra cómo corría a esconderse a la cama de sus padres para evitar la ola y sus efectos. Un día, confiesa que su padre es un asesino y cómo se ha transformado hasta olvidar quién es, eso la motiva a huir. En un taxi, un diálogo con un taxista provocará un giro inesperado en su propia vida, descubriendo la fuerza de la magia o de los maleficios. ¿Su vida es así por “la Ola”?

Meteorito comienza con la historia de un meteoro que termina estrellado con la Tierra, mientras una familia ve cambios inexplicables en ellos mismos, mientras las bolas de fuego y los efectos del cometa llevarán a un viaje sin retorno.

Caníbal –a mi gusto el mejor cuento de la antología, narra la vida de dos jóvenes que llegan a París. En la ciudad se ha detectado a un caníbal que ataca al azar y la ciudad está atemorizada. Lo que parece ser una pareja común amándose en la ciudad luz, resulta ser Vanessa y el narrador-protagonista, quien nos devela quién es su pareja y su trabajo. Ella sale a trabajar y mientras espera, la persecución del caníbal se intensifica, y poco a poco él mismo también comienza a preguntarse quién es Vanessa y qué hace. Lo importante es que le ha permitido viajar y disfrutar, no importa el precio. Y en realidad sí importará.

Chaco arranca con una disertación sobre el valor o la implicación de cada palabra, como solía decir el abuelo del narrador-protagonista. Él nos dirá que su abuelo vivía alcoholizado, al grado que su mamá y ella lo iban a buscar al bar de costumbre. Su madre tartamudea, y la narración nos recrea onomatopéyicamente esta situación, hasta que el protagonista decide huir. Se encuentra con un camionero que le dará un aventón a costo de un favor sexual, él accederá y lo que comienza como algo asqueroso termina siendo placentero, como la oportunidad de vivir con su salvador.

El cuento Nuestro mundo muerto, que da nombre a esta antología, es un relato fraccionado, lleno de diálogos y reflexiones frente a la humanidad que ya habita en otro planeta. La “Lotería Marciana” habría la posibilidad de viajar a un nuevo futuro, mientras el mundo terrestre continuaba muriendo. La posibilidad de generar nueva vida en otro planea será tan deseable como la protagonista quien también hará lo necesario para generar su propia nueva vida.

Cuento con pájaro nos acerca a las anotaciones de un diario, el de una mujer recién divorciada que busca nuevos horizontes en un pueblo lejano. La presencia de los nativos, con ese despectivo indio que se deja ver en otros de los cuentos, le da un toque de misticismo al lugar. Alejados de las grandes ciudad, con pocas noticias y lujos, la protagonista va conociendo a los diversos habitantes y vecinos de casa su tía, mientras recuerda al mejor aliado de la mujer moderna, el rivotril… Entre las expediciones y las vivencias en la hacienda los días comunes parecieran tornarse de locura y un viejo tic tac se impone…

Con estas historias, la autora logra crear mundos extraños que entre la magia y la ciencia ficción hablan de la decadencia humana y lo frágil de nuestras propias decisiones.

A ciencia cierta, nuestro futuro yace en nosotros mismos, o en otro planeta…

Una antología interesante para conocer a nueva voz narrativa, con la nota de que el lector se enfrentará a situaciones incómodas tanto en lo sexual como en el lenguaje, de manera tan real como la vida diaria de este mundo que parece estarse muriendo…

lunes, 20 de abril de 2020

Indio borrado: otra visión de nuestra realidad


He tenido oportunidad de leer y convivir con Luis Felipe Lomelí y además de excelente persona, un gran escritor. Su estilo de textos cortos, lenguaje sencillo arrancado de la realidad, historias sin esteotipos, y personajes destacados.

En este espacio hemos comentado las antologías de cuentos: Todos Santos de California (http://literaturaexperienciaviva.blogspot.com/2014/10/todos-santos-de-california-antologia.html) y Ella sigue de viaje (http://literaturaexperienciaviva.blogspot.com/2010/07/entre-el-relato-y-los-viajes.html) y su estilo queda vivo en la novela Indio Borrado (2014, TusQuets Editores)

En esta ocasión la historia se ubica en una tradicional colonia de Monterrey, tradicional por sus características físicas encima del cerro y su peculiar grupo de habitantes: zona de personas que conviven con la violencia y la tragedia todos días. Las bandas, el narcotráfico, el robo, la violencia familiar, todo ello en el barrio. Que a veces parece no tener salida. “Y nos dicen: Somos Monterrey. La ciudad que arde, la Sultana. Somos los madrugadores, los que se levantan temprano, para el jale. Solo la cultura del trabajo y del esfuerzo… Somos el coraje. Somos los hombres porque está es tierra de hombres.” (103) Pero no todo es positivo, están estos rincones que la autoridad quiere ignorar, muchos más ni mirar.

Un personaje en particular protagoniza la historia, el Güero, miembro de una banda que de una u otra forma quiere salir de este círculo. Comienza a trabajar en la obra, a pesar de las distancias, de la poca paga, de las ampollas en sus manos, de su vestimenta pobre. Pero quiere aprender. Comienza a hacer sueños, a ganarse la confianza, a vivir al día.

El narrador omnisciente que a veces deja hablar al Güero nos deja conocer otros personajes: los integrantes de la banda, la chica que coquetea, el maestro de la obra, los enemigos de otra banda, y un par de hermanos que viven una pequeña tragedia: con necesidad de comer van a trabajar a una esquina, alguien les ofrece vender juguetes que otro roban y ellos tienen que pagar la deuda…

Con este choque de realidad la vida deja de ser sencilla para ellos. Para nadie en el barro. Dejar de pertenecer a una banda tiene su precio… a veces monetario, otras con algo que se ama, otras con la vida. Pero la lealtad es el idioma de esta zona, a toda costa. Y cuando la banda pide un favor, hay que cumplirlo. “Matar –le dicen sus fantasmas-. Matamos al oso y al venado, a la serpiente, matamos para proteger a nuestros hijos y darles su alimento, con el puño limpio, con el mazo y con la lanza.” (139)

Pero no solo ellos deben matar. También el policía y el soldado. Cualquier que pueda hacer daño y que tenga un arma estará dispuesto a hacerlo. En el campo de batalla, en la zona de guerra, en el barrio. “Matar –le dicen sus fantasmas-. Matamos al prófugo y al criminal, al incivilizado, al que no entiende de razones ni de leyes y atenta contra el Estado. Matar. Matarlos morros, antes de que crezcan, en capullo y dormiditos…” (140)

La violencia que vive el Güero no solo está en la calle, también en la casa. Vive con su madre, que aguanta los golpes, el menosprecio, el maltrato. Ve en su hijo a una esperanza y un apoyo, pero no quiere dejar a ese hombre que le ha dado mucho. Tiene un ecotaxi que le permite trabajar de noche, así que de día todo es silencio en casa. Con más ganas trabaja.

Y quiere ganar dinero para comprar una herramienta, invitar a esa chica coqueta que le gusta. Pero no para que su papá se lo robé. De eso también tiene que cuidarse.

La narración va entretejiendo las vivencias del Güero, las profundas reflexiones del narrador, una visión de esta tierra regiomontana que tanto da, pero también tanto quita. Que depende del trabajo de muchos pero ignora a otros tantos. “Porque podemos. Porque somos chingones, rayados, tigres, sultanes. Porque podemos. Somos Monterrey porque podemos. Y ésta es tierra de gigantes.” (104)

Pero no todo es desesperanza. Los deseos de superación, buscar oportunidades, encontrar aquello que nos puede hacer felices, también es algo positivo. “La risa –le dice uno de los fantasmas-, la risa es lo único que nos salva.” (56)

Alguien tiene que reinar en este barrio, a veces por gusto, a veces por necesidad. El Güero tendrá que tomar la decisión final. Sus enemigos también lo saben. En medio de esta violencia, la narración plantea diversos “si hubiera…” lo que abre un abanico de posibilidades, de futuros, de deseos sobre lo que pase a los personajes.

Un excelente texto que retrata una ciudad pujante, un barrio lleno de posibilidades, unos personajes que buscan salir o romper aquello que los apremia. Para conocer una realidad que está a la vuelta de la calle y hacernos reflexionar sobre qué estamos haciendo, y qué dejamos que otros hagan. Conocer el estilo del autor es solo una parte, disfrutar esta narración que raya en lo lírico, otra.

lunes, 13 de abril de 2020

Antígona González: una visión de nuestro presente


Antígona ha sido una obra clásica reinterpretada una y otra vez. Ya sea en la tradicional Grecia, en el Alemania Nazi o en el corazón de la dictadura militar en Argentina, la búsqueda de honor a un hermano ha sido motivo de reinterpretación.

En esta ocasión, Sara Uribe rompe las barreras de los géneros literarios para traer una obra magnífica, Antígona González (2019), que precisamente presenta una nueva visión de la obra de Sófocles.

En la tragedia original se cuenta la historia de dos hermanos que al estar en bandos opuestos de matan. Uno es partidario del rey (tío de éstos) y el otro lo acusa de tiranía, el primero es enterrado con todos los honores y el otro, dejado a su suerte por mandato real. Las hermanas de los héroes caídos viven en Tebas, mientras Ismene decide aceptar el trágico destino, la otra hermana, Antígona quiere complacer a los dioses y enterar debidamente a su hermano, aunque esto lo enfrente al rey. Así comienza una lucha de poder y convicciones, de enfrentamiento entre la ley divina y la humana, de humildad y osadía, todo reunido en torno a la familia y a la figura del rey.

Uribe retoma el conflicto de Sófocles para situarlo en algún lugar del país: una hermana busca el cuerpo de su hermano, que ha desparecido –al parecer- por vínculos con el crimen organizado, o por un secuestro, o por una venganza, o simplemente por el gusto de alguien… lo cierto es que su hermano desparecido ha traído en su hermana Antígona González la necesidad de salir a pesar de los peligros y emprender su búsqueda. “Donde antes tú ahora el vacío. Nadie llamó para pedir rescate o amedrentarnos. Nadie dijo una sola palabra: como si quisieran deshacerte aún más en el silencio.” (19)

Encuentra en el camino falta de ayuda oficial, nada de cooperación de posibles testigos, silencio en todos los rincones. “No querían decirme nada. Tadeo no aparece. No querían decirme nada. Un vaso resbalando de una mano húmeda. El nudo y la náusea. El nudo, pequeñas gotas de sangre fresca sobre los mosaicos.” (16)

Solo escucha voces igual a la suya: otras personas buscando a su padre, su pareja, su hijo, su esposa, su hermano… En este mundo solo hay temor, desesperanza, desolación, ausencia. “Pero ¿cómo no voy a buscar a mi hermano? Díganmelo ustedes. ¿Cómo no voy a exigir su cuerpo siquiera para enterrarlo? ¿Cómo voy a dormir tranquila pensando en que puede estar en un barranco, en un solar baldío, en una brecha?” (23)

Para mucho, incluyendo Antígona, pareciera que lo único es la resignación y el olvido. Las autoridades lo hacen, por qué ella, ellos, no. “Rezo para que tu cuerpo ausente no quede impune. Para que no quede anónimo.” (28)

Escrita a manera de viñetas, la obra está hecha para un montaje, una lectura en atril, combinando diálogos o voces narrativas, mientras la lírica de sus frases asemeja a la poesía, combinada con testimonios arrancados de la realidad de una noticia o de un reportaje, mientras continúa la anécdota inicial a manera de novela.

Lo cotidiano, así como lo trascendental, se fusionan en cada página de esta obra. “Sé que nunca te gustó que no desayunara, pero desde que ya no estás no hay nadie que me regañe por no hacerlo.” (51)

La intertextualidad también se hace presente. Como mencionamos, en una noticia, en un reportaje, en un testimonio recopilado por la autora. “Vine a San Fernando a buscar a mi hermano. / Vine a San Fernando a buscar a mi padre. / Vine a San Fernando a buscar a mi marido. / Vine a San Fernando s buscar a mi hijo. / Vine con los demás por los cuerpos de los nuestros.” (64) La realidad y la ficción se combinan, se fusionan.

Uribe nos orilla a retomar la tragedia original, a identificar su vigencia. “Yo supe que vería una ciudad situada. / Supe que Tamaulipas era Tebas / y Creonte este silencio amordazándolo todo.” (65) Efectivamente, en la obra no hay un rey presente que amenaza a Antígona si viola su ley. Pero al menos está presente. En esta realidad no hay rey, no hay ley, no hay autoridad.

Con un lenguaje llano, que nace de las personas comunes. Con frases o párrafos cortos, con escasos diálogos, pero con una polifonía que ensordece. Y en todo, la ausencia, el dolor. “¿Qué cosa es el cuerpo cuando alguien lo desprovee de nombre, de historia, de apellido?” (68)

Destaca el letimotiv de los vasos, algunas veces llenos, algunas veces vacíos, otras rotos o hechos añicos. ¿La vida, el cuerpo? Su representación puede ser múltiple, y todas certeras.

El texto también combina preguntas y respuestas, retóricas, sobre los desparecidos, sobre lo que ya no está. Lamentablemente, no todas las preguntas tienen respuesta.

Sin duda una obra para reflexionar, una visión arrancada de la realidad que ha generado el crimen y la violencia en nuestro país.

La edición de Cooperativa Editorial y sur+  se acompaña de una serie de notas y referencias que permiten ver esta texto no como una ficción, sino como una realidad llena de voces y de una apremiante invitación final al lector: “¿Me ayudarías a levantar el cadáver?” (101) En la tragedia original Ismene se niega hasta prácticamente alcanzar la locura ¿nosotros haríamos lo mismo?